22/8/09

LA ORDEN DE SAN ANTONIO ABAD



Los Hermanos Hospitalarios de San Antonio, también conocidos como Orden de San Antonio o Antonianos, fueron una congregación católica romana fundada hacia 1095, con el propósito de cuidar de aquellos que sufrían la enfermedad medieval, por entonces muy común, del Fuego de San Antón.

La congregación fue fundada hacia 1095 por Gastón de Valloire, un noble del Delfinado (en el Reino de Arlés, uno de los tres reinos del Sacro Imperio Romano Germánico), y por su hijo Girondo, en agradecimiento por la cura milagrosa de este último, pues padecía de Fuego de San Antón y fue sanado gracias a las reliquias de San Antón.

Gastón de Valloire viendo peligrar la vida de su vástago, Girondo de Valloire, hizo voto de ofrecer sus personas y bienes a san Antonio si por su intercesión restituía la salud a Girondo. Padre e hijo aceptaron tal voto y al día siguiente el enfermo comenzó a mejorar. Esa misma noche, Gastón tuvo un sueño en el que San Antonio le decía que había curado a su hijo gracias a la petición que había hecho a Dios.

Por tanto, solicitaba que los bienes ofrecidos se emplearan en socorrer a los afectados por el fuego sagrado. Mientras hablaba el santo ermitaño, Gastón pensaba si su hacienda alcanzaría para todos los enfermos y pobres como acudirían de las provincias afectadas. Fue entonces cuando san Antonio le ofreció su báculo en forma de la letra griega «tau» y le mandó que lo hincase en la tierra. Obedeció el noble los santos designios y vio cómo crecía súbitamente un gran árbol cuyas ramas se esparcían en todas direcciones, produciendo gran abundancia de flores y frutos, bajo los cuales se veían muchos pobres sin pies ni manos que, en presencia de tan gloriosa sombra, se recreaban y consolaban. Ante la atónita mirada de Gastón, san Antonio procedió a explicarle tal visión:

“Advierte que tú has de plantar un árbol en el tronco de la piedad y en la raíz de la caridad, y este árbol extenderá sus ramas muy largamente y de sus frutos se sustentarán los pobres”.
La congregación religiosa formada por laicos fue confirmada por el papa Urbano II en el año 1095. Las reliquias se custodiaban en la Iglesia de San Antonio de la villa de La Mota. Dicha iglesia era la iglesia conventual de un priorato benedictino cuyos monjes se ocupaban del santuario. Gastón y su comunidad, que en principio estaba formada por laicos, erigieron un hospital cerca, donde cuidaban de los peregrinos que visitaban el santuario de la Iglesia de San Antonio y de los enfermos, particularmente de aquellos afligidos por el Fuego de San Antón, que fue una enfermedad muy común en la Edad Media, particularmente entre los pobres, por el consumo de cereales contaminados con cornezuelo y la falta de higiene corporal. Las relaciones con los benedictinos residentes en el priorato, sin embargo, no fueron buenas y los conflictos entre ambas comunidades eran frecuentes.

Primero fueron laicos y, más de ciento veinte años después de su fundación, recibieron la sanción en 1218 como orden monástica por bula del papa Honorio III. En 1248 adoptaron la Regla de San Agustín y se constituyeron, ya como religiosos, en canónigos regulares (esto es, seguidores estrictos de la regla: vivir juntos en comunidad y tomar los votos de castidad, pobreza y obediencia) en 1297 por bula del papa Bonifacio VIII. En este tiempo, el conflicto que había crecido entre los antonianos y los benedictinos responsables de las reliquias, alcanzó un punto de ruptura. El papa le puso fin despidiendo a los benedictinos de la abadía y dando la custodia de las reliquias a los Hermanos Hospitalarios de San Antonio.

Debido al éxito de la comunidad, posteriormente se abrieron más hospitales en el Reino de Arlés como los de Gap (Altos Alpes), Chambéry (Saboya) y Besanzón (Franco Condado), y después en Francia, España, Italia, Flandes y Alemania. La congregación creció aún más durante el siglo XIV, durante el cual los Hermanos Hospitalarios también cuidaron de los que sufrían de peste negra, y en su cénit, en el siglo XV, poseyó cerca de 370 hospitales y encomiendas con más de 10.000 monjes. La congregación también tuvo entre sus miembros a un número de eruditos y de prelados distinguidos. Entre sus privilegios estaba el de cuidar de los enfermos de la casa del Papa.

Las actividades caritativas y curativas de la Orden antoniana atrajeron regalos abundantes y donaciones, pero sus rentas disminuyeron perceptiblemente después de la Reforma protestante, y más particularmente una vez que finalmente se realizó la conexión entre el Fuego de San Antón y el cornezuelo de centeno, y la incidencia de la enfermedad entre la población bajó abruptamente. En 1616 se ordenó una reforma de la Orden y fue realizada parcialmente. En 1777 la congregación, enormemente reducida,[] fue canónicamente unida a la Orden de Malta. En Francia, solo un número minúsculo de casas-hospital permaneció abierto después, y los remanentes de la orden fueron finalmente suprimidos durante la Revolución francesa y en los años siguientes. En el Sacro Imperio Romano Germánico las últimas 33 casas-hospital alemanas fueron unidas a la Orden de Malta por el decreto papal de 1777 y perdieron sus últimos monasterios en el periodo de Mediatización y Secularización del Sacro Imperio Romano Germánico de 1803.

La historia de los antonianos en España está directamente relacionada con el Camino de Santiago, pues Castrogeriz, pueblo emblemático del Camino a su paso por la provincia de Burgos, fue el lugar elegido para establecer el primer convento español. Fundado en 1146, bajo el patrocinio de Alfonso VII de Castilla, se transformó en la casa madre de la orden en España y en la Encomienda de Castilla. El convento, hoy en ruinas, disponía de un espléndido santuario y de un hospital donde los peregrinos encontraban alivio a las muchas dolencias ocasionadas por la dureza propia del Camino, pues la orden antoniana fue creada con fines hospitalarios, si bien su especialización estaba en la curación del “fuego sagrado”. Los Hermanos Hospitalarios de San Antonio tuvieron desde el siglo XII en Castilla y desde el siglo XIII en el Reino de Navarra dos grandes encomiendas generales (o provincias) para todos los reinos de la península. El obispo de Tortosa a principios del siglo XIV difundió la devoción por San Antonio Abad en tierras valencianas. En España, la Orden fue extinguida a petición del rey Carlos III por un breve pontificio del papa Pío VI, publicado en 1791, repartiéndose sus bienes y rentas entre hospitales, iglesias locales y ayuntamientos, que estaban encargados de seguir con el servicio prestado por la Orden de atención a los enfermos.

La orden de los antonianos se ha especializado desde el principio en la atención y cuidado de enfermos con dolencias contagiosas: peste, lepra, sarna, venéreas y sobre todo el ergotismo, llamado también fuego de San Antón o fuego sacro o culebrilla. Se establecieron en varios puntos del Camino de Santiago, a las afueras de las ciudades, donde atendían a los peregrinos afectados. Durante la Edad Media además tenían la costumbre de dejar sus cerdos sueltos por las calles para que la gente les alimentara. Su carne se destinaba a los hospitales o se vendía para recaudar dinero para la atención de los enfermos.

El hábito de la orden es una túnica de sayal con capuchón y llevan siempre una cruz de color azul en el pecho en forma de tau, también conocida como Cruz de San Antón.

Ver también:

SAN ANTONIO ABAD


San Antonio o Antón Abad (251-356, Egipto) fue un monje cristiano, fundador del movimiento eremítico. El relato de su vida, transmitido principalmente por la obra de San Atanasio, presenta la figura de un hombre que crece en santidad y lo convierte en modelo de cristianos. Tiene elementos históricos y otros de carácter legendario; se sabe que abandonó sus bienes para llevar una existencia de ermitaño y que atendía varias comunidades monacales en Egipto, permaneciendo eremita. Se dice que alcanzó los 105 años de edad.

San Antonio nació en el pueblo de Comas, cerca de Heraclea, en el Alto Egipto. Se cuenta que alrededor de los veinte años de edad vendió todas sus posesiones, entregó el dinero a los pobres y se retiró a vivir en una comunidad local haciendo ascética, durmiendo en un sepulcro vacío. Luego pasó muchos años ayudando a otros ermitaños a dirigir su vida espiritual en el desierto, más tarde se fue internando mucho más en el desierto, para vivir en absoluta soledad.

De acuerdo a los relatos de San Atanasio y de San Jerónimo, popularizados en el libro de vidas de santos La leyenda dorada que compiló el dominico genovés Santiago de la Vorágine en el siglo XIII, Antonio fue reiteradamente tentado por el demonio en el desierto. La tentación de san Antonio se volvió un tema favorito de la iconografía cristiana, representado por numerosos pintores de fuste como El Bosco, Cézanne o Dalí.

Su fama de hombre santo y austero atrajo a numerosos discípulos, a los que organizó en un grupo de ermitaños junto a Pispir y otro en Arsínoe. Por ello, se le considera el fundador de la tradición monacal cristiana. Sin embargo, y pese al atractivo que su carisma ejercía, nunca optó por la vida en comunidad y se retiró al monte Colzim, cerca del Mar Rojo como ermitaño. Abandonó su retiro en 311 para visitar Alejandría y predicar contra el arrianismo. Fue uno de los Padres del Desierto, que tras en el siglo IV tras la paz constantiniana abandonaron las ciudades del Imperio Romano (y otras regiones vecinas) para ir a vivir en las soledades de los desiertos de Siria y Egipto. Tales padres y madres buscaban lo que en griego se ha llamado hésykia, es decir una paz interior para posibilitar la re-unión o "unión mística" con Dios.

Jerónimo de Estridón, en su vida de Pablo el Simple, un famoso decano de los anacoretas de Tebaida, cuenta que San Antonio fue a visitarlo en su edad madura y lo dirigió en la vida monástica; el cuervo que, según la leyenda, alimentaba diariamente a Pablo entregándole una hogaza de pan, dio la bienvenida a San Antonio suministrando dos hogazas. A la muerte de Pablo, Antonio lo enterró con la ayuda de dos leones y otros animales; de ahí su patronato sobre los sepultureros y los animales.

