Suite de Siete piezas
Para banda sinfónica, coro a cuatro voces y tenor solista.
Juan Antonio Carmona Páez
Tras los meses de trabajo y esfuerzo que supuso la preparación del IV Congreso de Hermandades y Cofradías de Nuestra Señora de las Angustias, sólo me queda felicitar a todos los que hicieron posible este magnífico evento.
Dos años atrás, en la Navidad de 2009, surge continuar con la idea marcada en el III Congreso Nacional celebrado en Cuenca, componer música expresamente para la efeméride nacional. Esta empresa se concretó cuando mi querido amigo D. Manolo Muñoz Marchán, como Hermano Mayor y Comisario del Congreso, se pone en contacto conmigo para encargarme una marcha procesional. Desestimada, por mi parte, la idea de crear una marcha procesional se opta por escribir un concierto más que para “la calle” ya que la Virgen de las Angustias procesiona cada Lunes Santo en un lúgubre y austero silencio. Es aquí cuando se intenta encasillar formalmente la música con subtítulos de “poema sinfónico”, “leyenda sinfónica”, “suite”,…
A partir de ese momento se empieza a recapitular datos relacionados con la iconografía de la Virgen de las Angustias. Con lo cual, la Comisión del Congreso creado por la hermandad se mueve para documentarse en todo lo que concierne la vida de María de Nazaret y en la iconografía de la Virgen de las Angustias.
La documentación teológica se fundamenta en las teorías de D. Fermín Labarga García, Doctor en Sagrada Teología, quien plantea las VII Angustias de la Virgen María. Por otro lado, la documentación musical empieza a tratarse a través del canto gregoriano donde Dña. María Julieta Vega García y D. Francisco Javier Lara Lara, Doctores en Historia y Ciencia de la Música, recopilan música extraída de cantorales y demás fuentes de canto llano. Llegado a este punto, es cuando mi admirado amigo D. Florencio Salvador Díaz Fernández crea un sublime relato, a petición mía, narrando las VII Angustias de la Virgen María indagadas por D. Fermín Labarga.
Los escritos de Florencio se convirtieron en mi “Padre Nuestro”. Meses y meses donde los leía, los corregía, anotaba todo lo que me transmitía y todo lo que se podía convertir de letra a nota musical,… Florencio fue el alma que supo darle vida a lo que luego llegaría a ser música. Su forma de pensar, actuar, ver la vida, la admiración por la Virgen y su devoción hacia la Virgen de las Angustias se vio impresa a modo de relato que me supuso tomar conciencia del trasfondo teológico y social que tuvo la figura de María de Nazaret.
Esta relación recíproca, entre relato y música, se observa de forma patente en la partitura. Las VII piezas comienzan con una introducción, continuando dependiendo de lo marcado con el texto. Como expliqué varias veces, es intentar ponerle una banda sonora a un texto e incluso a través de un personaje como es José de Arimatea (tenor solista) que toma protagonismo como narrador de lo acontecido en el relato.
I Angustia: Lo clavaron en la cruz
Cuando Florencio escribe “(…) [Jesús] llegada de un hombre destrozado y al límite de sus capacidades.” Musicalmente se transcribe con un ritmo continuado y con intervalos, entre notas, amplios que simulan una respiración perjudicada por el cansancio físico (1). “(…) al sentir los golpes, todos horrorizados por el tormento y los gritos atroces de Jesús, vimos sus manos y piernas traspasadas.” El clavar de clavos a Jesús, a través de la percusión, aparece en cuatro ocasiones para recrear el clavar de cada extremidad (2). Sin duda, es la parte más descriptiva de la I Angustia.
1.Compases 37-42 I Angustia
2.Compases 78-81 I Angustia
II Angustia: La agonía de Jesús
Florencio describe, con todo lujo de detalles, la angustia de María al ver a su hijo agonizando en la Cruz: “(…) una cristalina lágrima que surcaba el rostro de María”. Musicalmente se ejemplifica con la descripción del canto de tenor solista y una melodía descendiente cromáticamente que simulan los instrumentos agudos a modo de lágrima que cae (3).
3.Compases 70-72 II Angustia
III Angustia: Contemplar al Hijo muerto en la cruz.
Tras la muerte de Jesús, “Resonó un (…) temblor de tierra, al que siguió un rugir incesante del cielo (…).” Esto se musicaliza mediante la ruptura melódica por un violento cambio de ritmo e intensificación de la percusión (4).
IV Angustia: La lanzada.
El tema que inicia esta parte es cuando “(…) uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza, y al punto salió sangre y agua”. Mediante las trompas se puede crear un ambiente del traspaso metálico de la lanza y de derrame de sangre en forma de nota larga en la trompa primera y notas que descienden en la trompa segunda (5).
5.Compases 7-12 IV Angustia
V Angustia: El descendimiento
El descendimiento se recrea basándose en movimientos armónicos descendientes que se manifiesta en las melodías y en una decreciente intensidad. Esto crea un ambiente melancólico fruto del Descendimiento de Cristo (6).
6.Compases 51-55 V Angustia
VI Angustia: Con su Hijo en el regazo
Esta parte es lo que identifica a la Hermandad de las Angustias de Estepa, iconográficamente. Está pensado a modo de todas mis experiencias y emociones en los Lunes Santo que vivó intercaladas con el relato de Florencio. La parte fundamental es la exposición del tambor de la hermandad que acompaña al discurrir procesional de cada Lunes Santo. Dicho instrumento se inscribió con la métrica y el matiz utilizado en la procesión estepeña de cada Lunes Santo (7).
7.Compases 17-18 VI Angustia
VII Angustia: Camino del sepulcro
La última parte, escrita en forma de marcha fúnebre, simula el traslado procesional del cuerpo sin vida de Cristo para que pueda ser sepultado. Como en la VI Angustia, se vuelve a escuchar el tambor característico de esta hermandad a través del timbal cromático. Llama la atención que a partir del compás 41 el color de la obra se transforme de melancólico a triunfal, a través de trompetas gloriosas que marcan la Resurrección de Cristo y el verdadero fin, por el cual María sufrió las angustias de la Crucifixión y Muerte acaecidas por su hijo; la resurrección de la esperanza para la humanidad en las más pésimas adversidades: “(…) tenemos que esperar. Creíamos en tu hijo y seguimos creyendo”. “(…) no puede ser en falso el anuncio de su resurrección, que nos traería según Jesús, la comprensión de los hechos acontecidos y la llegada de un Espíritu defensor” (8).
8.Compases 41-43 VII Angustias
No me cansaré nunca de agradecer, de todo corazón, la confianza puesta en mi persona por parte de toda la Hermandad de las Angustias para participar en un acontecimiento tan importante como fue el IV Congreso. Desde un principio, creísteis en mí sin saber lo que verdaderamente se iba a llevar a cabo, cuando no soy compositor, y apostando personalmente por todas mis peticiones.
(Siguen los agradecimientos del autor)
Boletín “Los Blanquillos” 2012
20/3/13
19/3/13
LA SOLEDAD EN EL SIGLO XIX
A finales del siglo XIX la hermandad de la Soledad procesionaba en la tarde del Viernes Santo desde la iglesia de San Sebastián. Comenzaba con la predicación del sermón “de Soledad” a las tres de la tarde, y una hora más tarde salía la procesión de esta hermandad con los pasos del Cristo de la Salud, el Santo Entierro de Cristo y Ntra. Sra. de la Soledad. La imagen del Cristo de la Salud, del siglo XVII y de procedencia hispanoamericana, corresponde al Crucificado que se conserva en un retablo de la Iglesia del convento franciscano de Ntra. Sra. de Gracia.
La cofradía de la Soledad en este siglo llevaba en su estación penitencial representaciones de figuras alegóricas y personajes bíblicos como la Semana Santa de Puente Genil. En la estación penitencial iban “cuatro jóvenes figurando los cuatro Doctores de la Iglesia y una joven representando a la Verónica”. En las reglas de la hermandad de 1880 aparecen “ángeles, padres de la iglesia, Verónica, alegorías, romanos”.
La cofradía de la Soledad en este siglo llevaba en su estación penitencial representaciones de figuras alegóricas y personajes bíblicos como la Semana Santa de Puente Genil. En la estación penitencial iban “cuatro jóvenes figurando los cuatro Doctores de la Iglesia y una joven representando a la Verónica”. En las reglas de la hermandad de 1880 aparecen “ángeles, padres de la iglesia, Verónica, alegorías, romanos”.
18/3/13
PREGÓN DE LA SEMANA SANTA DE ESTEPA 2013
CRISTO DE LA SALUD EN LA SOLEDAD
A finales del siglo XIX la hermandad de La Soledad procesionaba en la tarde del Viernes Santo desde la Iglesia de San Sebastián con tres pasos: el Cristo de la Salud, el Santo Entierro de Cristo y Ntra. Sra. de la Soledad.
La imagen del Cristo de la Salud corresponde al Crucificado que se conserva en un retablo de la Iglesia del convento franciscano de Ntra. Sra. de Gracia. Se trata de una talla de la primera mitad del siglo XVII realizada en pasta y de procedencia hispanoamericana. Este Crucificado procesionó con la hermandad de la Soledad hasta 1927, cuando se sustituye por el Stmo. Cristo de la Buena Muerte de Pío Mollar.
La talla del Cristo de la Salud volvió a procesionar como titular de la Hermandad del Calvario fundada en 1941 en el Convento franciscano. Sin embargo, el deterioro de la imagen obligó a la hermandad a adquirir la actual imagen del Stmo. Cristo de la Salud del estepeño Manuel Escamilla.
Artículos relacionados:
-Primitivo titular del Calvario. Devociones de Estepa. 2009
-Estepa y la devoción al Crucificado. Devociones de Estepa. 2018
17/3/13
SAN JUAN, LA MAGDALENA Y LA VERÓNICA EN ESTEPA
La cofradía de Jesús Nazareno fue fundada en 1626 y procesionaba en la madrugada del Viernes Santo en los siglos XVII y XVIII desde la Iglesia de San Sebastián. La antigua imagen de Jesús Nazareno, sustituida en 1759 por la imagen realizada por Luis Salvador Carmona, era acompañada por la Dolorosa, San Juan y la Verónica, todas de vestir y sobre parihuelas. Los hermanos de la cofradía llevaban cruces o cirios, siendo dos cofradías distintas. Una vez recogida la cofradía en su templo, se celebraban a continuación los Oficios Divinos de este día.
A finales del siglo XIX, el Viernes Santo, a las 5 de la mañana, se predicaba en la iglesia de San Sebastián el sermón “de Pasión”, y a continuación salía el desfile procesional formado por los pasos de Jesús Nazareno, la Magdalena, la Verónica, San Juan y Ntra. Sra. de los Dolores. La cofradía era también acompañada por banda musical y por los romanos.
En los inventarios de la Iglesia de San Sebastián aparecen también estas imágenes en la capilla de Jesús Nazareno.