Se cuenta también que en una ocasión se le acercó una jabalina con sus jabatos (que estaban ciegos), en actitud de súplica. Antonio curó la ceguera de los animales y desde entonces la madre no se separó de él y le defendió de cualquier alimaña que se acercara. Pero con el tiempo y por la idea de que el cerdo era un animal impuro se hizo costumbre de representarlo dominando la impureza y por esto le colocaban un cerdo domado a los pies, porque era vencedor de la impureza. Además, en la Edad Media para mantener los hospitales soltaban los animales y para que la gente no se los apropiara los pusieron bajo el patrocinio del famoso San Antonio, por lo que corría su fama. En la teología el colocar los animales junto a la figura de un cristiano era decir que esa persona había entrado en la vida bienaventurada, esto es, en el cielo, puesto que dominaba la creación.

Se afirma que Antonio vivió hasta los 105 años, y que dio orden de que sus restos reposasen a su muerte en una tumba anónima. Sin embargo, alrededor de 561 sus reliquias fueron llevadas a Alejandría, donde fueron veneradas hasta alrededor del siglo XII, cuando fueron trasladadas a Constantinopla. La Orden de los Caballeros del Hospital de San Antonio, conocidos como Hospitalarios, fundada por esas fechas, se puso bajo su advocación. La iconografía lo refleja, representando con frecuencia a San Antonio con el hábito negro de los Hospitalarios y la tau o la cruz egipcia que vino a ser el emblema como era conocido.

Tras la caída de Constantinopla, las reliquias de Antonio fueron llevadas a la provincia francesa del Delfinado, a una abadía que años después se hizo célebre bajo el nombre de Saint-Antoine-en-Viennois. En esta ciudad se funa en 1095 la Orden de San Antonio Abad o Antonianos con el propósito de cuidar de aquellos que sufrían la enfermedad medieval, por entonces muy común, del Fuego de San Antón.

Su fiesta se estableció el 17 de enero tras el traslado de sus reliquias al Delfinado.

Artículos relacionados:
-Ermita de San Antonio Abad. Devociones de Estepa. 2009

ERMITA DE SAN ANTONIO ABAD

Es en el Memorial Ostipense de Aguilar y Cano y fechado en 1886, donde encontramos una de las pocas referencias a este lugar. La ermita de San Antonio Abad aparece como una de las ya extinguidas de nuestra localidad, junto a la de San Juan o la del Cristo de la Sangre, entre otras. El autor nos cuenta lo siguiente:

“A la fundación de San Antonio Abad se dio principio el año de 1730 y por varios incidentes no se concluyó hasta el de 1747, Se debe la erección de dicha ermita a don Antonio Fernández, presbítero, don Miguel de Santerbáez y don Pablo de Traba, los cuales se propusieron que los pobres pudieran sin rubor cumplir con el precepto de la misa. Dio licencia don Manuel Centurión, marqués de Estepa, y franqueó a los fundadores toda la tierra que les acomodara hasta el Llano de Contero. Un comisionado de valdíos y realengos redujo esa donación a un pequeño huerto contiguo a la ermita. Don Antonio Fernández, primer fundador, dejó pensionado un vínculo, que fundó, con una misa rezada todos los domingos y días festivos, una cantada el día del Patrocinio de Nuestra Señora y otra el día de San Antonio Abad. Don Miguel de Santerbáez, que también fundó otro vínculo, dejó por heredero, a falta de sucesor, a San Antonio Abad, con la pensión de una misa diaria.

No sabemos desde cuando se instalaron en aquel sitio los ermitaños que algunas personas que aún viven llegaron a conocer. Uno de esos ermitaños solía morar en la casería del Trapero, que perteneció a esa fundación.

Privada la ermita de sus bienes, comenzó bien pronto a arruinarse, pudiendo asegurar que hace sesenta o setenta y cinco años quedó inhábil para el culto. En el día no necesitamos decir a los vecinos de este pueblo que sólo queda la memoria de la ermita que hubo donde hoy el abrevadero que conserva su nombre.

De los informes que hemos podido adquirir resulta que San Antonio Abad era una pequeña iglesia con tres altares y retablos; uno dedicado al santo titular, otro a San Pablo y el del centro a la Virgen del Valle. Hoy se conservan la primera y la última en los Remedios y la segunda en Santa María.

Delante del santuario había un pórtico de piedra, el mismo que fue trasladado y colocado en la puerta de Santa María.

Dos días célebres hubo anualmente en esta ermita: el de San Antonio Abad, en que acudían con sus caballos enjaezados las personas más distinguidas, y el de San Miguel en que se hacía una velada.

Como pasó el templo, pasaron aquellas costumbres”


La fundación de la Ermita de San Antonio Abad data de 1730 y se debe a don Antonio Miguel Fernández, presbítero, y don Miguel de Santalbáez. Concede licencia y sitio para la ermita el marqués de Estepa, don Manuel Centurión. El 25 de abril de 1730 el maestro alarife Nicolás Morales y su oficial Jerónimo Díaz inician las obras, pero se suspenden poco después por ser nombrado Antonio M. Fernández cura de Miragenil. Mientras tanto, Santalbáez encarga en Antequera a José de Medina la imagen de San Antonio Abad, depositándose temporalmente en la parroquia de San Sebastián. En 1746 se les une don Pablo de Traba y reúnen dinero suficiente de limosnas para continuar con la obra, terminándose poco después la sacristía.




Se desconoce el motivo de la dedicación de esta ermita a San Antonio Abad pero podría ser por la devoción de los fundadores al santo al encomendarse en alguna enfermedad. Por otro lado, la ermita se levanta en un terreno que estaba dedicado al cultivo y a la ganadería, cerca de un arroyo y manantial, siendo San Antonio Abad protector de los animales y ofreciendo a los ganaderos y agricultores la posibilidad de rezar en una ermita cercana, teniendo en cuenta la lejanía con las ermitas e iglesias del pueblo.

El 26 de mayo de 1747 se traslada la imagen de San Antonio Abad desde la parroquia de San Sebastián en solemne procesión y se coloca provisionalmente en la sacristía. Continuando las obras se le hace venir al hermano Juan del desierto de San Pablo para que cuidase del culto y del aseo del santuario en hábito de ermitaño.

En 1748 comienzan a agregarse más hermanos ermitaños. Los fundadores temen que los padres conocidos como de la religión de San Antón reclamen la ermita y sus bienes para su orden por estar dedicada a San Antonio Abad. Por eso, mandan hacer una imagen de la Virgen a José de Medina dándole la advocación de Ntra. Sra. del Valle y nombrándola la titular del santuario. Al mismo tiempo, Pablo de Traba le encarga a don Benito de Hita y Castillo, de Sevilla, una imagen de San Pablo Ermitaño para colocarla en un altar frontero a San Antonio Abad. En 1752 se concluyen las obras en la ermita y se colocan las imágenes en sus altares llevándolas en procesión desde la Iglesia de la Asunción.

En 1766 don Antonio Fernández, fundador de la ermita, hace entrega de ella a los hermanos que entonces habitaban en ella. En 1768 el hermano Zacarías, encargado del santuario, termina el pórtico, claustro, coro, habitaciones para los hermanos, huerta y cerca de ella; construye cocina, refectorio, cuartos, despensas, caballerizas, pajar y dos patios; adquiere bienes inmuebles como la casería del Trapero y alumbra un manantial de agua que existía en aquel sitio.

En 1780, con la licencia del vicario, se coloca un Vía crucis formado por sillares de piedra y con los pasos en azulejo desde la salida del pueblo hasta la ermita. En tiempos de Aguilar y Cano se conservaban en lo alto del cerro, y hoy en día todavía se pueden ver algunos de estos sillares en el cerro.

En 1788 se escribe un manuscrito ‘Libro del Origen y prinzipio que tubo la fundación de la hermita de el G. S. Antonio Abad de la Villa de Estepa. Costeado por el hermano Antonio Sacarías de San Felipe de Neri, hermano actual de este Santuario. Año de 1788’, conservado en la parroquia de Sta. María.

Dos días célebres había en la ermita: el de San Antonio Abad, acudiendo en romería las personas más distinguidas hasta la ermita, y el de San Miguel, en que se hacía una velada.

Pronto la ermita y su fundación empieza a arruinarse por perder todos sus bienes. Sobre 1830 queda inhábil para el culto, trasladándose después de arruinarse el pórtico de entrada a la parroquia de Santa María, actualmente desaparecido. Las imágenes de San Antonio Abad y la Virgen del Valle fueron trasladadas a la Iglesia de los Remedios mientras que San Pablo Ermitaño fue llevado a la parroquia de Sta. María. La imagen de San Antonio Abad ocupó el retablo que estaba dedicado al Stmo. Cristo de la Vera-Cruz, titular de la Ermita de la Vera-Cruz y antiguo titular de la Hermandad de Ntra. Sra. de los Remedios. Este crucificado fue trasladado entonces a las escaleras del camarín de Ntra. Sra. de los Remedios.


También se piensa que el antiguo retablo de la Sagrada Familia y hoy de la Virgen del Valle de la Iglesia de los Remedios pudo ser el retablo que presidiera la Ermita de San Antonio Abad ya que fue adaptado en el siglo XIX a la capilla dejándole hueco a los ventanales. El retablo, de banco y un cuerpo de tres calles con estípites, es de la segunda mitad del siglo XVIII, momento en el que está en auge la Ermita de San Antonio Abad y se construye la mayor parte de la residencia de los hermanos ermitaños.

Hoy en día en el lugar que estaba la iglesia sólo se conserva un abrevadero que se conoce con el nombre de la antigua ermita, San Antonio Abad. Este lugar es uno de los más olvidados de Estepa, encontrándose en la carretera de El Rubio, y su estado de conservación nos hace pensar que si las autoridades no lo protegen y recuperan la zona posiblemente lo hayamos perdido completamente en pocos años.