1694 - otra ymagen de Nuestra Señora de las Angustias, otra ymagen de Señor San Juan Evangelista y no se ponen los ornatos de dicho altar por tener quenta la Cofradía de ellos.
1884 - se halla en un magnifico camarín teniendo este en sus extremos las imágenes de San Juan Evangelista, santas María Magdalena y la Verónica, el retablo es de poco gusto pintado a la ligera con las imágenes de San Juan a la derecha y la Magdalena a la izquierda.
1904 - en los pedestales de las columnas cuatro angelitos y entre ellas las imágenes de San Juan y la Magdalena.
La hermandad conserva una talla de San Juan Evangelista del valenciano Pío Mollar de 1927 que procesionó acompañando a la Dolorosa en su palio. Otra fotografía de principios del siglo XX muestra la procesión de Jesús Nazareno junto a la Dolorosa, San Juan, María Magdalena y la Verónica.
A finales del siglo XIX, el Viernes Santo, a las 5 de la mañana, se predicaba en la iglesia de San Sebastián el sermón “de Pasión”, y a continuación salía el desfile procesional formado por los pasos de Jesús Nazareno, la Magdalena, la Verónica, San Juan y Ntra. Sra. de los Dolores. La cofradía era también acompañada por banda musical y por los romanos.
(San Juan Evangelista, Jaén)
(María Magdalena, Arahal)
(La Verónica, Cieza)
En los inventarios de la Iglesia de San Sebastián aparecen también estas imágenes en la capilla de Jesús Nazareno.
1694 - otra ymagen de Nuestra Señora de las Angustias, otra ymagen de Señor San Juan Evangelista y no se ponen los ornatos de dicho altar por tener quenta la Cofradía de ellos.
1884 - se halla en un magnifico camarín teniendo este en sus extremos las imágenes de San Juan Evangelista, santas María Magdalena y la Verónica, el retablo es de poco gusto pintado a la ligera con las imágenes de San Juan a la derecha y la Magdalena a la izquierda.
1904 - en los pedestales de las columnas cuatro angelitos y entre ellas las imágenes de San Juan y la Magdalena.
La hermandad conserva una talla de San Juan Evangelista del valenciano Pío Mollar de 1927 que procesionó acompañando a la Dolorosa en su palio. Otra fotografía de principios del siglo XX muestra la procesión de Jesús Nazareno junto a la Dolorosa, San Juan, María Magdalena y la Verónica.
16/3/13
SANTA CENA EN ESTEPA
A finales del siglo XIX, procesionaba en la mañana del Jueves Santo la hermandad del Santo Cristo desde la Iglesia de los Remedios. Al amanecer se predicaba el llamado “sermón de Azotes” y a continuación procesionaba la hermandad con los siguientes pasos: la Santa Cruz, con la que comenzaban todos los cortejos y que daría lugar a la Cruz de Guía, la Santa Cena, el Cristo amarrado a la Columna y Ntra. Sra. de los Dolores, imagen “dolorosa” que sería sustituida en 1896 por Ntra. Sra. de la Esperanza. Llama la atención que no procesionara el antiguo titular de la hermandad y de la ermita, el Stmo. Cristo de la Vera Cruz.
Afortunadamente se conserva una fotografía que da testimonio de la existencia de la Santa Cena en la hermandad del Santo Cristo. En 1815 la hermandad del Santo Cristo se unió a la Sacramental de la parroquia, lo que pudo motivar que se representara la Santa Cena en el desfile procesional.
El desfile procesional llevaba acompañamiento musical y al que asistía también los romanos, algunos de ellos a caballo, que realizaban el prendimiento en la Plaza de los Remedios.
15/3/13
VERA CRUZ EN EL SIGLO XVII Y XVIII
En documentos del siglo XVII y XVIII, se hace referencia a la procesión de la Vera Cruz en la tarde noche del Jueves Santo. Esta procesión la iniciaba la Santa Vera Cruz, titular de la ermita y de la cofradía. A continuación procesionaba el Santo Cristo de los Azotes, una imagen antigua del siglo XVII posiblemente con la columna alta y que sería sustituido en el siglo XVIII por la actual imagen del Stmo. Cristo Amarrado a la Columna de Andrés de Carvajal y Campos (1709-1779). Destaca que procesionaba junto al Santo Cristo un grupo de disciplinantes, también conocidos como hermanos de sangre, es decir, personas que se flagelaban la espalda como penitencia. Se distinguían de los hermanos de luz o hermanos que portaban cirios. El Santo Cristo también era acompañado por toques de trompeta y se iluminaba con un candil. Su paso era cubierto de centeno. La procesión terminaba con Ntra. Sra. de los Remedios, también perteneciente a la hermandad de la Vera Cruz, vestida como Dolorosa.
En algunos inventarios se recogen también otras imágenes que pertenecían a la cofradía. Algunas veces había procesionado también un Jesús con la Cruz a cuestas. Se conoce que en la Ermita de la Vera Cruz existía la talla de un Jesús Cautivo, también conocido como Señor de los Señores, que pudo ser esta imagen de nazareno. También poseía una imagen de Jesús Resucitado, de la que se desconoce si procesionaba pero se sabe que la hermandad celebraba la Pascua de Resurrección con una danza de gitanas.
14/3/13
AYER Y HOY DE LA SEMANA SANTA EN ESTEPA
Si comparamos la Semana Santa actual y la de siglos pasados, podemos darnos perfecta cuenta de qué es lo que permanece y qué es lo que se ha perdido o sencillamente ha evolucionado hacia formas más complejas. En Estepa el fenómeno devocional ha permanecido inalterable desde aquellos tiempos pretéritos hasta nuestros días, si bien con altibajos a lo largo de la Historia, y en la actualidad permanece viva esa llama de fervor popular con numerosas procesiones que a lo largo del año se enseñorean por nuestras calles, siendo la Semana Santa la fiesta más trascendental para el estepeño. Sin embargo, si bien el fervor de los creyentes sigue siendo el mismo, el transcurrir del tiempo es inexorable y en lo que se refiere a la expresión artística y estética de las procesiones actuales poco tienen que ver con la del pasado; repetidas crisis, extinciones y refundaciones, con la consiguiente pérdida de su patrimonio material, las obligaban a comenzar prácticamente de cero en sucesivas coyunturas.
Pero sobre todo ha sido determinante para este cambio el proceso de “sevillanización” que se viene produciendo desde la segunda mitad del siglo XX, y que ha provocado que en algunos aspectos haya una pérdida de identidad del sentir cofrade estepeño. Entre otros pormenores, destaca en primer lugar el cambio de los pasos de andas o parihuelas por el de costaleros, principal seña de identidad de la Semana Santa hispalense, no sólo el modo de llevarlo, sino la propia estética de los pasos, que imitan estilos artísticos del pasado como el gótico, valga como muestra el paso del Calvario, pero es el neobarroco el gran triunfador. Las efigies talladas por los imagineros sevillanos de posguerra como Lastrucci, Ortega Bru, Buiza… persiguen la estética impuesta durante el Barroco secentista. Esta evidencia no afecta únicamente a Estepa, los modelos sevillanos también se han infiltrado en numerosos lugares de la Andalucía occidental. A partir de ahí, se suma todo lo que compone el cortejo de las procesiones sevillanas, indumentarias de los nazarenos, insignias, bandas de música, las propias marchas que estas tocan, etc. Por fortuna, aún conservamos las mismas imágenes que ya procesionaban durante los siglos XVI, XVII y XVIII y que constituyen lo más valioso del patrimonio de nuestras cofradías y hermandades. Es más, algunas de las flamantes hermandades fundadas hacia los años 50-60 de la centuria anterior, acogieron como titulares tallas de aquellos tiempos, como son los casos de las hermandades de las Angustias y de los Estudiantes.
Pero no todo se ha perdido pues, felizmente, atesoramos algunos elementos que otorgan a la Semana Santa de Estepa una peculiar idiosincrasia. Hablamos en primer lugar de los demandantes, vulgo “pediores”, tres parejas de hombres que con unas pequeñas tazas de plata o borlones antiguos (talegas, bolsas), recorren el pueblo de punta a punta pidiendo la voluntad para la hermandad o cofradía. Constituyen uno de esos elementos etnográficos a preservar de esta Semana Santa, pues ya se practicaba en siglos posteriores por las hermandades, labor que realizaban incluso por los pueblos de los alrededores, preferentemente en especie. Por ejemplo, la Cofradía de la Asunción que tenía a su cargo el Hospital homónimo, recogía grano, aceite, tocino y lana, en las cuatro estaciones del año.
(Foto: Demandantes de la Hdad. de Jesús Nazareno)
También singulares son otros personajes típicos de nuestra Semana Mayor, conocidos como los “Pachones”, niños nazarenos que vestidos de nazarenos, en vez del típico capillo para el capirote, lucen un tocado a la manera egipcia o nemes. Desde muy temprano recorren el pueblo de un lado para otro anunciando el recorrido de la hermandad del día, tañendo unas veteranas campanas y por la tarde durante el desfile son ellos lo que al inicio, junto a la Cruz de Guía, marcan el paso de la procesión. Su origen se remonta al primer tercio del siglo XX, cuando cada nazareno se vestía como podía, con o sin capirote; algunos nazarenos llevaban los paños cayéndole por los hombros, por lo que el vulgo comenzó a llamarle pachones al recordarle las largas orejas de esa raza perruna. Actualmente, tan sólo la Hermandad de San Pedro conserva esta simpática tradición y sería deseable que otras confraternidades que la han perdido, hicieran un esfuerzo para intentar recuperarla.
Por último, resulta muy atractivo en Estepa contemplar misterios que trascienden de la Pasión misma de Jesús, hablamos en este caso de dos representaciones sin parangón dentro de la Semana Santa nacional, los misterios de San Pedro en sus Lágrimas de arrepentimiento y el misterio del Dulce Nombre de Jesús en su conversación con los doctores en el Templo. En otros lugares sí sacan en procesión Niños de Dios, pero ninguna representa el pasaje citado por San Lucas (Lc. 2, 46-48). En cuanto a San Pedro, es más original aún, a pesar de que representa unos de los episodios de la Pasión de Cristo más divulgados por los artistas en otros tiempos, como en los capiteles románicos. En Sevilla sí existía una Cofradía de las Lágrimas de San Pedro durante la primera mitad del siglo XVIII, pero de muy escasos recursos, saliendo en procesión con una imagen del Apóstol unos años sí y otros no, ya que dependía su existencia de la agregación a otra u otras cofradías hasta que en pocos años se extinguió.
Las de Estepa son representaciones que remontan sus orígenes y significados a la Contrarreforma y todo lo que Trento significó para la Iglesia Católica, y que aún mantienen ese viejo sabor a antiguo. Al visitante que contempla por primera ves algunos de estos pasos les sorprende, le choca, que estos pasajes se representen, pero al final, después de observarlos en cualquier calle o esquina, sabrá comprender el peso y el valor que la Semana Santa tiene para el pueblo de Estepa.
Bibliografía:
La Hermandad de San Pedro en la Semana Santa del Barroco. José Javier Mateos Llamas.
Lº Aniversario de la reorganización de la Hermandad de San Pedro, Estepa. 2003
Nota: La Hermandad del Dulce Nombre ha recuperado recientemente la tradición de los 'pachones' en la mañana del Miércoles Santo.
Pero sobre todo ha sido determinante para este cambio el proceso de “sevillanización” que se viene produciendo desde la segunda mitad del siglo XX, y que ha provocado que en algunos aspectos haya una pérdida de identidad del sentir cofrade estepeño. Entre otros pormenores, destaca en primer lugar el cambio de los pasos de andas o parihuelas por el de costaleros, principal seña de identidad de la Semana Santa hispalense, no sólo el modo de llevarlo, sino la propia estética de los pasos, que imitan estilos artísticos del pasado como el gótico, valga como muestra el paso del Calvario, pero es el neobarroco el gran triunfador. Las efigies talladas por los imagineros sevillanos de posguerra como Lastrucci, Ortega Bru, Buiza… persiguen la estética impuesta durante el Barroco secentista. Esta evidencia no afecta únicamente a Estepa, los modelos sevillanos también se han infiltrado en numerosos lugares de la Andalucía occidental. A partir de ahí, se suma todo lo que compone el cortejo de las procesiones sevillanas, indumentarias de los nazarenos, insignias, bandas de música, las propias marchas que estas tocan, etc. Por fortuna, aún conservamos las mismas imágenes que ya procesionaban durante los siglos XVI, XVII y XVIII y que constituyen lo más valioso del patrimonio de nuestras cofradías y hermandades. Es más, algunas de las flamantes hermandades fundadas hacia los años 50-60 de la centuria anterior, acogieron como titulares tallas de aquellos tiempos, como son los casos de las hermandades de las Angustias y de los Estudiantes.
Pero no todo se ha perdido pues, felizmente, atesoramos algunos elementos que otorgan a la Semana Santa de Estepa una peculiar idiosincrasia. Hablamos en primer lugar de los demandantes, vulgo “pediores”, tres parejas de hombres que con unas pequeñas tazas de plata o borlones antiguos (talegas, bolsas), recorren el pueblo de punta a punta pidiendo la voluntad para la hermandad o cofradía. Constituyen uno de esos elementos etnográficos a preservar de esta Semana Santa, pues ya se practicaba en siglos posteriores por las hermandades, labor que realizaban incluso por los pueblos de los alrededores, preferentemente en especie. Por ejemplo, la Cofradía de la Asunción que tenía a su cargo el Hospital homónimo, recogía grano, aceite, tocino y lana, en las cuatro estaciones del año.
(Foto: Demandantes de la Hdad. de Jesús Nazareno)
También singulares son otros personajes típicos de nuestra Semana Mayor, conocidos como los “Pachones”, niños nazarenos que vestidos de nazarenos, en vez del típico capillo para el capirote, lucen un tocado a la manera egipcia o nemes. Desde muy temprano recorren el pueblo de un lado para otro anunciando el recorrido de la hermandad del día, tañendo unas veteranas campanas y por la tarde durante el desfile son ellos lo que al inicio, junto a la Cruz de Guía, marcan el paso de la procesión. Su origen se remonta al primer tercio del siglo XX, cuando cada nazareno se vestía como podía, con o sin capirote; algunos nazarenos llevaban los paños cayéndole por los hombros, por lo que el vulgo comenzó a llamarle pachones al recordarle las largas orejas de esa raza perruna. Actualmente, tan sólo la Hermandad de San Pedro conserva esta simpática tradición y sería deseable que otras confraternidades que la han perdido, hicieran un esfuerzo para intentar recuperarla.
Por último, resulta muy atractivo en Estepa contemplar misterios que trascienden de la Pasión misma de Jesús, hablamos en este caso de dos representaciones sin parangón dentro de la Semana Santa nacional, los misterios de San Pedro en sus Lágrimas de arrepentimiento y el misterio del Dulce Nombre de Jesús en su conversación con los doctores en el Templo. En otros lugares sí sacan en procesión Niños de Dios, pero ninguna representa el pasaje citado por San Lucas (Lc. 2, 46-48). En cuanto a San Pedro, es más original aún, a pesar de que representa unos de los episodios de la Pasión de Cristo más divulgados por los artistas en otros tiempos, como en los capiteles románicos. En Sevilla sí existía una Cofradía de las Lágrimas de San Pedro durante la primera mitad del siglo XVIII, pero de muy escasos recursos, saliendo en procesión con una imagen del Apóstol unos años sí y otros no, ya que dependía su existencia de la agregación a otra u otras cofradías hasta que en pocos años se extinguió.
Las de Estepa son representaciones que remontan sus orígenes y significados a la Contrarreforma y todo lo que Trento significó para la Iglesia Católica, y que aún mantienen ese viejo sabor a antiguo. Al visitante que contempla por primera ves algunos de estos pasos les sorprende, le choca, que estos pasajes se representen, pero al final, después de observarlos en cualquier calle o esquina, sabrá comprender el peso y el valor que la Semana Santa tiene para el pueblo de Estepa.
Bibliografía:
La Hermandad de San Pedro en la Semana Santa del Barroco. José Javier Mateos Llamas.
Lº Aniversario de la reorganización de la Hermandad de San Pedro, Estepa. 2003
Nota: La Hermandad del Dulce Nombre ha recuperado recientemente la tradición de los 'pachones' en la mañana del Miércoles Santo.
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12/3/13
LA SEMANA SANTA ESTEPEÑA A FINALES DEL SIGLO XIX
Es el semanario estepeño La Voz de Estepa el que nos proporcionará la mayor parte de los datos sobre cómo era la Semana Santa de aquel tiempo y sobre las hermandades y cofradías existentes entonces.
1. Los cultos cuaresmales
No hemos visto muchas noticias relativas a este aspecto destacado de las cofradías, por lo que no podemos concluir gran cosa sobre su existencia o no, aunque nos inclinemos a pensar más bien en esto último, dado que los cultos que se realizaban por las hermandades de gloria o las sacramentales sí que eran recogidos puntualmente por el periódico. Las únicas noticias que hemos encontrado se refieren, por un lado, a la hermandad de Jesús Nazareno que en 1895 celebró un quinario “costeado por una familia devota en acción de gracias” celebrado en la iglesia de San Sebastián “en las tardes de los domingos de Quincuagésima, primero, segundo y tercero de Cuaresma y el día de San José”, noticia que ciertamente contradice lo afirmado por García Almansa en el sentido de que hasta 1904 no se celebraron quinarios en honor del titular de la hermandad. La otra noticia se refiere a la novena que en febrero de 1883 y 1884 se le dedicó al Cristo de la Humildad y Paciencia en la iglesia de Santa María y que hemos de suponer a iniciativa de la hermandad del Dulce Nombre, si bien es posible que sea esta función la que se instituyó en tiempos del teniente de vicario don Joaquín Téllez tras la epidemia del cólera morbo que asoló Estepa a mediados de siglo.
Evidentemente, sí que se celebraban cultos en las dos parroquias durante la Semana Santa, los cuales se iniciaban con la función de las Palmas el Domingo de Ramos, palmas que, según “costumbre inmemorial” eran costeadas por el ayuntamiento estepeño, leemos en sus actas capitulares, y que el año 1890 fueron cincuenta. El Lunes Santo había un jubileo circular en la iglesia de La Asunción con “comunión general a las ocho y media, y desde esa hora misas rezadas hasta las once y media” y por la tarde el rezo de “la estación mayor al Santísimo Sacramento y Letanías de los Santos”; estas funciones eran costeadas por la hermandad o asociación josefina, que tenía su sede en dicha iglesia. El resto de la Semana, del Martes al Sábado Santo, se celebraban oficios solemnes en las dos parroquias. Antes, durante la Cuaresma, había “ejercicios espirituales” en los templos de La Asunción, El Carmen y Los Remedios y se celebraba una novena a la Virgen de los Dolores en San Sebastián, La Asunción y los Remedios.
2. Las cofradías en su estación de penitencia
Cuatro eran las corporaciones que realizaban estación de penitencia durante la Semana Santa estepeña de finales del siglo XIX: Al amanecer del Jueves Santo, desde la iglesia de Los Remedios y tras predicarse el llamado “sermón de Azotes”, salía la procesión de la hermandad del Cristo a la Columna con los pasos siguientes: la Santa Cruz, la Santa Cena, el Cristo amarrado a la Columna y Ntra. Sra. de los Dolores.
El Jueves Santo por la tarde y después de predicarse el “sermón del Dulce Nombre”, a eso de las cuatro, salía desde la iglesia de la Concepción esta hermandad en procesión con los siguientes pasos: la Santa Cruz, el Dulce Nombre de Jesús, el Cristo de la Humildad y Paciencia y Ntra. Sra. de los Dolores.
El Viernes Santo, a las 5 de la mañana, se predicaba en la iglesia de San Sebastián el sermón “de Pasión”, y a continuación salía el desfile procesional formado por los pasos de Jesús Nazareno, la Magdalena, la Verónica, San Juan y Ntra. Sra. de los Dolores.
A las 3 de la tarde del mismo Viernes, y también en la iglesia de San Sebastián, se predicaba el sermón “de Soledad”, y una hora más tarde salía la procesión de esta hermandad con los pasos del Cristo de la Salud, el Santo Entierro de Cristo y Ntra. Sra. de la Soledad; en esta estación penitencial, además iban “cuatro jóvenes figurando los cuatro Doctores de la Iglesia y una joven representando a la Verónica”.
Los cuatro desfiles procesionales llevaban acompañamiento musical, bien por alguna de las dos bandas de música que entonces había en la localidad, o bien por la capilla de música. A las cuatro procesiones también asistían los romanos, acerca de los cuales, publicaba el periódico el 29 de marzo de 1890, la siguiente nota:
La hermandad del Santo Cristo Amarrado a la Columna, además de los que ya tenía, ha uniformado varios romanos que, a caballo, harán el prendimiento en la Plaza de Los Remedios.
Con estos elementos, los “vistosos y adornados pasos” y los hábitos de color de los penitentes, los desfiles procesionales de Estepa ofrecían un buen golpe de vista y prestaban “el atractivo posible en ceremonias de esta clase”.
Una dirigida por don Miguel Borrego y la otra por don Antonio Rodas, ambas con el título de municipal.