Libros y artículos consultados:
-La Ermita de San Antonio Abad de Estepa. Jordán Fernández, JA. Ed. La Serranía. 2011
-Memorial Ostipense, Aguilar y Cano, A. 1886. Anel, Granada, 1975
-Las órdenes religiosas en Estepa. Devociones de Estepa. 2015
-San Antonio Abad. Devociones de Estepa. 2009
-La Orden de San Antonio Abad. Devociones de Estepa. 2009
-La Orden de San Antonio Abad y Estepa. Devociones de Estepa. 2009
-Via Crucis a la ermita de San Antonio Abad. Devociones de Estepa. 2009
-La devoción a la Virgen del Valle en Estepa. Devociones de Estepa. 2019
-La Virgen del Valle, de José de Medina. Devociones de Estepa. 2019
-San Pablo Ermitaño, una obra de Benito de Hita y Castillo. Devociones de Estepa. 2019
-Antigua velada de San Miguel. Devociones de Estepa. 2017

18/8/09

COSTALEROS PARA LA PATRONA


La Hermandad de Ntra. Sra. de la Asunción, Patrona de Estepa, continúa con los estrenos y el resurgir de sus cultos. Desde hace varios años destaca la preparación, decoración y montaje de sus cultos; además es la primera Hermandad de Gloria de Estepa que tiene página web y el año pasado estrenaron un nuevo templete de plata para la Señora, esperando la restauración de su valioso y antiguo templete por especialistas. Para la salida procesional del 2009 han cambiado las andas por un paso de costaleros, siendo la primera Hermandad de Gloria que realiza este cambio, y el resultado que pudimos comprobar el pasado 15 de Agosto fue realmente positivo. De esta forma continúa la implantación de los costaleros en nuestras hermandades que se inició en 1949 con el paso del Stmo. Cristo Amarrado a la Columna de Paz y Caridad.
-Bendición paso de costaleros de Ntra. Sra. de la Asunción:

14/8/09

JESUS NAZARENO EN LA PORTADA DE LA REVISTA DE FERIA 2009

La Revista de Feria de Agosto de 2009 ha dedicado su portada a la conmemoración del 250 aniversario de la realización de la imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno por el escultor vallisoletano Luis Salvador Carmona. Desde el 2005 la edición de la portada de la Revista de Feria ha sido dedicada, en lugar del tradicional cartel anunciador de la feria, a un acontecimiento destacado en la ciudad o a una fotografía antigua de la feria de Estepa. Así en 2006 correspondía a la restauración de la Iglesia de San Sebastián y en 2007 a la restauración de la Iglesia de Santa María. En 2009 la portada ha sido dedicada a Ntro. Padre Jesús Nazareno, que cumple 250 años en el corazón de los estepeños.

LA LEYENDA DEL CAUTIVO



Escrito de mi autoría, inspirado en una vieja leyenda popular estepeña, a la que se hace alusión en la página 354 del Memorial Ostipense de don Antonio Aguilar y Cano.
......

Aún siendo joven, partí a caballo de la villa de Estepa el día primero de junio del año 1674, para dirigirme a Ronda y de allí hasta Algeciras, en cuyo puerto embarqué con rumbo a las tierras del Islam, en procura de lances y aventuras, y si se terciaba, hacerme con algo de fortuna.

Para tal empresa, bien armado iba yo de hierros y pistoletes, pues ciertamente sabía que mi vida habría de depender de la buena o mala defensa que della hiciera, con los pertrechos que llevaba. Y así, me hice a la mar.

Habiendo alcanzado las costas de Argel, la nao fondeó en una oculta bahía que creímos tranquila, pero al poco de llegar a ella, más nos pareció nido de ratas que por doquier salían para caer sobre nosotros, sus presas; pues confiados, creyéndonos a salvo desembarcamos en bateles. Mas fue poner las botas en tierra, cuando una legión de malvados saqueadores y gentes renegadas del peor vivir, tomáronnos presos tras una corta, pero sangrienta lucha cuerpo a cuerpo.

Mis pistolas de chispas iban bien cargadas y prestas; disparé con ellas con tan buen tino, que a dos de aquellos mandé a mejor vida. Mas como no había tiempo de volver a cargar y apretar pólvora, munición y taco con la baqueta, arrojé los pistoletes a uno dellos, y abríle grande brecha en la testa. Cual centella, eché manos a la espada para vender cara la pelleja. Éramos diez los españoles que desembarcamos del batel; ellos, más de un ciento en derredor de nosotros, y para nuestra desventura, pronto caímos cautivos de moros en Argel, siendo allí mesmo cargados de férreos cepos, grillos y cadenas.

Por no alongar en demasía el romance de lo acontecido, aquí he de relatar breve, que los que salimos salvos fuimos vendidos en un mercado de esclavos que hay en la ciudad de El-Jazair. Yo tuve, no sé si la buena estrella o el infortunio de ser comprado por Najm al-Dîn, un mercader árabe que adquiría acá, y vendía acullá preciados géneros, tanto a los nómadas del desierto, como a los poderosos sultanes y jeques de los más ricos palacios de Oriente, a quienes ofrecía alfombras de los zocos de Persia; finas telas y delicadas sedas de Damasco; cerámicas y armas de Bagdad; preciados perfumes y esencias de Trípoli; ricas joyas de Egipto… y mil cosas más.

Y merced a tanto viajar por multitud de lugares, en los varios años que viví cautivo del moro que fue mi amo, pude visitar y conocer muchas hermosas ciudades, que con sus hechizos enajenan los sentidos y embriagan el alma de los viajeros más intrépidos que tienen la suerte de conocer sus encantos, y la osadía y destreza que es menester tener para no sucumbir en las rutas de las caravanas, colmadas de los grandes peligros que acechan igual en frescos oasis, que tras las ardientes dunas de los desiertos.

En muchas ocasiones, mientras el comerciante árabe inclinado recitaba cinco veces al día las suras del Corán ofreciéndoselas a Alá, yo desde tan lejanas tierras recordaba a la Virgen de la Asunción, y al tiempo que él hacía sus flexiones, arrodillabame rezándole a la Patrona de Estepa para que un día no lejano, encauzara mis pasos por los ansiados caminos de la libertad, que devolviéranme hasta mi villa querida.

Y así -aunque mis plegarias no fueron nunca del agrado del moro-, pasaron varios años de rezos y peticiones a la Virgen, siempre de rodillas yo, al tiempo que mi amo Najm al-Dîn oraba tocando con su frente las arenas de los lejanos desiertos, orientado hacia la Ka’bah en la Meca.

Sentía abatimiento en el cuerpo y nostalgia en el alma. Quería, deseaba más que nada ser rescatado y retornar a mi tierra estepeña junto a mis padres y deudos.

A veces, el hombre cruel al que pertenecía mi vida, sabía de mis anhelos de libertad, y por ello vigilaba astutamente mis pasos; aunque empresa de locos fuera, acometer la huída sin saber adónde irían a parar mis huesos, ni qué caminos tomar para volver a mi villa en el reino de España. Hallábame perdido y a su merced.

Cierto día estando dentro de la jaima acampados al amparo de la bonanza de un oasis, mi corazón y el pensamiento estaban ausentes. Por aquellos días, se acercaban las fechas en las que en Estepa cada año el día quince de agosto, se celebraban las solemnes fiestas y honras en honor a la Virgen de la Asunción, en las que había alegres danzas al son de las chirimías, luminarias en el castillo, colgaduras en las calles y gran concurso de gentes venidas de los alrededores de la villa.

En mi desconsolado llanto por no poder ver a la Patrona, clamaba para que ella intercediera por mi pronta liberación, y hasta pensé en la huída desesperada.

-“¡Ay, Señora de la Asunción, dame la libertad!” -imploraba con grandes pesares-.

El moro amo de mi destino, cual infiel despiadado parecía alegrarse de mi abatimiento, y mofándose al saber que al día siguiente era la festividad de la Virgen a la que suplicaba por mi rescate, ideó lo siguiente, y me dijo:

-“¡Como hoy es catorce de agosto, mañana amanecerá día de tu Virgen!” “¡Pues que te lleve tu Patrona!” -gruñó irreverente-.

Y por la noche, encerróme en fuerte cofre o arcón donde guardaba sus más preciadas mercaderías; diole dos vueltas a la llave, y además, corrió grueso cerrojo. Y para mayor certidumbre de que no escaparía, con almohadones preparóse lecho donde dormir, y acostóse encima de la tapa del baúl, carcajeando muy seguro que de allí no habría de salir, y menos, sacarme mi virgen.

A la mañana siguiente, por las rendijas del arca vislumbré la luz del día al tiempo que el moro despertose con gran sobresalto y asombro. El que hasta entonces era mi amo, lleno de confusión abrió la tapa que me enclaustraba, y con los ojos desencajados por el pánico, preguntóme gritando:

-¿En qué lugar desconocido estamos, y qué son estos repiques de campanas que sólo se escuchan en tierras de cristianos?

Al salir de mi encierro miré en derredor mío, y lleno de alborozo, contestéle:

-“¡Estamos en Estepa, y aquélla que suena, es la campana de la ermita de la Asunción!”


Lágrimas vi salir de sus incrédulos ojos y correr por sus mejillas. Convirtiose el moro en cristiano merced a lo que había visto ocurrir, y en la ermita dejó él su arca donde me encerrara, y yo las cadenas y los grillos que matuvieronme cautivo.

Y allí se conservaron por muchísimos años, para contemplación de los fieles.

La calle donde aparecimos, estaba en el solar que después ocupó un palacio que se edificó al lado de la ermita, y en memoria del extraño suceso llamóse desde entonces, calle “del Cautivo”.

.........

En la actualidad, muy cerca del lugar, aún existe la calle “Cautivo”.

¿Vendrá dado su origen de la vieja evocación de tal leyenda?