3. Algunos aspectos criticados de aquella Semana Santa
Esta última frase, a medio camino entre el elogio y la censura, tomada del periódico del día 17 de marzo de 1883, nos sirve para adentrarnos en la crítica que desde esta publicación ejercieron algunos de sus redactores a determinados aspectos de las hermandades y cofradías que no les gustaban. Un tema recurrente sobre el que ejercer la crítica era el de los demandantes a los que se dedicaban lacerantes comentarios:
Señor alcalde: en nombre de la tranquilidad turbada de los vecinos y para evitar, en cuanto sea posible, ciertos sobresaltos, indigestiones, sustos y otros excesos, llamamos la atención de su autoridad acerca del infinito número de sablazos, apabullos y sangrías que en esta época del año sufren los atribulados contribuyentes de parte de los demandantes de cofradías y hermandades.
Y sobre todo a la proliferación de los mismos pues se dice también que raro era el día en que “no tropieza uno con dos, cuatro, seis y hasta ocho individuos armados con la consabida taza de ‘sangrador’ que le espetan por las narices”.
Unos años después, en 1885, un redactor, dándose ya por vencido en cuanto a su intención de que desapareciera la figura del demandante, nos dejó una crónica sobre otros aspectos de la Semana Santa que tampoco le gustaban, a juzgar por los términos tan críticos que utilizó en la misma, empezando por la costumbre de cantar saetas:
En cambio, la costumbre de cantar saetas es una bonita costumbre. Si señor: ¿por qué negarlo? ¡vaya si lo es! Porque las cantan con un estilo... Aún recuerdo aquella que dice: En la calle La Amargura// hay una piedra redonda// donde Jesús puso el pie// para subir a la gloria. Lo que quiere decir que si Jesús no hubiera encontrado piedra donde hacer hincapié, de seguro se queda en tierra. Y no vayan ustedes a creerse que la citada saeta constituye una excepción. Nada de eso: como ésta son casi todas.
Continúa su acerba crítica arremetiendo contra los romanos:
Algunos han comparado a nuestras legiones con las comparsas ridículas de una opereta bufa. Otros, de gusto un tanto churrigueresco, se han impresionado ante el aspecto marcial de los guerreros y ante el brillo del oro y la percalina de sus trajes chillones y carnavalescos. Los incrédulos han tenido materia bastante para emplear el ridículo. La generalidad se ha lamentado de que semejantes profanaciones tengan lugar en la semana más grande del año y que más santos recuerdos encierra para los verdaderos católicos.
Y finaliza su artículo lanzando sus críticos dardos contra otras figuras que formaban parte de los cortejos procesionales:
Aquel Judas grotesco que linterna en mano oficiaba de payaso en una de nuestras procesiones ha desaparecido. El año que se supriman los romanos y todos esos mamarrachos que sirven más bien para mover a risa que a devoción, entonces el culto no perderá nada y el respetable clero de este arciprestazgo dará una prueba más de su reconocida ilustración.
De las palabras de este articulista, cuyo nombre ignoramos, podemos sacar como conclusión que la Semana Santa de Estepa de su época era más parecida a lo que hoy pueda ser la de pueblos cercanos como Puente Genil o Herrera. Se refiere aquí, a nuestro entender, entre otros, a los figurantes que hacían de la Verónica y los Doctores de la Iglesia en la procesión del Santo Entierro, como hemos visto más arriba. que a los actuales desfiles procesionales de nuestro pueblo. Nótese, finalmente,la pequeña pulla que lanza a la clerecía local...
1. Los cultos cuaresmales
No hemos visto muchas noticias relativas a este aspecto destacado de las cofradías, por lo que no podemos concluir gran cosa sobre su existencia o no, aunque nos inclinemos a pensar más bien en esto último, dado que los cultos que se realizaban por las hermandades de gloria o las sacramentales sí que eran recogidos puntualmente por el periódico. Las únicas noticias que hemos encontrado se refieren, por un lado, a la hermandad de Jesús Nazareno que en 1895 celebró un quinario “costeado por una familia devota en acción de gracias” celebrado en la iglesia de San Sebastián “en las tardes de los domingos de Quincuagésima, primero, segundo y tercero de Cuaresma y el día de San José”, noticia que ciertamente contradice lo afirmado por García Almansa en el sentido de que hasta 1904 no se celebraron quinarios en honor del titular de la hermandad. La otra noticia se refiere a la novena que en febrero de 1883 y 1884 se le dedicó al Cristo de la Humildad y Paciencia en la iglesia de Santa María y que hemos de suponer a iniciativa de la hermandad del Dulce Nombre, si bien es posible que sea esta función la que se instituyó en tiempos del teniente de vicario don Joaquín Téllez tras la epidemia del cólera morbo que asoló Estepa a mediados de siglo.
Evidentemente, sí que se celebraban cultos en las dos parroquias durante la Semana Santa, los cuales se iniciaban con la función de las Palmas el Domingo de Ramos, palmas que, según “costumbre inmemorial” eran costeadas por el ayuntamiento estepeño, leemos en sus actas capitulares, y que el año 1890 fueron cincuenta. El Lunes Santo había un jubileo circular en la iglesia de La Asunción con “comunión general a las ocho y media, y desde esa hora misas rezadas hasta las once y media” y por la tarde el rezo de “la estación mayor al Santísimo Sacramento y Letanías de los Santos”; estas funciones eran costeadas por la hermandad o asociación josefina, que tenía su sede en dicha iglesia. El resto de la Semana, del Martes al Sábado Santo, se celebraban oficios solemnes en las dos parroquias. Antes, durante la Cuaresma, había “ejercicios espirituales” en los templos de La Asunción, El Carmen y Los Remedios y se celebraba una novena a la Virgen de los Dolores en San Sebastián, La Asunción y los Remedios.
2. Las cofradías en su estación de penitencia
Cuatro eran las corporaciones que realizaban estación de penitencia durante la Semana Santa estepeña de finales del siglo XIX: Al amanecer del Jueves Santo, desde la iglesia de Los Remedios y tras predicarse el llamado “sermón de Azotes”, salía la procesión de la hermandad del Cristo a la Columna con los pasos siguientes: la Santa Cruz, la Santa Cena, el Cristo amarrado a la Columna y Ntra. Sra. de los Dolores.
El Jueves Santo por la tarde y después de predicarse el “sermón del Dulce Nombre”, a eso de las cuatro, salía desde la iglesia de la Concepción esta hermandad en procesión con los siguientes pasos: la Santa Cruz, el Dulce Nombre de Jesús, el Cristo de la Humildad y Paciencia y Ntra. Sra. de los Dolores.
El Viernes Santo, a las 5 de la mañana, se predicaba en la iglesia de San Sebastián el sermón “de Pasión”, y a continuación salía el desfile procesional formado por los pasos de Jesús Nazareno, la Magdalena, la Verónica, San Juan y Ntra. Sra. de los Dolores.
A las 3 de la tarde del mismo Viernes, y también en la iglesia de San Sebastián, se predicaba el sermón “de Soledad”, y una hora más tarde salía la procesión de esta hermandad con los pasos del Cristo de la Salud, el Santo Entierro de Cristo y Ntra. Sra. de la Soledad; en esta estación penitencial, además iban “cuatro jóvenes figurando los cuatro Doctores de la Iglesia y una joven representando a la Verónica”.
Los cuatro desfiles procesionales llevaban acompañamiento musical, bien por alguna de las dos bandas de música que entonces había en la localidad, o bien por la capilla de música. A las cuatro procesiones también asistían los romanos, acerca de los cuales, publicaba el periódico el 29 de marzo de 1890, la siguiente nota:
La hermandad del Santo Cristo Amarrado a la Columna, además de los que ya tenía, ha uniformado varios romanos que, a caballo, harán el prendimiento en la Plaza de Los Remedios.
Con estos elementos, los “vistosos y adornados pasos” y los hábitos de color de los penitentes, los desfiles procesionales de Estepa ofrecían un buen golpe de vista y prestaban “el atractivo posible en ceremonias de esta clase”.
Una dirigida por don Miguel Borrego y la otra por don Antonio Rodas, ambas con el título de municipal.
3. Algunos aspectos criticados de aquella Semana Santa
Esta última frase, a medio camino entre el elogio y la censura, tomada del periódico del día 17 de marzo de 1883, nos sirve para adentrarnos en la crítica que desde esta publicación ejercieron algunos de sus redactores a determinados aspectos de las hermandades y cofradías que no les gustaban. Un tema recurrente sobre el que ejercer la crítica era el de los demandantes a los que se dedicaban lacerantes comentarios:
Señor alcalde: en nombre de la tranquilidad turbada de los vecinos y para evitar, en cuanto sea posible, ciertos sobresaltos, indigestiones, sustos y otros excesos, llamamos la atención de su autoridad acerca del infinito número de sablazos, apabullos y sangrías que en esta época del año sufren los atribulados contribuyentes de parte de los demandantes de cofradías y hermandades.
Y sobre todo a la proliferación de los mismos pues se dice también que raro era el día en que “no tropieza uno con dos, cuatro, seis y hasta ocho individuos armados con la consabida taza de ‘sangrador’ que le espetan por las narices”.
Unos años después, en 1885, un redactor, dándose ya por vencido en cuanto a su intención de que desapareciera la figura del demandante, nos dejó una crónica sobre otros aspectos de la Semana Santa que tampoco le gustaban, a juzgar por los términos tan críticos que utilizó en la misma, empezando por la costumbre de cantar saetas:
En cambio, la costumbre de cantar saetas es una bonita costumbre. Si señor: ¿por qué negarlo? ¡vaya si lo es! Porque las cantan con un estilo... Aún recuerdo aquella que dice: En la calle La Amargura// hay una piedra redonda// donde Jesús puso el pie// para subir a la gloria. Lo que quiere decir que si Jesús no hubiera encontrado piedra donde hacer hincapié, de seguro se queda en tierra. Y no vayan ustedes a creerse que la citada saeta constituye una excepción. Nada de eso: como ésta son casi todas.
Continúa su acerba crítica arremetiendo contra los romanos:
Algunos han comparado a nuestras legiones con las comparsas ridículas de una opereta bufa. Otros, de gusto un tanto churrigueresco, se han impresionado ante el aspecto marcial de los guerreros y ante el brillo del oro y la percalina de sus trajes chillones y carnavalescos. Los incrédulos han tenido materia bastante para emplear el ridículo. La generalidad se ha lamentado de que semejantes profanaciones tengan lugar en la semana más grande del año y que más santos recuerdos encierra para los verdaderos católicos.
Y finaliza su artículo lanzando sus críticos dardos contra otras figuras que formaban parte de los cortejos procesionales:
Aquel Judas grotesco que linterna en mano oficiaba de payaso en una de nuestras procesiones ha desaparecido. El año que se supriman los romanos y todos esos mamarrachos que sirven más bien para mover a risa que a devoción, entonces el culto no perderá nada y el respetable clero de este arciprestazgo dará una prueba más de su reconocida ilustración.