Escrito por Antonio Rodríguez Crujera
Blog Desde la alcazaba

LOS MILAGROS DE NTRA. SRA. DE LA ASUNCIÓN


Son numerosos los milagros que se le atribuyen a la Patrona de Estepa, Ntra. Sra. de la Asunción, y así se puede comprobar en las tablillas y exvotos que decoraran las escaleras de acceso al camarín de la Señora en su iglesia de la calle Castillejos. En el Memorial Ostipense, Antonio Aguilar y Cano nos cuenta algunos de los milagros que se le atribuyen:

“No podían faltar las piadosas tradiciones de milagros. Las personas de alguna edad refieren varios que antes se testimoniaban con tablillas alusivas a ellos colgadas en el templo. Refiérese que un sujeto, albañil de oficio, que trabajaba en un tejado frontero a la Asunción, cayó desde lo alto sin hacerse daño alguno por haberse encomendado a la Santa Patrona; dícese de otro que limpiaba profundísimo pozo, cuando se descolgó del brocal una piedra de grandes dimensiones, y como la sintiera venir chocando con las paredes, encongióse lleno de sobresalto y poniendo su confianza en la Virgen, que le libró de segura muerte; cuéntase que en ocasión de estar en la sala alta del hospital haciendo ejercicio los milicianos nacionales, se hundió el techo bajo sus pies, cayendo revueltos al piso bajo sin que resultara ninguna desgracia; y, por último, dase por hecho verídico que hallándose un vecino de Estepa cautivo de moros en Argel, lloraba el 14 de agosto por no poder ver a su Santa y querida patrona, en el día siguiente, que era el de su festividad; notólo en moro, su amo; preguntóle la causa de su disgusto y confiósela el cautivo; entonces, le dijo: “Pues que te lleve tu patrona”. A la noche metióle en fuerte cofre que cerró con llave, y para mayor seguridad costóse encima de él. ¡Cuál no sería su asombro al despertar en lugar desconocido y al oír ruido de campanas, sólo acostumbrado en lugares de cristianos! Abre presuroso el arca; saca el cautivo y lleno de confusión le pregunta qué ruido es el que se oye; y entonces el cristiano le dice lleno de alborozo que están en Estepa y que aquella que suena es la campana de la Asunción. Convirtióse, dicen, el moro, y hasta hace poco se conservó en la ermita el arca y las cadenas del cautivo. La calle en que aparecieron, ocupada hoy por la casa del señor marqués de Cerverales, llamóse en memoria del suceso, del Cautivo, y este mismo lleva hoy otra próxima.”
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13/8/09

LA CONSERJERÍA DE CULTURA ADQUIERE EL MANUSCRITO DEL PADRE BARCO

La Junta adquiere dos manuscritos de los siglos XVII y XVIII de gran interés para la historia de Sevilla

La Consejería de Cultura ha adquirido dos documentos manuscritos de gran interés para el conocimiento de la historia de la provincia de Sevilla, que se incorporan a los importantes fondos del Archivo Histórico Provincial de la ciudad y en donde se pondrán consultar en breve por todos los interesados. Esta adquisición se enmarca dentro de la labor de recuperación del patrimonio documental andaluz disperso emprendida por la Junta, con el objetivo de la reunión y conservación de los mismos en archivos públicos de la comunidad autónoma.

El primero de los documentos es un manuscrito original que lleva por título ‘La antigua Ostippo y actual Estepa: copia puntual de varias lápidas y otros vestigios romanos de la antigua Ostippo y apuntaciones de otras noticias de los otros tiempos medio y último que pueden servir para una historia completa de dicha villa’, obra de fray Alejandro del Barco García, un religioso andaluz del siglo XVIII.

El Memorial Ostipense de Antonio Aguilar y Cano, de 1886, cita este manuscrito de fray Alejandro del Barco como fuente fundamental e indica que éste se conservaba en poder del cura de la iglesia de San Sebastián de la localidad de Estepa, aunque también señala la existencia de copias del manuscrito en manos de particulares. Este manuscrito adquirido por la Consejería de Cultura podría ser posiblemente el conservado por el párroco citado o una de las copias realizadas al mismo.

El segundo documento adquirido por la Dirección General del Libro y del Patrimonio Bibliográfico y Documental es también un manuscrito original, obra de José Maldonado Dávila y Saavedra, titulado ‘Tratado verdadero del Motín que huvo en la ciudad de Sevilla este año de 1652’. El texto trata un hecho histórico de gran relevancia, como son los levantamientos populares que acontecieron en la segunda mitad del XVII en muchas ciudades españolas como consecuencia de la crisis económica que se padecía en todo el país.

Este manuscrito original de José Maldonado Dávila y Saavedra, erudito sevillano del XVII, acompañaba a una carta fechada el 7 de mayo de de Narciso Hergueta, capitán de altar de la Capilla Real, dirigida al duque de T’Serclaes, junto a unas notas anónimas sobre las revueltas populares sevillanas, de tono humorístico, y una publicación impresa narrando de nuevo el hecho histórico de 1652.

Los dos manuscritos y la pequeña obra impresa permiten analizar el interés que a lo largo de los años ha suscitado este hecho de la historia de Sevilla entre los historiadores y cómo han ido cambiando las interpretaciones de un mismo suceso, desde un simple levantamiento popular, como aparece en los Anales Eclesiásticos de Ortiz de Zúñiga, a considerarse el primer movimiento masónico conocido en España, como se cita en la carta de 1900, o como reflejará Antonio Domínguez Ortiz, un motín a causa del hambre y la crisis económica.

Fuente: Arte Sacro

11/8/09

¡SANTA MARÍA DE LA ASUNCIÓN; VÁLEME, SEÑORA!


Al tomar el rey Fernando III mi hermosa villa de Estepa, ordenó bendecir la mezquita como templo cristiano bajo el nombre de Santa María la Mayor.

El monarca mandó dejar una imagen de la Virgen que representa la Asunción de Nuestra Señora, y desde aquél mismo día quince de agosto, la tradición dice que fue tenida por Patrona y valedora de la fortaleza y de todos sus moradores. Desde entonces han transcurrido más de tres siglos de vida e historia, pues a la presente, cuando esto escribo y lo doy a la luz y al conocimiento, corre el año del señor 1571, y hállome viejo del cuerpo y enfermo del espíritu, por las muchas llagas que en forma de penalidades sufrió mi alma; y casi tullido por las heridas que en demasía tienen mis huesos y carnes, hechas todas en las numerosas campañas y guerras en que luché, siempre en favor de la defensa de las fronteras y territorios en los que reinaba nuestro señor el emperador don Carlos V de Alemania, también monarca de Castilla y de toda la España y las Indias.

Ahora narraré que cuando yo era joven, hace más de cuarenta años -en 1529-, los piratas berberiscos de los litorales norteños de África, no cejaban en su empeño de abordar naves cristianas y atacar con sus bastimentos las costas del viejo Mare Nostrum -desde oriente a occidente-, para perpetrar sus razias y saqueos en busca de riquezas y esclavos que llevarse de los puertos más principales del reino de España: Cartagena, Málaga, Valencia, Barcelona y las ínsulas Baleares.

Por ello, una escuadra compuesta por varias naos de guerra, fue mandada zarpar al Mediterráneo para vigilar y dar alcance y castigo a los barcos que cometían tales incursiones y fechorías. Yo era uno de los muchos soldados que tripulábamos aquellos navíos de la flota de galeras, bajo el pendón y servicio del reino de España. Mi nombre es Rodrigo Fernández de la Puente.

................................Una mañana navegando por el Mediterráneo entre las ciudades de Cartagena y Orán, en la costa africana, en lontananza divisamos dos buques beréberes que andaban al acecho para abordar la primera embarcación que apareciera por aquellas aguas. La nao capitana de la escuadra real española, encaró la proa rumbo a los navíos enemigos, y tras ella el resto de la flota.

Los corsarios iban comandados por uno de los capitanes de un sanguinario pirata africano: el cristiano renegado llamado Jair ed-Din; conocido como “Barbarroja”
Al avistarnos y advertir que eran perseguidos, con grande priesa y agilidad desplegaron las velas, y a todo trapo, pusieron proa hacia tierras del Magreb en un intento de escapar del fuego artillero de las bombardas y cañones españoles, y fueron a resguardarse en la costa de Argel; seguro bastión y refugio del tal “Barbarroja”.

Llegaron, desembarcaron y se ocultaron desapareciendo de nuestra vista, escondiéndose bajo la arena y entre la vegetación de la playa. La flota española quedóse fondeada y nosotros desembarcamos también a bordo de bateles de remos, dirigiéndonos a la costa para darles persecución y castigo. Pero allí nos estaban esperando. Nada más bajar de nuestras barcas y pisar la playa, los piratas árabes comenzaron a salir de debajo de la arena pareciendo más bien que emergían de la tierra y brotaban de entre los matojos. Aquello fue un infierno donde se hizo preciso luchar cuerpo a cuerpo para mantener a raya a tanto enemigo enardecido y rabioso.

Cuando acometiendo yo corría al lado de otros compañeros de armas, de la maleza surgió uno de aquellos demonios que enristrando su lanza, vino a clavarla en mi costado derecho atravesándolo de lado a lado rompiendo una de mis costillas al entrar, y otra más, al salir la pica por mi espalda, llegando a dañarme las entrañas que sirven para respirar.

En el fragor de la lucha nos dimos cuenta que de ser perseguidores, nos habíamos convertido en perseguidos y víctimas de una terrible emboscada, al acudir al lugar gran número de berberiscos que en tierra aguardaban para socorrer a los que huían. Por lo que los soldados que no habían sido heridos, volvieron a tomar los bateles para remar cuanto podían, dirigiéndose a los galeones que quedaron anclados a cierta distancia de la costa.

Los que fuimos víctimas de sus lanzas y alfanjes, quedamos allí maltrechos y desamparados yaciendo sobre la fina arena amarilla de la playa, derramando abundantes ríos de sangre por las heridas, pareciéndonos que con ella se nos iba también la misma vida. El dolor que sufría era tan insoportable, que casi perdí mis sentidos. Y en viéndome fenecer allí tan lejos de mi Estepa, no tuve otro pensamiento más que poner mi ánima en buena disposición de ser recibida por Nuestro Señor.

Mas cuando las fuerzas me dejaban, la vista hacíame ver nubloso y desvanecido, y los oídos apenas percibían ya sonido alguno, tan sólo tuve impulsos para implorar un último socorro a mi Patrona:

-¡Santa María de la Asunción! ¡Váleme, Señora! –Exclamé desesperado-.
Estas fueron las únicas palabras que pudieron salir de mi garganta cuasi sin ímpetus, y al pronunciarlas, íbanse desvaneciendo de mi ser los sentidos que rigen las mientes, y las fuerzas abandonaban todo mi cuerpo. En aquél lugar creí llegada mi hora última, cuando súbita y misteriosamente apareció allí y acercóse caminando hacia mí una bella mujer de mediana edad, que por sus ropas parecía ser árabe. Envolvía su cuerpo un vestido blanco, y sobre la cabeza descansaba un manto azul claro que cubriendo su oscuro cabello, descendíale hasta los pies.
La mujer arrodillóse a mi lado sobre la arena mojada de la playa, y con sus blancas manos alzó mi cabeza incorporándome un poco mientras me reconfortaba con su dulce voz diciendo:
-“No sufras más, Rodrigo, duerme y descansa”.