De las palabras de este articulista, cuyo nombre ignoramos, podemos sacar como conclusión que la Semana Santa de Estepa de su época era más parecida a lo que hoy pueda ser la de pueblos cercanos como Puente Genil o Herrera. Se refiere aquí, a nuestro entender, entre otros, a los figurantes que hacían de la Verónica y los Doctores de la Iglesia en la procesión del Santo Entierro, como hemos visto más arriba. que a los actuales desfiles procesionales de nuestro pueblo. Nótese, finalmente,la pequeña pulla que lanza a la clerecía local...
10/3/13
LAS HERMANDADES Y COFRADÍAS ESTEPEÑAS EN EL SIGLO XIX
Como es sabido, el expediente formado por el Consejo de Castilla sobre “Reforma, extinción y respectivo arreglo de las Cofradías erigidas en las Provincias y Diócesis
del Reino”, culminado en 1783 con la real resolución de Carlos III, supuso en la práctica la desaparición del modelo de cofradía vigente durante el barroco en Castilla y Andalucía. Para el caso de Estepa, la aplicación práctica de esta disposición significó la desaparición de la mayoría de sus hermandades y cofradías, subsistiendo tan sólo aquellas que consiguieron adaptar sus estatutos a la nueva legislación o se fusionaron con corporaciones permitidas por las autoridades, tales como las sacramentales o de ánimas. Así, la hermandad del Cristo a la Columna subsistió, entre otras razones, por su renovación de los estatutos y la agregación en 1815 a la hermandad sacramental de la parroquia. La de Jesús Nazareno, aunque suprimida en todas sus variantes, fue autorizada de nuevo a partir de 1801, también mediante la reforma de sus estatutos y la fusión con otras corporaciones. Otras cofradías, como la de San Pedro de penitencia, el Dulce Nombre o La Soledad no tuvieron tanta suerte.
El siglo XIX es un periodo un tanto oscuro para la vida de estas corporaciones desde el punto de vista historiográfico, dada la carencia de fuentes. Todo parece indicar que al menos hasta la mitad del siglo las hermandades y cofradías llevaron una existencia lánguida, en parte debido a los acontecimientos políticos vividos en aquella época, que desembocaron en la liquidación del llamado Antiguo Régimen.
No fue hasta el último cuarto de siglo que, al compás de la tranquilidad política que trajo la Restauración, las cofradías estepeñas comenzaron otra vez a tomar cierto auge. Un hecho que pensamos tuvo que ver también en el nuevo desarrollo de estas cofradías fue la desaparición de la vicaría vere nullius de Estepa y su incorporación como arciprestazgo a la archidiócesis hispalense. Sin querer extendernos mucho sobre el particular, hemos de señalar aquí como ya los mandatos de la visita canónica girada a este territorio por un delegado episcopal con vistas a esta incorporación se ocupaban de las cofradías, al ordenar lo siguiente:
Declaramos a los párrocos presidentes de las cofradías o hermandades piadosas que funcionen dentro de sus iglesias parroquiales o sus capillas anexas, y les encargamos se cercioren si dichas instituciones están congregadas o aprobadas sus reglas por la autorización in scriptis de los señores Vicarios Generales de esta villa, advirtiendo a los cofrades o hermanos la obligación que tienen, en caso negativo, de cumplir con este requisito canónico con el Prelado ordinario para ser reconocidas sus congregaciones por el mencionado Sr. Diocesano, sobre lo que darán cuenta oficial a su Sr. Secretario de Cámara.
Una de las cofradías que sabemos se aprestó a cumplir con el precepto anterior fue la de La Soledad que en aquel mismo año presentó unos nuevos estatutos para su aprobación por el nuevo ordinario. Sin embargo, este empuje no duró mucho en el tiempo, pues consta que en febrero de 1890 la cofradía tuvo que reorganizarse de nuevo a instancia del párroco de San Sebastián, don Juan Fuentes del Río, según nos informa el periódico local El Eco de Estepa en su nº 380 de 1 de marzo de aquel año. Por otra parte, de la hermandad de San Pedro en este siglo sólo sabemos que existió un intento para su reorganización llevado a cabo, como nos informa el periódico en su nº 127 de 25 de abril de 1885, por “varias personas piadosas de esta localidad”. Según parece, aunque este intento no tuvo el final deseado, la devoción al santo sí que siguió existiendo, pues años después el mismo periódico anunciaba el 29 de junio de 1889 la celebración de una función religiosa en honor a San Pedro en la que habría “sermón y misa con acompañamiento de la capilla de música”.
9/3/13
CONCIERTO DE CUARESMA 2013: XXV AÑOS DE PASIÓN
La Banda de Música A.C. "Amigos de la Música" de Estepa, organiza su tradicional Concierto de Cuaresma, este año en conmemoración de los 25 años de la fundación de la Banda y los 25 años que llevan acompañando a las Dolorosas de la Semana Santa estepeña por sus calles. El concierto se celebrará en la iglesia de San Sebastián, el sábado 16 de marzo, a las 9:15 de la noche.
El concierto "XXV Años de Pasión" será presentado por J. Manuel Cecilia Atero y contará con la presencia de Joaquín J. Quirós González, fundador de la banda, y la participación del coro del Conservatorio Elemental municipal y la Escuela de Música "Diego de Salazar" de Estepa. Además asistirá el compositor sevillano Manuel Marvizón Carvallo, quien estrenará una nueva marcha, "Madre Dolorosa", dedicada a María Stma. de los Dolores, titular de la Hermandad de Jesús Nazareno de nuestro pueblo.
8/3/13
IV VIA CRUCIS JUVENIL EN ESTEPA
El Grupo Joven de la Hermandad Obrera de Las Angustias organiza el próximo 15 de marzo el IV Via Crucis Juvenil de Estepa a las 9:30 de la tarde con la participación de todos los grupos jóvenes de la localidad.
El acto tendrá lugar en la plaza junto a la Ermita de Santa Ana, sede de la Hermanad de Las Angustias, donde entre todos los jóvenes se compartirá un rato de oración y acercamiento con Cristo Nuestro Señor y su Madre María Santísima. Se trata de una convivencia entre jóvenes en la Cuaresma con el fin de compartir experiencias cofrades, vivencias y fe.
Después de dicho acto religioso, se celebrará una cena y encuentro de convivencia entre todos los integrantes de los grupos jóvenes en la Casa Hermandad de Las Angustias.
LA REFORMA DE LAS ORDENANZAS DEL S. XVIII
En tiempos de Carlos III, la Monarquía intento controlar los centros benéficos a través de diversos edictos y legislaciones, y así alejarlos de las manos de la Iglesia. La reforma pretendía la centralización hospitalaria de los bienes de las cofradías y hermandades, por los que las cofradías que no cumplieran con los estatutos fijados serían suprimidas. Esta nueva reforma hizo que se reorganizaran las hermandades y se realizaran nuevas Ordenanzas, favoreciendo la fusión de las instituciones y la desaparición de otras.
Los primeros movimientos que se vieron en Estepa ocurrieron principalmente por motivos económicos. La cofradía del Corpus Christi tuvo que fusionarse hacia 1728 con la hermandad del Rosario del Carmen, con más pujanza económica, para poder mantener su Hospital de pobres transeúntes. En cuanto a la hermandad del Rosario de los Remedios quedó agregada en 1733 a la de la Veracruz, con graves problemas económicos, y así recuperar la Casa de niños expósitos.
En Estepa la gran reforma de las hermandades y cofradías se produjo bajo Carlos IV. Esta reforma de los Estatutos se apoyaba en dos pilares que todas las hermandades y cofradías debían cumplir: la aprobación Real, a través del Consejo de Castilla, ya que hasta este momento sólo tenían la aprobación eclesiástica del Vicario de la villa, y la obligación de dedicarse a obras piadosas que fueron beneficiosas para la humanidad.
La gran reforma se inició en 1789 cuando la Cofradía y Hospital de la Asunción pidió al Consejo que se extinguiera la hermandad del Rosario homónima. El Consejo solicitó al Alcalde y al Vicario en 1791 que se suprimieran todas las hermandades a excepción de la cofradía del Hospital, de la Sacramental y la de Ánimas. Así se suprimieron el Dulce Nombre, Santo Cristo de la Columna, la de Ntra. Sra. del Rosario de la Iglesia Mayor, la del Rosario de la Veracruz, la del Rosario de Mujeres de los Remedios, la de la Concepción, la cofradía de Jesús de Luces, la cofradía de Jesús de Cruces y la del Santo Entierro. Los beneficios y alhajas de las hermandades suprimidas quedaron en manos del Hospital de la Asunción.
Esto supuso que sólo quedaran las hermandades que regían los dos hospitales de la villa: la cofradía de la Asunción y la hermandad del Carmen. Sin embargo, en 1796 el Concejo propuso que el hospital del Carmen se integrara en el de la Asunción. La hermandad del Carmen alegó para mantener la independencia que el hospital de la Asunción no tenía capacidad suficiente y eran de costumbres diferentes.
En 1791 había erigidas en la villa quince hermandades del Rosario que sólo contaban con la aprobación del Vicario. Las hermandades del Rosario estaban repartidas por las ermitas de la Veracruz, Carmen, Asunción, Concepción y Santa María, y habían divido al pueblo creando bandos y partidos. Muchas de estas hermandades tenían un imagen común por lo que su natural evolución fue la integración en la más poderosa. Así ocurrió en la Iglesia de la Asunción donde los beneficios y alhajas de las dos hermandades del Rosario que había en el templo (de la Asunción y de la Aurora) quedaron en depósito y después en manos de la Real Junta de Caridad del Hospital de la Asunción desde 1794.
Las hermandades estepeñas comenzaron a redactar sus nuevas Ordenanzas siendo expedidas en 1794. Por diversos motivos las Ordenanzas de las hermandades no comenzaron a revisarse hasta 1797.
La hermandad del Stmo. Cristo de la Columna había aprobado en 1752 sus reglas en las que se recogía su obra de beneficencia a través de la Junta de Caridad. Esta Junta se encargaba del entierro de los ajusticiados y de los pobres de los hospitales, y así lo volvieron a reflejar en sus Ordenanzas de 1797. Sin embargo, la hermandad del Cristo también fue propuesta para unirse con la de la Veracruz-Remedios del mismo templo. Las hermandades argumentaron para conservar su independencia que se dedicaban a actividades distintas y que la fusión podía suponer la pérdida de alguna de sus instituciones benéficas. Por su parte, la hermandad de la Veracruz-Remedios estableció en 1793 una Escuela Pía de Niñas para atender a las niñas pobres de Estepa. El expediente de los Remedios fue examinado en 1801 y el resto en 1804. Por otro lado, la hermandad del Stmo. Cristo de la Columna se uniría a la Sacramental de su parroquia.
Por su parte, la hermandad de San Pedro se vio envuelta en un pleito por controlar la Obra Pía del Pecado Mortal, donde los hermanos pedían limosna por los barrios, con la Orden Servita de Ntra. Sra. de los Dolores. Ambas instituciones tuvieron que fusionarse y sus ordenanzas fueron aprobadas en 1806.