Esas fueron las postreras palabras que escuché y los últimos ojos que vi, pues los sentidos abandonábanme apresurados creyendo yo que mi existencia llegaba a su fin, y el alma alzaba el vuelo al encuentro y amparo del Hacedor.

Al ver que los botes españoles zarpaban adentrándose en la mar, levando anclas y soltando trapo las naos poniendo agua de por medio, los piratas berberiscos tornaron a la playa y llevaronse cautivos a los heridos, para pedir por ellos un rescate cuando bien hubieran sanado las llagas de sus descalabrados cuerpos. Yo fui uno de aquellos que recogieron del suelo arenoso sin muchas esperanzas de poder recuperar la salud, merced a las graves heridas que había en mi costado y espalda. Pero mis compañeros de prisión velaron por mí durante los varios meses que permanecí ausente de este mundo; inconsciente con escalofríos y calenturas. Mas con las pócimas y medicinas que los moros me daban, así fui recobrando poco a poco las fuerzas perdidas, hasta sanar, para luego exigir por mí el abultado rescate que en monedas de oro y plata habría de pagar mi familia.

Tras casi un lustro de cautiverio en las lóbregas mazmorras de Argel, el rey, los alcaides de nuestros castillos y villas, y las familias, lograron reunir las riquezas que como botín, reclamaban aquellos bandidos por nuestra vida y libertad. En una fragata de la corona de Castilla que vino a nuestro rescate y liberación, zarpamos de las costas de Berbería hacia el puerto de Málaga, donde llegamos con bien. Con mis deudos que allí esperaban, en caballerías regresamos a casa tomando el tortuoso camino de los montes de Málaga que nos llevaría a Antequera, para desde allí, encauzar nuestra marcha hacia la cercana villa de Estepa, donde como he dicho, nací. Nada más llegar a ella y traspasar las puertas de sus murallas, mis pasos se encaminaron hasta la iglesia-fortaleza de Santa María la Mayor, para dar gracias por mi recuperación y regreso.

Al entrar en el templo, una grande emoción conmovió mi alma al ver a la Patrona de la villa sobre su pedestal de reina, colocada en uno de los retablos del oratorio. Mientras más me acercaba a Ella, mayor era mi admiración al verla tan radiante con su vestido blanco y su manto azulado.
Las lágrimas no me dejaban distinguir con claridad su rostro, pero tuve gran estremecimiento al sentir la extraña sensación de haber visto antes y en otro lugar, la cara de aquella imagen de mujer. Y de rodillas me aproximé y miré sus hermosos ojos. Entonces, a mis sentidos volvieron involuntariamente aquellas palabras de auxilio: ¡”Santa María de la Asunción! ¡Váleme, Señora”!
Derramando lágrimas por la turbación, incliné mi cabeza para besarle los pies, y a la sazón, cuán grande sería mi asombro, que llegó al límite de lo más grandioso al descubrir que sus pies, los pliegues bajos de su vestido blanco y el manto azulado, estaban mojados y manchados de fina y húmeda arena amarilla. En aquel momento, y en lo más hondo de mi ser, resonaron las suaves palabras que un lejano día oí en tierras moriscas, cuando hallábame cuasi hundido en las sombras de la muerte: -”No sufras más, Rodrigo, duerme y descansa”.

Entonces lo entendí todo. Aunque nadie jamás pudo ni supo explicar con buen tino el misterio de la extraña aparición de aquella húmeda arena que manchaba sus pies y vestidos: pero yo sí lo supe, desde el mismo instante de mirarla a los ojos; mas nunca hasta ahora lo dije.

Escrito por Antonio Rodríguez Crujera
Ilustración Freddy Cabello
Revista de Feria de Estepa, Agosto 2008

MÁGICO HECHIZO


Mi nombre es Abdel Rahmân, que quiere decir, “Sirviente del Misericordioso”.

Me siento poeta al que gusta componer bellos romances y loas, y además, soy trovador que se deleita acompañando sus versos con el sonar de las cuerdas de la citara, al compás de armoniosos acordes.

Nací en el seno de una familia que desde muchas generaciones atrás, ha vivido en la pequeña pero preciosa medina de Istabba, fronteriza con el reino cristiano, y edificada al amparo de su alcanzaba con el auxilio que le brindan las recias torres y murallas de la fortificación, que la defiende en la cumbre de un gallardo Cerro, situado entre sierras y campiñas, en un privilegiado lugar de mi hermosa Al-Andalus.

Ese día, era el miércoles veinticuatro del caluroso mes de Muhárram, del año 638 de la Hégira del Profeta Mahoma; (en el calendario cristiano, el miércoles día 15 de agosto de 1240).

Las tropas cristianas mantenían su asedio cercando el castillo, y desde hacía tiempo, habían establecido el real de su campamento en el lugar llamado “La Coracha”, en la parte oriental de la fortaleza, por donde ésta es más inexpugnable y difícil de conquistar por lo abrupto del terreno. Allí hallábase la fuente adonde en tiempos de paz, tras salir por un portillo abierto en el muro, bajábamos a recoger el agua para el consumo de las personas –entre seis y ocho mil hombres de guarnición-, animales y casas de la medina; mas ahora es imposible hacerlo por el cerco cristiano, y los aljibes están ya casi secos, así como vacíos los odres y las tinajas de aceite, y sin grano los silos del cereal. Pasamos muchas pecuarias y grandes calores además del hambre y la sed por la falta de reservas.

En mi casa tenemos un patio con una pequeña almunia, que cuando había abundancia de agua, en las tardes primaverales y del estío, allí gozaba al escribir mis versos de amor bajo la fresca sombra que generosos me brindan los naranjos, limoneros y parras, donde también me gusta componer alabanzas a todo lo bello, oyendo el rumor que el agua susurra cuando a chorros sale inquieta y saltarina por los surtidores de la pétrea fuente, emitiendo notas y sonidos que parecen musicales, mezclándose con los gorjeos de ruiseñores, palomas y otros pajarillos que hasta allí vienes a chapotear y beber para calmar la sed de la canícula.

Luego, el agua vuelve a caer mansamente chorreando por sus tazas, fundiéndose y rompiendo sus gotas la quietud y el sosiego del espejo que forma tan cristalino y vivificante líquido, que de la fuente retorna otra vez a correr por las acequias y canalillos del vergel, regando los arriates colmados de las más bellas y variadas flores y platas.

Por las noches bajo los blancos resplandores que la luna ofrece en las horas previas a la meditación; los jazmines se abren, la albahaca, las rosas y los claveles parecen reventar brotando y esparciendo sus delicadas fragancias en el cálido aire que inunda el espacio, despertando los sentidos del poeta, que parecen estar adormecidos; y entonces, con tristeza canto:

¡Ay, mi Istabba hermosa y blanca!
La pena está en mi garganta
Y aún así, te hago canción.
¿Qué será del trovador sin poder vivir en ti?
Si siempre te llevo en mí:
¡muy honda en mi corazón!

Tales efluvios sirven de bálsamo al alma inquieta por la melancolía, y al cuerpo cansado por el trabajo, que recuperan así la placidez de la paz y quietud sosegadoras que inducen al reparador descanso nocturno.

Desde mi pequeño oasis de paz, suelo oír al Almuecín que desde el alminar de la cercana mezquita junto a la Alcazaba, propaga a los vientos su voz potente convocando a los fieles para el rezo de las oraciones a Alá. Ese día, oí su llamada, y en el mismo huerto me dispuse a orar en voz baja el salat al-duhà que es la plegaria que se reza a media mañana.

Pedí a Dios para que terminara pronto nuestra angustiosa situación.

Después, con el sopor del caluroso día y oyendo correr el agua, caí en una especie de letargo bajo la benéfica sombra de la parra. En mi aturdimiento, pensaba que a causa de la guerra tal vez tendría que verme obligado a abandonar mi querida medina de Istabba; y pensando en ello con tristeza, quedé dormido.

Tras un rato de ensueños y quimeras, me despertó un enorme griterío acompañado de estruendos y sonidos de chirimías, dulzainas y otros instrumentos y atabales. Salí de mi casa y corrí hasta un lugar elevado, desde donde pude ver al mismo rey don Fernando cabalgando al frente de sus tropas, sobre su hermoso corcel blanco, en cuya silla llevaba sujeta una pequeña imagen de María; la madre del Dios de los cristianos.
Su cabeza iba ceñida con regia corona, el cuerpo cubierto por bruñida armadura de hierro, y de su real cintura, colgábale una hermosa espada que parecía estar hecha de la más pura plata y el mejor y más reluciente oro del mundo.
Comprendí entonces con pesar, que la fortaleza de Istabba después de una dura resistencia, aquél día se vio en la necesidad de entregarse por capitulación, obligada por la sed y el hambre.
El rey cristiano marchaba escoltado por una multitud de guerreros de infantería bien pertrechados, que vitoreaban al monarca, y por caballeros de su real séquito portando estandartes cristianos y blasones castellanos, montados en hermosos y recios caballos.Todos ellos se dirigían hacia el centro de la medina, subiendo por un empinado carril después de haber hecho su entrada en ella por una de sus puertas: la llamada “El postigo de la villa”, en el lado de Oriente.
Tras tomar las llaves que le fueron entregadas por el cadí y el alcalde de la fortaleza, dirigióse después junto a su séquito hasta la mezquita o aljama, la cual mandó consagrar para el rito cristiano, bajo el nombre de la Señora Santa María.
Su real persona fue magnánima con los habitantes de la población, y después de entregar la villa a sus caballeros, firmó real cédula por la cual nos permitía seguir habitando en nuestra querida Istabba; a la que tanto amo, y que por ella muero.

El estruendo y la algarabía que esta tarde me despertó del ensueño con banda de música y ruidos de multitud, no era otra cosa más que los murmullos de los fieles estepeños, y el repicar de campanas que hoy, quince de agosto de 2007, acompañaban
la procesión de Nuestra Señora la Virgen de la Asunción, en su recorrido por las calles de la ciudad de Estepa, de la que fue proclamada Patrona en un día como el de hoy; un miércoles 15 de agosto del año del Señor 1240, fecha en la que el Santo rey don Fernando III la liberara para siempre del dominio árabe.

Muy bello fue el mágico hechizo, mientras duró el hermoso sueño.

Escrito por Antonio Rodríguez Crujera
Ilustración Freddy Cabello
Revista de Feria de Estepa, 2007
Blog Desde la alcazaba

EL VIEJO HOSPITAL DE ESTEPA



Para ser Estepa una villa pequeña, en la antigüedad tuvo dos hospitales; el de La Asunción -el más importante-, que en la actualidad está junto a la iglesia del mismo nombre, y el hospital de pasajes, o del Corpus, conocido popularmente en su tiempo como “el Cotarro”, que fue fundado por la cofradía del Corpus, y del que haré algún comentario al final.

Según el Padre Alejandro Barco, tras sus estudiosas investigaciones deduce que tanto la iglesia de La Asunción como el hospital, fueron construidos con posterioridad a la conquista de Estepa por el Santo rey Fernando III el día quince de agosto de 1240, aunque no ocupaban el mismo lugar donde hoy -anexos uno al otro-, se hallan sendos nuevos edificios en el centro de la ciudad.
Ya en la época en que la villa de Estepa pertenecía, o estaba bajo la defensa y protección de la Orden Militar de Santiago, en el capítulo octavo del libro de las Constituciones, en los autos proveídos por el prior de San Marcos de León, don García Ramírez, y por don Diego Enríquez de Guzmán, arcediano de Ronda, se dice sobre el hospital de la villa de Estepa:

“E por cuanto los bienes que primeramente hubo para la dotación de esta cofradía e iglesia de Nuestra Señora de la Asunción procedieron de gracia y limosna para ella hecha por el Rey Nuestro Señor, y otros que se cedieron por la villa, que tiene por patrona a Nuestra Señora desde que fue conquistada por los cristianos […] Ordenamos y estatuimos que la iglesia hecha por la cofradía y casa para el hospital de pobres enfermos, que por sola nuestra devoción por ahora queda señalada, y otra cualquiera casa de piedad que en su lugar o por nuevo acuerdo se ejecutare…”
Leyenda y escudo real labrado en piedra, colocado en el frontispicio, sobre la puerta de acceso al actual Asilo-residencia de ancianos, que siglos atrás fuera: "REAL HOSPITAL DE POBRES ENFERMOS DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN"

Esto indica, que un tiempo después de la conquista, se constituyó la cofradía de la Asunción, y se tomó el acuerdo para señalar casa hospital para los pobres enfermos como fundación piadosa que desde aquellos tiempos, ha ido siempre unida a la mencionada iglesia de la Asunción. Por lo tanto, se debe pensar que tanto la primitiva ermita de la Asunción como el hospital, debieron haberse construido en la antigua villa, dentro de la fortaleza amurallada.

Una vez que vivir dentro del castillo amurallado ya no tenía razón de ser, por la ausencia de las guerras y ataques enemigos que hicieron necesario el refugio de las personas y los bienes en lugar seguro intramuros, vino la decadencia de la villa en la cima del cerro, y la población abandonó el estrechamiento del espacio fortificado, y comenzó su expansión en la ladera norte del Cerro de San Cristóbal, construyéndose nuevas calles, espacios, edificios civiles y nuevas iglesias hacia abajo de la misma, hasta el día de hoy, en que la pequeña ciudad se va configurando, creciendo y expandiéndose, hasta tener la hermosa fisonomía que presenta.

En esta expansión de la población, en el siglo XVII, tras la renovada devoción y el fervor a la patrona de la villa, Nuestra Señora de la Asunción, en el año 1616, y gracias a las donaciones de la gente y especialmente de doña Catalina Bailén, liberta de los marqueses; del marqués de Armuña y de doña María Zamudio, se erige una nueva ermita, y el edificio del hospital, en la calle Mesones del nuevo núcleo urbano fuera del castillo.


El edificio del hospital de “Nuestra Señora de la Asunción” disponía de buen local para la asistencia de pobres enfermos que eran atendidos merced a los bienes propios de la cofradía que lo fundó, al patrimonio de dicho hospital compuesto por las donaciones de las personas antes mencionadas, al producto de la deuda contra el Estado en que han quedado convertidos aquellos bienes, a la asignación del Ayuntamiento, y a las limosnas particulares.
En una sala baja del hospital de la Asunción, se habilitó el llamado “Oratorio de la Escuela de Cristo”, que fuera fundada el 14 de junio de 1670 por iniciativa y petición de los señores don Luís de Villaseca, don Rodrigo de Melgar y otros numerosos vecinos, que solicitaron auto de fundación al vicario don Gerónimo de Rivera. Dicho oratorio continuó en la sala baja del hospital hasta el año 1811, en que se mudó a nuevo lugar junto a la iglesia, cediendo el anterior para enfermería de hombres.

A lo largo de los años de vida y funcionamiento de dicha institución benéfica, ha habido de todo: en el siglo XVIII entró en una gran decadencia, y luego, como ahora se verá, se usó para diversos fines.

Con motivo del paso de numerosas fuerzas militares por Estepa, se hizo que los enfermos tuvieran que dejar dicho centro hospitalario para ser convertido en cuartel donde alojar a la mencionada tropa. Estallada la Guerra de la Independencia, los invasores franceses, convirtieron el edificio en hospital militar. Más tarde, el local de las escuelas se convirtió en cárcel, y las aulas de aquella pasaron a instalarse en el edificio del hospital.

También existió otro centro benéfico llamado “Hospital de pasajes”, situado en la calle que decían de Gitanos. Se hallaba ubicado en una casa muy pobre y con pocos acomodos para su cometido, que era el de acoger a los pobres mendigos que pasaban por esta villa. Contaba esta casa u hospital con poco caudal para su sostenimiento, que luego se perdió, y se mantenía esencialmente, con fondos de la cofradía del Corpus, que estaba en la ermita del Santo Cristo de la Sangre, luego pasó a la iglesia del Carmen. En los años mil ochocientos ochenta y tantos, ya no existía casa, ni caudal para sustentarla.

El viejo hospital para pobres enfermos de Nuestra Señora de la Asunción, como veterano edificio que siempre acogió entre sus muros a los más desfavorecidos, no quiere resignarse a dejar de cumplir su encomiable labor benefactora, y desempeña en la actualidad la hermosa función social de Asilo-residencia para la acogida de personas mayores, que allí viven los últimos años de su vida, bien asistidas por el personal laboral, y las hermanas religiosas que regentan la casa.

Escrito por Antonio Rodríguez Crujera
Fotografías y texto del blog Desde la alcazaba

Artículos relacionados:
-El Hospital de la Asunción de Estepa. Estudio económico de una institución de beneficencia. Navarro Domínguez, JM. IV Jornadas sobre historia de Estepa. Ed. Ayto de Estepa, 2000
-La beneficencia en las hermandades y cofradías estepeñas. Díaz Fernández, E. y Mateos Llamas, JJ. IV Jornadas sobre historia de Estepa. Ed. Ayto de Estepa, 2000

5/8/09

CALVARIO EN EL CERRO DE SAN CRISTÓBAL

Uno de los momentos más importantes del Miércoles Santo de Estepa es el paso de la hermandad del Calvario por el cerro de San Cristóbal rodeado del parque de Francisco Ayala y de edificios tan singulares como la iglesia de Santa María La Mayor y Matriz (s. XV-XVI), la iglesia y el convento de Santa Clara (s. XVII), las ruinas del castillo y la muralla (s. XII), la Torre del Homenaje (s. XIV) y la iglesia y convento de San Francisco (s. XVII). Alrededor de las 1:30 de la madrugada la hermandad termina su subir por la calle Cuesta y comienza su transitar por el Cerro de San Cristóbal terminando cerca de las 3 de la madrugada cuando el Stmo. Cristo de la Salud se acerca al convento franciscano. Un gran número de fotógrafos intentan captar instantáneas de esta hermandad por el Cerro y, como curiosidad, se afanan por captar el misterio del Monte Calvario enmarcado en una de las paredes de la Torre del Homenaje. Recomendamos enormemente su visita a Estepa en la noche del Miércoles Santo para ver a la Hermandad del Calvario por el Cerro de San Cristóbal.





Fotografías de J. Vázquez

¿POR QUÉ UN MONUMENTO EN EL CERRO DE SAN CRISTÓBAL?


Porque desde tiempos inmemorables el Cerro se llama de San Cristóbal. Porque el Cerro de San Cristóbal ha sido testigo y protagonista de nuestra historia, privilegio que ha quedado patente en su riqueza artística. Porque en su falda y durante el transcurso de los tiempos nació y sigue creciendo Estepa. Conjunto Histórico Artístico, joya de Andalucía y ciudad industrial. Porque en un pasado estuvo ubicada la antigua Ermita de San Cristóbal que le diera nombre. Porque en un pasado no muy lejano fuera lecho de descanso de nuestros antepasados. Porque un 11 de mayo de 1603 acogiera a la comunidad franciscana… y porque Estepa y su Cerro forman una unidad de destino. Todo ello y mucho más es por lo que en nombre de todos los estepeños encargamos al escultor Eusebio Rico la imagen en piedra caliza del Santo, titular del recinto que hemos situado al pie de la Torre Campanario de la Iglesia Conventual de San Francisco. El Padre Severino, Provincial de la Orden Franciscana bendijo la imagen en acto solemne que tuvo lugar el día 10 de julio de 2004, el día de San Cristóbal.