La Congregación de Jesús Nazareno quedó formada por tres cuerpos, uno de eclesiásticos y dos de seglares, el de Cruces y el de Luces, pero a raíz de la reforma tuvo conflictos internos entre los seglares. La hermandad de Jesús Nazareno se uniría tanto a la Sacramental de su parroquia como a la de Ánimas.
En 1811, durante el reinado de Jose I Bonaparte, se devolvieron los expedientes sin censura al desaparecer el Consejo de Castilla. El proceso reformista quedó truncado y las hermandades entraron en uno de los períodos más precarios de su historia y que se acentuarán después con las desamortizaciones de corte liberal.
Bibliografía:
-La beneficencia en las hermandades y cofradías estepeñas. Ezequiel Díaz Fernández y José Javier Mateos Llamas. IV Jornadas sobre Historia de Estepa. La Vicaría eclesiástica de Estepa, 2000
-Archivo general del Arzobispado. Memorial de
aprobación de Reglas de Hermandades de Estepa, legajo 143 de hermandades.
-Beneficencia desde el siglo XVI al XVIII. Devociones de Estepa. 2013
-Las cofradías estepeñas a principios del siglo XVIII. Devociones de Estepa. 2017
-Origen de pleitos en las hermandades estepeñas. Devociones de Estepa. 2019
-Beneficencia desde el siglo XVI al XVIII. Devociones de Estepa. 2013
-Las cofradías estepeñas a principios del siglo XVIII. Devociones de Estepa. 2017
-Origen de pleitos en las hermandades estepeñas. Devociones de Estepa. 2019
6/3/13
BENEFICENCIA DESDE EL S. XVI AL XVIII
1. Los Hospitales
Las hermandades y cofradías de Estepa tenían diversas formas de ejercer la caridad cristiana, siendo el hospital el más antiguo conocido en Estepa. Los primeros centros hospitalarios cristianos surgieron en el siglo IV en el Imperio Romano de Oriente. Podían ser albergues para peregrinos, albergues para forasteros o casa para los enfermos. La fundación de estos centros permitía ayudar a personas necesitadas, así como alcanzar la gracia de la divinidad a los que los mantenían. En Hispania la primera institución de este tipo fue en el año 580 en Mérida.
En la Edad Media estos centros quedaron bajo el amparo de las instituciones eclesiásticas: monasterios, catedrales, parroquias, etc. Con la Reconquista se le dio un nuevo impulso a la fundación de hospitales en las ciudades ganadas al Islam, influenciados por el miedo a la peste, el aumento de la pobreza y el auge de las peregrinaciones a enclaves devocionales. Durante el siglo XIV y XV surgen las hermandades y cofradías de penitencia que se dedicarán al ejercicio de la beneficencia mediante la creación de centros asistenciales. Otras obras de beneficencia tendrán un carácter ceremonial, dando sepultura a los muertos.
Los dos hospitales que se erigieron en Estepa estarán a cargo de las cofradías de la Asunción y del Cuerpo de Cristo. Se conoce que el hospital de Santa María o de la Asunción ya existía en 1509, aunque la primera referencia a la cofradía data de 1549. Sin embargo, la cofradía de la Asunción es considerada la más antigua de Estepa, remontándose a la época de la conquista de Estepa por Fernando III en el siglo XIII. El primer testimonio documental que se refiere a la cofradía del Cuerpo de Cristo o del Cuerpo de Dios es de 1507, aunque tanto la cofradía como el hospital son mucho más antiguos. Estos datos se recogen en las actas de visitadores de la Orden de Santiago.
Desde el siglo XVI al XVIII, las instituciones se vieron envueltas en pleitos de índole económica (corrupción, financiación, arrendamientos…) y otros por cuestiones de prestigio, en lo que se refiere a la antigüedad de las cofradías y hermandades. En ambos casos, se apela al tribunal de la Vicaría o al Vicario, como Juez Eclesiástico de la zona.
En 1594 las dos cofradías competieron por ser la más veterana de Estepa y así ocupar el lugar más cercano a la cruz y a los clérigos en las procesiones. La cofradía de la Asunción alegó que su fundación se remonta a la época de la conquista de Estepa a los musulmanes en el día precisamente de la Asunción, calificándose de “inmemorial”. La cofradía del Corpus Christi que por respeto y reconocimiento al Santísimo Sacramento de la Comunión debía ocupar el lugar más cercano.
El modelo de recogimiento normal de este tipo de instituciones era la de proporcionar casa, cama y ropa, repartir limosna, curar a los pobres enfermos y enterrarlos si fallecían, todo a costa del hospital, es decir, de la cofradía. Contaban desde 6 a 12 camas y admitían a ambos sexos aunque separados por salas. Debían contar con una capilla, por lo que acababan asimilándose con una ermita o iglesia, como la Iglesia de la Asunción o la antigua Iglesia del Cristo de la Sangre en Estepa.
Por otra parte, las cofradías seguían un reglamento para regir la administración y organización de los establecimientos. Para su financiación contaban principalmente con las donaciones de los devotos llegando a contar con propiedades inmobiliarias o rurales, tributos y limosnas, ventas y rentas. La gestión del hospital también suponía gastos en los salarios de los empleados, obras y reparos, costes de pleitos.
En el siglo XVI el hospital de la Asunción se encontraba intramuros en el cerro de San Cristóbal. Los visitadores lo describen como “(…) en linde con casas de Jurado Martín (…) es una casa que entrando por ella tiene un portal angosto y más adentro tiene un patio. A la mano izquierda, entrando por la puerta tiene una cocina larga en que está una chimenea para los pobres. A la mano derecha y frontero de la calle está un corral y adentro está un dormitorio para los pobres, dividido en dos piezas y en el dicho dormitorio hay ocho camas, y en cada cama un colchón de lana y una sábana y una manta y una almohada, todo de ropa nueva. Cabe este dormitorio está otra pieza que es el aposento del hospitalero y delante de esta pieza está otro corral. Tiene el dicho hospital una caldera buena y un asador y una sartén y tres candiles. Tiene asimismo allende de las ocho camas, otra cama en que duerme el hospitalero con un colchón y dos mantas y una almohada y una tinaja para agua y una arca vieja” “A la entrada del dicho hospital, encima de la puerta de él, está una imagen de Nuestra Señora y a los lados de ella está Dios Padre y al otro lado Dios Hijo y el Espíritu Santo y alrededor cinco ángeles.” Con la creciente devoción a la advocación asuncionista de los años 50 las camas aumentaron a 15.
La cofradía del Corpus Christi tenía el hospital cercano a una de las puertas de acceso al recinto amurallado junto a su ermita del Cristo de la Sangre, dando nombre a la calle “Cuesta de la Sangre”, hoy Carril de Santa Clara. Los visitadores lo describen así: “(…) y ha por linderos casas de Juan González de Osuna y casa de la Chicana. La entrada de ella tiene un portal blanco; y a la una mano y a la otra estaba una chimenea para los pobres que allí vienen. Entrando por otra puerta de en medio, más adentro, a la mano izquierda estaba un dormitorio dividido en dos piezas en el cual hay siete camas, y a l a mano derecha está una pieza en que está el hospitalero; y más adentro está un patio empedrado de piedra menuda y en medio dél que está un pozo y más adentro un trascorral pequeño una caballeriza pequeña. Las dichas siete camas que están en el dicho dormitorio tiene cada una un colchón y una sábana y una manta y una almohada”.
Es posible que los dos hospitales estuvieran especializados: el de la Asunción en la recogida y cuidado de los pobres enfermos y el Corpus Christi en hospedar por tiempo limitado, tres días como mucho, a los mendigos y transeúntes pobres.
En el siglo XVII los hospitales de la Asunción y del Corpus Christi abandonaron sus primitivos emplazamientos para situarse en las zonas de reciente construcción. La cofradía de la Asunción construyó el hospital cerca de su ermita en la calle Mesones (hoy Castillejos). La primera construcción de 1616 fue sustituida por la definitiva en 1652. Por su parte, la cofradía del Corpus Christi levantó su sede y ermita en la que hoy en día es Iglesia del Carmen, trasladando la antigua imagen de su titular en lienzo. El motivo fue el derribo del antiguo oratorio para la construcción de la Iglesia de la Concepción. En 1662 Juan Martín dona, tras su muerte, la imagen de la Virgen del Carmen a la ermita, convirtiéndose en la principal devoción en el siglo XVIII y agregándose a su cofradía.
A partir del siglo XVIII, los hospitales aumentarán su patrimonio por el auge de las devociones a la Virgen de la Asunción y a la Virgen del Carmen, culto que se incrementará con el nacimiento de las hermandades del Rosario. Pero es también en este siglo cuando comienza su decadencia, a raíz de la reforma de Estatutos en las que todas las cofradías y hermandades debían contar, además de la aprobación eclesiástica del Vicario de la villa, con la aprobación Real.
Las cofradías que regían los hospitales entraron en conflicto con las hermandades del Rosario que se habían fundado en sus templos: la del Carmen en la ermita de la Sangre y la de la Asunción en su sede homónima. Las cofradías cedieron cierta cantidad a las hermandades para sufragar sus gastos, pero acarrearon el deterioro de los bienes de los hospitales. La solución fue distinta para las dos cofradías históricas: la cofradía del Corpus Christi tuvo que fusionarse con la hermandad del Rosario del Carmen, con más pujanza económica. Por otro lado, la cofradía de la Asunción consiguió mantener su hospital sin necesitar de la hermandad del Rosario homónima, pero quedando bajo protección de la Corona desde 1794, denominándose desde entonces Real Junta de Caridad del Hospital de Nuestra Señora de la Asunción. Y a su vez, suprimió las dos hermandades del Rosario que había en el templo (de la Asunción y de la Aurora).
En 1796 el Concejo propuso la fusión de los dos hospitales, quedando en suspenso hasta la aprobación de las Ordenanzas. La hermandad del Carmen alegó para mantener la independencia que el hospital de la Asunción no tenía capacidad suficiente y eran de costumbres diferentes. Ya avanzado el s. XVIII el hospital del Carmen desaparece.
En 1836 la desamortización de Mendizábal provoca que la Junta de Caridad del hospital de la Asunción se reconvierta en Junta Municipal de Beneficencia, haciéndose cargo de todo lo referente a la beneficencia pública en Estepa. La beneficencia pasa así a las autoridades laicas.
2. La Casa de Niños Expósitos
La Casa de Niños expósitos estaba a cargo de la Cofradía de la Veracruz, con sede en su templo homónimo. La institución llegó a arruinarse, lo que provocó su fusión en 1733 con la emergente Hermandad del Rosario de los Remedios, con sede en el mismo templo, a petición de los hermanos de la Veracruz. En 1793 establecieron también una Escuela Pía de Niñas ya que no existía ninguna de esta clase en Estepa, donde las niñas pobres aprendían el Catecismo, a leer y costura.