Es el monumento en memoria a la vieja Ermita, posible refugio de caminantes del pasado, testimonio de los cuatrocientos años de presencia de la comunidad franciscana y recordatorio de acontecimientos pasados, desde el caminar por sus empedrados carriles de guerreros, reyes y príncipes, marqueses, caballeros de Santiago, alcaides, alcaldes, alguaciles mayores, clérigos, frailes, vicarios, obispos, cardenales y visitantes ilustres, pasando por los Viernes Santo de Jesús y su subida a las Monjas, hasta cánticos gregorianos, despedidas mortuorias, bautizos, casamientos, ordenaciones sacerdotales, fiestas, procesiones y quietud de la que emana prosperidad y futuro. Pero lo importante es que siempre es un buen momento para recordar la historia, para revisar el trabajo realizado, y como dice en el prólogo del libro de don José “Vere Nullius” el Cardenal Arzobispo de Sevilla, Amigo Vallejo; “para agradecer a la Providencia los frutos cosechados y para rescatar valores perdidos”.

Rafael Romero Jiménez
Presidente de la Asociación de voluntariado Amigos del Cerro de San Cristóbal
Revista de Feria de Estepa, Agosto 2004

CERRO DE SAN CRISTÓBAL


El Conjunto Monumental del Cerro de San Cristóbal ocupa una meseta que corona el cerro, un recinto alargado en forma de triángulo con una longitud de 450 metros, y una anchura máxima de 175 metros. Este recinto en forma de almendra, se puede considerar como el núcleo original del asentamiento de Estepa.

El valor estratégico de este promontorio, determinado por la situación geográfica, ha supuesto que este lugar haya sido elegido por las distintas civilizaciones que han pasado a lo largo de la historia. Este conjunto de cualidades estratégicas supuesto que el primer asentamiento fortificado corresponda al Bronce final Pre-colonial, y del cual se conservan restos de muralla de tipología tartésica. De época romana son las termas excavadas recientemente. El desarrollo de la cerca actual se produce en época medieval y en dos momentos concretos, el asentamiento musulmán y la posterior ocupación cristiana. Posteriormente, ya en plena época cristiana. Posteriormente, ya en plena época cristiana, se asentaron los marqueses en el alcázar, y con ellos distintas órdenes religiosas de procedencia italiana, como los nuevos dueños de la ciudad.


Todo el recinto amurallado denominado Castillo-Palacio se encuentra declarado B.I.C. (Bien de Interés Cultural). La presencia musulmana se pone en evidencia en el trazado de las torres cuadradas, mientras que la ocupación almohade (siglo XII) incorpora los originales elementos de defensa que caracteriza su presencia, como son la coracha, las torres poligonales, los antemuros y las puertas en recodo. La torre ochavada, usada como mausoleo, y actualemente como Oficina de Información Turística, es un bello ejemplo de esta época.
La alcazaba fue originalmente una construcción árabe, que posteriormente se convirtió en alcázar cristiano, y más tarde fue residencia-palacio de los Marqueses de Estepa.

Dentro de este recinto se encuentran distintos monumentos de un importante valor patrimonial. La Iglesia de Santa María La Mayor, (Bién de Interés Cultural), es una construcción del siglo XV y XVI, que sigue los modelos de los templos-fortalezas propios de las órdenes militares, construyéndose como es habitual sobre una antigua mezquita e iglesia mudéjar. La Torre del Homenaje, estilísticamente corresponde al gótico tardío, construida a finales del siglo XIV, por el trigésimo tercer maestre de al Orden de Santiago. Su construcción corresponde posiblemente a un proceso de señorialización, y del control interno del territorio de la Encomienda, más que a razones puramente militares defensivas, como se pone en evidencia la construcción de otras torres similares en tierras extremeñas, por el mismo maestre.

La construcción del Convento de Santa Clara de Jesús y de su Iglesia hay que enmarcarla en un contexto político y social muy concreto. Se trata de la primera gran operación urbana del marquesado, en la que en aquel momento era el centro neurálgico de la ciudad. El conjunto formado por el templo y el convento de Santa Clara de Jesús es una réplica arquitectónica al estilo retrogrado empleado por la Órden de Santiago simbolizado en Santa María. Supone una ruptura con el pasado desde el puto de vista arquitectónico, pero también esta operación urbana de envergadura es una muestra de la nueva realidad histórica. Se pretende dejar claro quiénes son los nuevos dueños de la ciudad. Tanto templo como convento se construyen en su mayor parte en el siglo XVII, ya bajo influencia del barroco.

El Convento de San Francisco y la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia se encuentran ubicados en una zona aislada del resto de edificaciones, fuera del recinto amurallado, donde antiguamente se encontraba la ermita de San Cristóbal. La presencia de los Franciscano en Estepa se remonta a finales del siglo XVI, aunque las obras del convento y la iglesia sólo se inician tras la donación económica del tercer marqués de Estepa D. Juan Bautista Centurión en 1603. Tras diversas vicisitudes, las obras de la iglesia se prolongaron hasta 1646.

Son varias las razones por las cuales el visitante debe de conocer este monumento, entre ellas se ha de resaltar la escultura de San Francisco de Asís, obra del escultor Luis Salvador Carmona, cuya contemplación bien merece desplazarse expresamente a Estepa.

LA ERMITA DE SAN CRISTÓBAL


La Ermita de San Cristóbal era una de los recintos dedicados al culto cristiano en el cerro o promontorio donde estaba la villa antigua de Estepa. No se sabe con exactitud la fundación de la Ermita de San Cristóbal. El primer dato que se conoce con exactitud es la entrega por parte del consistorio de la ermita y los territorios colindantes a la Orden de San Francisco para que construyesen su iglesia y su convento en torno a ella, sirviendo durante las obras del convento de iglesia y posteriormente como oratorio interior. Algunos historiadores identifican la antigua ermita de San Cristóbal con la sacristía de la iglesia.

En el 1598 ya se tiene constancia de la presencia de los franciscanos en la ciudad de Estepa, y en 1603, tras la bendición del convento de Santa Clara, don Juan Bautista Centurión, marqués de Estepa, se compromete a la construcción de un convento para ellos. Sin embargo, las obras se atrasaron y en 1612 se da cuenta el cabildo secular de que los frailes trataban de irse por no haber podido labrar iglesia y casa donde estar. El muy reverendo padre fray Juan de Montemayor, provincial en Andalucía de la Orden de San Francisco solicitó la ermita para la construcción de la iglesia y del convento franciscano. Los terrenos fueron cedidos por el consistorio con el permiso del vicario licenciado Juan de Padilla. La concesión es de fecha 10 de junio de 1614, autorizada ante Francisco Ruiz, notario apostólico, aunque las obras de la iglesia se iniciaron en 1612. La ermita pasó pues a manos de los frailes pero con la condición de que en el cuerpo de la iglesia habían de hacer un altar y tabernáculo para San Cristóbal y que habían de permitir que los devotos sacasen en procesión la imagen el día del Corpus. Ya en el siglo XVIII con la construcción del retablo barroco la imagen de San Cristóbal fue situada en el ático del retablo, siendo la dedicación del templo y del retablo mayor a Ntra. Sra. de Gracia, que posee camarín propio.


Otros datos importantes que barajamos para situar la construcción de la Ermita de San Cristóbal es el período que comprende entre la conquista de Estepa el 15 de agosto de 1240, la posterior cesión a la Orden de Santiago por el rey don Alonso El Sabio el 29 de Septiembre de 1267 y la compra de la Encomienda de Estepa por don Adam Centurión, banquero genovés, prestamista de Carlos V y padre del primer marqués de Estepa, el 12 de Agosto de 1559. Estos datos nos plantean la duda de situar la ermita como obra de la Orden de Santiago o de los marqueses de Estepa.

Sin embargo, el primer marqués en pisar tierras estepeñas fue Don Juan Bautista Centurión, segundo marqués de Estepa, que tras participar en la conquista de Granada en 1592 decidió contraer nupcias en estas tierras y quedarse en las tierras de su marquesado. La primera gran obra iniciada por este marqués fue el Convento de Santa Clara en 1603, aunque su padre levantó el Convento de los mínimos en 1562. Por otro lado, en un inventario de 1572 se hace referencia al Cerro como de San Cristóbal. Descartamos que la ermita fuera del segundo marqués de Estepa porque ya se conocía los terrenos y el cerro con el nombre de San Cristóbal y pensamos que la construcción de la ermita no sería del interés del primer marqués, don Marcos Centurión, porque no tuvo mucho interés por lo que sucedía en los terrenos de su marquesado.

Los datos nos llevan más a pensar que la Ermita de San Cristóbal tiene su origen durante los años de la Encomienda Santiaguista. Numerosas fueron las empresas que llevó a cabo la Orden en la villa de Estepa, como fueron la restauración de sus murallas, el ensanchamiento de la ciudad hacia la calle Ancha (centro de la ciudad), Coracha (barrio de Santa Ana) y Barrionuevo (Barrio de los Remedios), la conversión de la mezquita en la iglesia gótica de Santa María, la adecuación de los caminos y veredas, y la construcción de varias ermitas cercanas a estos caminos, como fueron la Ermita del Cristo de la Sangre y la Ermita de San Sebastián hacia el norte, y la Ermita de la Vera Cruz hacia la dirección a Sevilla, todas ellas de tamaños más reducidos que las que actualmente existen en su lugar. Algunos historiadores también sitúan la Ermita de Santa Ana o el anterior oratorio dedicado a San José de la Montaña como ermita de origen santiaguista, también situada en la vereda que conducía a Granada. La Ermita de San Cristóbal también estaba situada junto a una de estas veredas que conducían hacia los pueblos cercanos de Gilena y Pedrera y situada extramuros como el resto de las ermitas.

Por otro lado las devociones a las que fueron dedicadas las ermitas son de profundas raíces medievales. Existían dos ermitas dedicas a Crucificados, una dedicada al Cristo de la Sangre (lienzo que se conserva en la Iglesia del Carmen) con la devoción característica al santísimo sacramento en la Edad Media, y la otra al Cristo de la Vera-Cruz, devoción también medieval. La otra ermita fue dedicada a San Sebastián, protector contras las pestes y las epidemias en la Edad Media. La devoción a San Cristóbal es también profundamente medieval y fueron en esos tiempos cuando se levantaron la mayoría de las iglesias dedicadas al santo. San Cristóbal era protector de los transportistas y de los viajeros, de ahí que en toda ciudad se le construyera una ermita, iglesia o capilla para que los viajeros pudieran implorarle su protección antes de realizar su viaje o cuando paraban para descansar. De ahí que pensemos que, aunque no tengamos datos seguros de la construcción de la ermita, se puede considerar como una de las ermitas santiaguistas que fueron construidas en Estepa.

SAN CRISTÓBAL

Ofero o Reprobus era un gigante cananeo que medía 2.5 metros y poseía una fortaleza tremenda. Era similar a un gigante o un ogro. Él se consideraba tan fuerte que decía que solo serviría al ser más poderoso señor del mundo. Salió pues en busca de su amo.

Al salir en busca de su poderoso amo oyó que había un monarca tan poderoso que su sola mención hacía estremecer a a las personas y pensó él entonces; "A este amo habré de servir". Lo encontró y se convirtió en su más poderoso servidor, este rey era malvado y despiadado, una persona que imponía su voluntad con puño de hierro. Sin embargo un día Ofero lo vio temblando de miedo y le preguntó cual era el motivo y el rey dijo que tenía su alma vendida al Demonio y que le temía al infernal ser. Entonces dijo Ofero: "Si le temes al Demonio, él es más poderoso que tú, habré de servirle a él".

Decide el gigante ponerse al servicio del diablo, el verdadero príncipe del mundo y buscó a un brujo para que se lo presentara. El brujo accedió a cambio de algunos favores de Ofero y emprendieron la búsqueda a caballo, en el camino el brujo evadió una cruz de piedra temblando de miedo. Ofero le reclamó ese miedo a algo tan simple como una cruz. El brujo le dijo: "...temo a quien murió en la cruz", a Jesucristo.
El gigante preguntó al hechicero que si el tal demonio temía también a ese tal Jesús y el brujo le dijo que el diablo tiembla con la sola mención de la cruz donde murió Cristo. Entonces Ofero decide servir a tan poderoso personaje que aún después de muerto hace que el Príncipe de las Tinieblas tiemble de miedo.

Ofero se dedica a buscar a su nuevo amo, al que aunque no conoce ya ha jurado ser su más bravo y sanguinario guerrero. Empieza a vagar y a preguntar a todas las personas que como podría servir a Jesús y nadie es capaz de contestarle, hasta que un ermitaño le dice: "Aquí al lado hay un río donde suelen morir muchos de los que intentan atravesarlo. Tienes una estatura y fuerza descomunal, perfectamente podrás pasarlos de orilla a orilla sobre tus hombros. Y efectivamente, comenzó a pasar viajeros apoyado en una vara gruesa y resistente. Ahí encontrarás a la persona que te dará la respuesta correcta." Y Ofero se convirtió en porteador.

Antes había muy pocos puentes y era un problema atravesar los ríos, uno de los oficios de entonces era el de porteador: por una remuneración hombres corpulentos pasaban a las personas de una orilla a otra de los ríos. Ese era el oficio de san Cristóbal. Era tan buena persona que no negaba a nadie el servicio aunque no le pudiera pagar.

Ofero empezó a cruzar a la gente por el río preguntando que donde y como podría servir a Jesús pero nadie le daba una respuesta correcta. Hasta que un día cruza la corriente cargando a un niño a quien ni siquiera le toma la molestia de preguntarle; ¿qué va a saber aquella frágil criatura? A mitad del camino se hace pesado como un costal de plomo, después pesa como si cargara el mundo entero, insoportable, y sólo a costa de enormes esfuerzos consigue llegar a la orilla.

Le pregunta Ofero al pequeño: "¿Quién eres, niño, que me pesabas tanto que parecía que transportaba el mundo entero?" y el niño con claridad: "Tenéis razón, peso más que el mundo entero, pues sobre mis hombros cargó con los pecados del mundo. Yo soy Cristo. Me buscabas y me has encontrado. Desde ahora te llamareis Cristóforo, Cristóbal, el portador de Cristo. Al ayudar a cualquiera a cruzar el río, me estaréis ayudando a mí." Dijo también el niño a Cristóforo: "Fija en la tierra ese árido tronco que te sirve de báculo, que mañana lo verás, no sólo florido, sino coronado de frutos". En efecto, a la mañana siguiente la estaca seca plantada en el suelo se había trocado en esbelta palmera, con incontables frutos.

Cristóbal fue bautizado y empezó a evangelizar sobre todo en Samos en compañía de su gran bastón y fue un predicador elocuente. Decio ordenó perseguir a los cristianos y ofrecerlo como sacrificio a sus dioses paganos. Dagón que fue prefecto de Licia cumplió con el encargo del Emperador, profanó iglesias y casas de cristianos. Inmediatamente fue detenido y martirizado.

El culto a San Cristóbal de Licia es de origen oriental, llegando a Occidente después del siglo V, de Constantinopla llegó a Sicilia y de allí a Europa Occidental. Durante la Edad Media fue los Santos más venerados, en su honor se hicieron templos y monasterios, tanto en oriente como en occidente. Antiguamente se colocaba una capilla dedicada a San Cristóbal en la entrada de los templos para que los viajeros que entraran a rezar pudieran dedicarle una oración a San Cristóbal para que los protegiera en su viaje.
La fiesta de san Cristóbal en occidente se celebra el 25 de julio y en oriente el 9 de mayo. Aunque en la tradición hispana se celebra el 10 de julio (de acuerdo con la tradición mozárabe) para dejar libre el festejo a Santiago Apóstol.

San Cristóbal fue venerado como uno de los Catorce Santos Auxiliadores y santo patrono de los transportistas y de los viajeros. Se presume que las reliquias del santo podrían estar en la catedral de Morelia, México, como obsequio de la Santa Sede por la inauguración de la diócesis en el siglo XVI

En febrero de 1969, Paulo VI ordenó revisar el calendario litúrgico para suprimir a los santos de cuya existencia no hubiese pruebas (lo cual no quiere decir que los "descanonice", si no simplemente que no es obligatorio celebrarlos). San Cristóbal fue eliminado del santoral, aunque se mantuvo el derecho a su representación iconográfica y veneración por razones históricas.

CARTA DE EDICIÓN

El blog Devociones de Estepa nació en la cuaresma de 2009 y tuvo como motivo de inspiración la oportunidad de dar a conocer la Semana Santa de Estepa a través de los nuevos medios de comunicación. El objetivo principal era recopilar información de las Hermandades y Cofradías de Estepa así como mostrar nuestras tradiciones y costumbres. El blog se definió con carácter divulgativo, y por lo tanto, al carecer de carácter lucrativo, se ha rechazado sistemáticamente toda propuesta económica que hemos recibido. Sólo se ha permitido artículos relacionados con la información cofrade o que tuvieran carácter benéfico.

Para llevar a cabo este trabajo, se inició en el blog la recopilación de artículos que procedían principalmente de los boletines y libros de las Hermandades estepeñas, el
Ayuntamiento de Estepa en sus diversas publicaciones, blogs dedicados a la Historia y Semana Santa de Estepa y por último la información que se daba en las redes sociales. Para acompañar a estos artículos se escogían fotografías que se encontraban en los diferentes medios ya mencionados. Tanto los artículos como las fotografías publicados en estos medios no habían sido realizados para el blog.

Desde el blog se ha trabajado también por la investigación propia y de esta forma se han publicado artículos nuevos de información, a los que se le han dedicado un gran esfuerzo. Siguiendo la misma idea, se han realizados también fotografías propias que no se han firmado, pero que han aparecido tanto en el blog como en nuestra página de Cofrades. La idea del blog siempre ha sido compartir y dar a conocer, por lo que siempre se ha permitido la utilización de estas imágenes y de estos artículos. Sólo los que han llevado a cabo la aventura de crear un blog, pueden reconocer las numerosas horas, esfuerzo e ilusión que se le dedica a un proyecto de estas características, y es por ello por lo que conocemos de primera mano la importancia que para un creador de blog tienen los contenidos propios que ha realizado. Por eso, queremos disculparnos con aquellas personas que se hayan sentido ofendidas por la publicación de sus trabajos y retiraremos aquellos trabajos que no quieran que aparezcan en este blog. Sólo indicar que el blog no llega a asumir la autoría de estas fotografías y artículos, y que por lo tanto se expresa su autor o autores al final de cada artículo.

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-¿Quién hizo a Mª Stma. de la Amargura, San Juan Evangelista y María Magdalena de la Hermandad del Calvario tras la Guerra Civil?

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-Fotografías de la visita de Nuestro Padre Jesús al Convento de Santa Clara en 1995.

-Fotografías de la salida extraordinaria de Mª Stma. de los Dolores de San Pedro en 2001.

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-Fotografías del traslado cuaresmal del Stmo. Cristo de las Penas a la Iglesia de la Asunción.

-Cartel conmemorativo del 50 aniversario de la Hermandad de las Angustias.

-Cartel conmemorativo del 50 aniversario de la Hermandad de los Estudiantes

-Cartel conmemorativo del 350 aniversario del Juramento a la Inmaculada Concepción de María (Hdad. San Pedro)

-Carteles de la Semana Santa de Estepa editados por el Consejo y por el Ayuntamiento

-Carteles de la Semana Santa de Estepa editados por la Caja San Fernando.

-Fotografías e información de la exposición "Las devociones populares en las colecciones privadas estepeñas"

-Fotografías de los retablos de la Iglesia de la Victoria que se encuentran en:

-Retablo Mayor (Iglesia de Santiago-Herrera)
-Retablo de San Francisco de Paula (Iglesia de la Encarnación-Casariche)
-Retablo de Ntra. Sra. de los Dolores (Iglesia de Santiago- Puente Genil)
-Retablo Virgen de las Angustias (Iglesia de Santiago – Puente Genil)
-Retablo de San Francisco de Sales (Iglesia de Santiago – Puente Genil)
-Retablo de Jesús Nazareno (Iglesia de Omnium Sanctorum – Sevilla)
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Iglesia de los Remedios, de 11 de la mañana a 1 de la tarde.

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HORARIO DE MISAS

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Torre Ochavada-Cerro de San Cristóbal:
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"Chiflados de Dios: Así seguramente les llaman muchos que los ven, pensando que no tiene sentido tal esfuerzo. Pero son locos de amor por Dios, tanto de tocar el corazón de su pueblo, para llevarles a Dios." Papa Francisco, II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, Sevilla 2024

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