3. Ajusticiados
La Hermandad del Santísimo Cristo de la Columna se había dedicado a asistir espiritual y materialmente a los condenados a muerte y también se encargaban de sufragar su sepelio a través de su Junta de Caridad, conocida también como Hermandad de la Santa Caridad, según se recoge en sus Ordenanzas. En un documento antiguo de 1669 se insinúa su fundación en 1649.
Esta caridad se practicaba cuidando del aseo de la capilla en donde se hallaban los condenados a muerte así como de darles alimento y lecho. La atención a los eclesiásticos que auxiliaban a los ajusticiados también corría a cargo de la Junta. Si un hermano se negaba a cumplir dichas normas era expulsado de la cofradía.
Mientras los reos se encontraban en la capilla, se recogían limosnas para sufragar misas por los pobres. Después acompañaban al reo al suplicio, yendo delante de los ministros de justicia y rezando el rosario. Durante la ejecución de la sentencia, permanecían de rodillas en el lugar más cercano posible rezando a Dios por el alma del desgraciado y, una vez ejecutado, se dejaban dos luces encendidas mientras estuviera el cadáver en el cadalso. Luego pedían licencia al juez para recoger el cadáver, colocarlo en el féretro y llevarlo a hombros hasta enterrar. El mismo proceso se hacía con los que se colocaban en los caminos para escarmiento de otros delincuentes. Finalmente, se le pagaba tres reales de vellón al enterrador.
También acudían a enterrar a aquellos pobres que muriesen en cualquiera de los hospitales de la villa. Esta obra de caridad se mantiene en la Archicofradía de Paz y Caridad, que se encarga de sufragar los entierros de los ancianos del asilo, heredero del hospital de la Asunción.
Bibliografía:
-El Hospital de la Asunción de Estepa. Estudio económico de una institución de beneficencia. Navarro Domínguez, JM. IV Jornadas sobre historia de Estepa. Ed. Ayto de Estepa, 2000
-La beneficencia en las hermandades y cofradías estepeñas. Díaz Fernández, E. y Mateos Llamas, JJ. IV Jornadas sobre historia de Estepa. Ed. Ayto de Estepa, 2000
-El viejo Hospital de Estepa. Rodríguez Crujera, A. Desde la Alcazaba. 2009
-Las cofradías estepeñas a principios del siglo XVIII. Devociones de Estepa. 2017
-La reforma de las ordenanzas del siglo XVIII. Devociones de Estepa. 2013
-Origen de pleitos en las hermandades estepeñas. Devociones de Estepa. 2019
4/3/13
SEMANA SANTA EN LA ESTEPA DEL BARROCO
Según un trabajo realizado por el catedrático D. José Sánchez Herrero, apoyándose en varios documentos de finales del siglo XVII y principios del XVIII, podemos conocer una relación bastante completa sobre las hermandades que conformaban la Semana Santa en Estepa. Comenzaban las procesiones el Miércoles Santo por la tarde en que salía la Cofradía de las Lágrimas de San Pedro o del Dulce Señor San Pedro, como se le conoce en algunos documentos, acompañado por una Dolorosa y por un Señor de las Penas.
El Jueves Santo por la tarde, después del Mandato (ceremonia del lavatorio de pies), salía la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús desde la Iglesia de Santa María la Mayor, acompañado de chirimías y de escolanía.
A esta misma hora de la noche salía de la ermita de la Vera Cruz la procesión de la Vera Cruz que estaba integrada por tres cofradías: la Santa Vera Cruz, la del Santo Cristo de los Azotes y la de Ntra. Sra. de los Remedios. De la cofradía del Santo Cristo se dice que en la procesión tomaban parte disciplinantes, el paso del Cristo cubierto de centeno, una trompeta y se iluminaba con un candil. La cofradía de la Veracruz sacaba un Jesús con la Cruz a cuestas. Según una serie de inventarios fechados entre 1636 y 1716 se hallaban en la ermita de la Veracruz otras imágenes pertenecientes a estas cofradías distinguiéndose la de Jesús Resucitado, pero no hay evidencia de que saliera en procesión, aunque sí se celebraba el día de la Pascua de Resurrección con una danza de gitanas.
El Viernes Santo de madrugada salía de la Iglesia de San Sebastián la cofradía de Jesús Nazareno, fundada en 1626, acompañada de la pronunciación de un sermón. Salía un Jesús Nazareno acompañado en sendas parihuelas por la Dolorosa, San Juan y la Verónica, todas de vestir. Una vez recogida la cofradía en su templo, se celebraban a continuación los Oficios Divinos de este día.
Terminados los Oficios, salía del Convento de Santa Clara la Cofradía de la Vía Sacra que se recogía a las dos de la tarde. Recogida la anterior, salía del Convento de Ntra. Sra. de la Victoria la Hermandad del Santo Entierro. De estas dos procesiones no tenemos datos porque las fuentes se muestran parcas en detalles. La única referencia cierta sobre un Vía Crucis en Estepa era el que partía desde la ermita de San Antonio Abad hasta Santa María, emulando la ascensión de Jesús al Gólgota. Restos del citado Vía Crucis son los vestigios en piedra diseminados por el cerro de San Cristóbal así como una lápida aparecida en San Marcos. En cuanto al Santo Entierro, la antigüedad de la imagen contemporánea no nos permite dudar que sea la misma que procesionaba en el siglo XVII e incluso antes. Tampoco nos informan los archivos que hubiera alguna representación del Descendimiento, pero el tener al Cristo los brazos articulados hace suponer que sí se hiciera.
Muchos eclesiásticos de Estepa eran hermanos de las cofradías y salían en las procesiones en hábito de penitentes por lo que las autoridades eclesiásticas vetaron esta conducta, ya que su deber era vestir con sus hábitos clericales. Estos sacerdotes iban junto a los hermanos mayores, con sotana y manteo. A su vez, había hermandades constituidas por sacerdotes, como la originaria de San Pedro de la que tienen noticias desde 1564, aunque no sabemos si guardaba alguna relación con la que se fundó en la Iglesia de la Asunción en 1674, bajo la advocación de las Lágrimas de San Pedro.
El siglo XVIII supone la consolidación de la Semana Santa estepeña, favorecida por un aumento inusitado de las devociones. Esto se traduce en la fundación de nuevas cofradías, especialmente las del Rosario que proliferaron en la década de los 30. Expansión que provocará numerosos enfrentamientos entre las congregaciones recién creadas y las de más tradición que se traducen en pleitos, muy abundantes en el Setecientos, dando una sensación de crisis de las cofradías, que no es tal, ya que si hubo conflictos se debieron precisamente al formidable desarrollo que experimentaron y a la rivalidad que nació entre ellas. La opulencia de las cofradías tiene su reflejo en la copiosa producción artística que durante casi todo el siglo va a enriquecer los templos estepeños a través de retablos, esculturas, pinturas y, sobre todo, los tres camarines de las Vírgenes de Gloria. En su ejecución participaron de forma decisiva las cofradías.
A su vez, algunas hermandades se beneficiaron de esta vorágine estética al encargar imágenes a los escultores más brillantes del momento que sustituyen a las antiguas, como el Jesús Nazareno de Luis Salvador Carmona o el Cristo Amarrado a la Columna del antequerano Carvajal y Campos.
El proceso de desarrollo de las cofradías quedó cortado de raíz por la política regalista de los Borbones emprendida por Carlos III hacia 1789, y continuada por Carlos IV después; esta medida intentaba suprimir aquellas hermandades que no tuvieran una reconocida utilidad (Patronales, Sacramentales y de Ánimas) en todo el ámbito nacional y emplazándolas a redactar nuevos estatutos en los que debían incluir obligatoriamente la aprobación Real a través del Consejo de Castilla, ya que, en el caso concreto de Estepa, hasta ahora sólo tenían el beneplácito eclesiástico del Vicario de la Villa, y la obligación de dedicarse a obras piadosas que fueran beneficiosas para la humanidad. En Estepa se libraron de esta medida, obviamente, la cofradía de la Asunción por hacerse cargo del hospital de pobres enfermos, la de Ánimas y la Sacramental. Muchas, como casi todas las del Rosario, desaparecieron, mientras que otras, las que podríamos llamar las tradicionales, se aprestan a redactar unas nuevas ordenanzas presentándolas al Consejo de Castilla durante la última década del siglo XVIII.
La Hermandad de San Pedro en la Semana Santa del Barroco. José Javier Mateos Llamas.
Lº Aniversario de la reorganización de la Hermandad de San Pedro, Estepa. 2003
El Jueves Santo por la tarde, después del Mandato (ceremonia del lavatorio de pies), salía la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús desde la Iglesia de Santa María la Mayor, acompañado de chirimías y de escolanía.
A esta misma hora de la noche salía de la ermita de la Vera Cruz la procesión de la Vera Cruz que estaba integrada por tres cofradías: la Santa Vera Cruz, la del Santo Cristo de los Azotes y la de Ntra. Sra. de los Remedios. De la cofradía del Santo Cristo se dice que en la procesión tomaban parte disciplinantes, el paso del Cristo cubierto de centeno, una trompeta y se iluminaba con un candil. La cofradía de la Veracruz sacaba un Jesús con la Cruz a cuestas. Según una serie de inventarios fechados entre 1636 y 1716 se hallaban en la ermita de la Veracruz otras imágenes pertenecientes a estas cofradías distinguiéndose la de Jesús Resucitado, pero no hay evidencia de que saliera en procesión, aunque sí se celebraba el día de la Pascua de Resurrección con una danza de gitanas.
El Viernes Santo de madrugada salía de la Iglesia de San Sebastián la cofradía de Jesús Nazareno, fundada en 1626, acompañada de la pronunciación de un sermón. Salía un Jesús Nazareno acompañado en sendas parihuelas por la Dolorosa, San Juan y la Verónica, todas de vestir. Una vez recogida la cofradía en su templo, se celebraban a continuación los Oficios Divinos de este día.
Terminados los Oficios, salía del Convento de Santa Clara la Cofradía de la Vía Sacra que se recogía a las dos de la tarde. Recogida la anterior, salía del Convento de Ntra. Sra. de la Victoria la Hermandad del Santo Entierro. De estas dos procesiones no tenemos datos porque las fuentes se muestran parcas en detalles. La única referencia cierta sobre un Vía Crucis en Estepa era el que partía desde la ermita de San Antonio Abad hasta Santa María, emulando la ascensión de Jesús al Gólgota. Restos del citado Vía Crucis son los vestigios en piedra diseminados por el cerro de San Cristóbal así como una lápida aparecida en San Marcos. En cuanto al Santo Entierro, la antigüedad de la imagen contemporánea no nos permite dudar que sea la misma que procesionaba en el siglo XVII e incluso antes. Tampoco nos informan los archivos que hubiera alguna representación del Descendimiento, pero el tener al Cristo los brazos articulados hace suponer que sí se hiciera.
Muchos eclesiásticos de Estepa eran hermanos de las cofradías y salían en las procesiones en hábito de penitentes por lo que las autoridades eclesiásticas vetaron esta conducta, ya que su deber era vestir con sus hábitos clericales. Estos sacerdotes iban junto a los hermanos mayores, con sotana y manteo. A su vez, había hermandades constituidas por sacerdotes, como la originaria de San Pedro de la que tienen noticias desde 1564, aunque no sabemos si guardaba alguna relación con la que se fundó en la Iglesia de la Asunción en 1674, bajo la advocación de las Lágrimas de San Pedro.
El siglo XVIII supone la consolidación de la Semana Santa estepeña, favorecida por un aumento inusitado de las devociones. Esto se traduce en la fundación de nuevas cofradías, especialmente las del Rosario que proliferaron en la década de los 30. Expansión que provocará numerosos enfrentamientos entre las congregaciones recién creadas y las de más tradición que se traducen en pleitos, muy abundantes en el Setecientos, dando una sensación de crisis de las cofradías, que no es tal, ya que si hubo conflictos se debieron precisamente al formidable desarrollo que experimentaron y a la rivalidad que nació entre ellas. La opulencia de las cofradías tiene su reflejo en la copiosa producción artística que durante casi todo el siglo va a enriquecer los templos estepeños a través de retablos, esculturas, pinturas y, sobre todo, los tres camarines de las Vírgenes de Gloria. En su ejecución participaron de forma decisiva las cofradías.
A su vez, algunas hermandades se beneficiaron de esta vorágine estética al encargar imágenes a los escultores más brillantes del momento que sustituyen a las antiguas, como el Jesús Nazareno de Luis Salvador Carmona o el Cristo Amarrado a la Columna del antequerano Carvajal y Campos.
El proceso de desarrollo de las cofradías quedó cortado de raíz por la política regalista de los Borbones emprendida por Carlos III hacia 1789, y continuada por Carlos IV después; esta medida intentaba suprimir aquellas hermandades que no tuvieran una reconocida utilidad (Patronales, Sacramentales y de Ánimas) en todo el ámbito nacional y emplazándolas a redactar nuevos estatutos en los que debían incluir obligatoriamente la aprobación Real a través del Consejo de Castilla, ya que, en el caso concreto de Estepa, hasta ahora sólo tenían el beneplácito eclesiástico del Vicario de la Villa, y la obligación de dedicarse a obras piadosas que fueran beneficiosas para la humanidad. En Estepa se libraron de esta medida, obviamente, la cofradía de la Asunción por hacerse cargo del hospital de pobres enfermos, la de Ánimas y la Sacramental. Muchas, como casi todas las del Rosario, desaparecieron, mientras que otras, las que podríamos llamar las tradicionales, se aprestan a redactar unas nuevas ordenanzas presentándolas al Consejo de Castilla durante la última década del siglo XVIII.
La Hermandad de San Pedro en la Semana Santa del Barroco. José Javier Mateos Llamas.
Lº Aniversario de la reorganización de la Hermandad de San Pedro, Estepa. 2003
2/3/13
ASPECTOS GENERALES DE LA SEMANA SANTA EN LA ANDALUCÍA DEL BARROCO
La documentación rastreada no se muestra muy generosa a la hora de descubrirnos el aspecto que ofrecían las procesiones por las calles de Estepa, aunque leyendo entre líneas se puede deducir que sigue el panorama general de otras localidades andaluzas. Las primeras procesiones iban sin acompañamiento de imágenes, integradas únicamente por una comitiva de la hermandad o hermandades con sus insignias y al final, como emblema más destacado, la cruz parroquial. Los cofrades solían ir con hachas encendidas o flagelándose formando dos filas y acompañados por una cruz arbórea. En Estepa no hay constancia de flagelantes hasta mediados del XVII y únicamente en la Cofradía del Cristo Amarrado a la Columna, lo que no significa que no los hubiera en fechas precedentes ni en otras confraternidades.
Cuando participaban varias cofradías, la más antigua ocupaba el lugar más privilegiado, que era precisamente junto a la cruz parroquial y a continuación los demás según el orden de antigüedad por cuyo motivo se produjeron algunos pleitos entre cofradías. La cofradía de la Asunción es sin discusión la de más solera y, por tanto, la que cerraba las procesiones llamadas generales. Estas procesiones sin imágenes se corresponden al período pretridentino. Con el Concilio de Trento, la posición de la Iglesia Católica en defensa de las imágenes frente a los protestantes luteranos a mediados del XVI dará un nuevo impulso a la Semana Santa mostrándose favorable a su exposición pública por las calles y alcanzará su culmen en la centuria siguiente con el Barroco, en el que la proliferación de salidas procesionales hará necesaria la intervención de las autoridades eclesiásticas para su regulación y ordenamiento.
Los actuales atuendos de los penitentes proceden de lo que antiguamente utilizaban los flagelantes, un tosco ropaje de color blanco, hopa o sayal, abierto por la espalda para poder fustigarse y cubrían cabeza y rostro con el capuz o caperuza. Después se incorporan los hermanos de luces usando parecidas indumentarias aunque se diversifican los tipos de tela y los colores que a la postre servirán para identificar a cada congregación. El capuz se ajustaba a la cabeza y el actual capirote alto lo llevaron por primera vez en la cofradía sevillana de la Hiniesta mediante finos alambres. Desde el siglo XVI se viene usando la cola, que en la actualidad ha recuperado en Estepa la Hermandad del Santo Entierro y la capa no se remonta más allá del siglo XIX, por influencia del romanticismo.
Las imágenes iban sobre unas pequeñas andas portadas por cuatro hermanos o clérigos y tenían unos faldones de tafetán que con el tiempo se bordará con los atributos de cada cofradía. El actual “canasto” se reducía a una pequeña moldura de color negro y con decoraciones doradas al óleo; posteriormente se le irán añadiendo las cartelas con pasajes de la pasión o alegóricos, origen de los pasos escultóricos actuales. Las andas iban sin iluminación y sin adorno floral y a veces se le añadía un baldaquino de tafetán negro o morado. A finales del siglo XVI se incorporan unos pequeños faroles de metal. Los palios tenían cuatro varales aumentando a seis e incluso a ocho, pero nunca llegó a los doce actuales. Las imágenes podían ser de madera policromada o de vestir, generalmente con tafetán, tejido que aparece constantemente en los inventarios. Será con el esplendor Barroco cuando los artistas coetáneos tallarán esculturas doradas de gran dramatismo, mucho más apropiadas para los desfiles procesionales que las renacentistas y góticas, menos expresivas. El Barroco es, sin duda, el estilo artístico que dará la configuración definitiva a la Semana Santa andaluza y aún hoy día, a pesar de la lógica evolución sufrida, somos deudores de ese período con nuestros pasos neobarrocos.
(Antiguo paso de palio de la Soledad de San Lorenzo de Sevilla)
Desde el siglo XVI hasta nuestro días, tanto la Semana Santa y demás manifestaciones religiosas públicas como las mismas cofradías, han sufrido diversos altibajos, siendo su época de mayor apogeo el período comprendido entre principios del XVII hasta finales del XVIII, coincidiendo con el apogeo del Barroco, mientras que a lo largo del XIX conocerá su punto más bajo debido entre otras causas a las desamortizaciones, el anticlericalismo, guerras y revoluciones. La alarmante escasez documental sobre cofradías en este siglo es buena prueba de ello. Actualmente estamos en condiciones de afirmar que tanto la Semana Santa como sus cofradías gozan de excelente salud, constituyendo uno de los pilares fundamentales de la sociedad estepeña.
La Hermandad de San Pedro en la Semana Santa del Barroco. José Javier Mateos Llamas.
Lº Aniversario de la reorganización de la Hermandad de San Pedro, Estepa. 2003
Dibujos de los nazarenos realizados por La Gubia y el Tas
1/3/13
VIII EXALTACIÓN DE LA SAETA
El acto comenzará a la 13:30 horas.
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CARTA DE EDICIÓN
El blog Devociones de Estepa nació en la cuaresma de 2009 y tuvo como motivo de inspiración la oportunidad de dar a conocer la Semana Santa de Estepa a través de los nuevos medios de comunicación. El objetivo principal era recopilar información de las Hermandades y Cofradías de Estepa así como mostrar nuestras tradiciones y costumbres. El blog se definió con carácter divulgativo, y por lo tanto, al carecer de carácter lucrativo, se ha rechazado sistemáticamente toda propuesta económica que hemos recibido. Sólo se ha permitido artículos relacionados con la información cofrade o que tuvieran carácter benéfico.
Para llevar a cabo este trabajo, se inició en el blog la recopilación de artículos que procedían principalmente de los boletines y libros de las Hermandades estepeñas, el
Ayuntamiento de Estepa en sus diversas publicaciones, blogs dedicados a la Historia y Semana Santa de Estepa y por último la información que se daba en las redes sociales. Para acompañar a estos artículos se escogían fotografías que se encontraban en los diferentes medios ya mencionados. Tanto los artículos como las fotografías publicados en estos medios no habían sido realizados para el blog.
Desde el blog se ha trabajado también por la investigación propia y de esta forma se han publicado artículos nuevos de información, a los que se le han dedicado un gran esfuerzo. Siguiendo la misma idea, se han realizados también fotografías propias que no se han firmado, pero que han aparecido tanto en el blog como en nuestra página de Cofrades. La idea del blog siempre ha sido compartir y dar a conocer, por lo que siempre se ha permitido la utilización de estas imágenes y de estos artículos. Sólo los que han llevado a cabo la aventura de crear un blog, pueden reconocer las numerosas horas, esfuerzo e ilusión que se le dedica a un proyecto de estas características, y es por ello por lo que conocemos de primera mano la importancia que para un creador de blog tienen los contenidos propios que ha realizado. Por eso, queremos disculparnos con aquellas personas que se hayan sentido ofendidas por la publicación de sus trabajos y retiraremos aquellos trabajos que no quieran que aparezcan en este blog. Sólo indicar que el blog no llega a asumir la autoría de estas fotografías y artículos, y que por lo tanto se expresa su autor o autores al final de cada artículo.
De igual manera, queremos mostrar nuestra gratitud a todas las personas que se han puesto en contacto con el blog para publicar sus artículos y fotografías. Sabemos la ilusión y confianza que han depositado en el blog y se lo agradecemos enormemente.
Para llevar a cabo este trabajo, se inició en el blog la recopilación de artículos que procedían principalmente de los boletines y libros de las Hermandades estepeñas, el
Ayuntamiento de Estepa en sus diversas publicaciones, blogs dedicados a la Historia y Semana Santa de Estepa y por último la información que se daba en las redes sociales. Para acompañar a estos artículos se escogían fotografías que se encontraban en los diferentes medios ya mencionados. Tanto los artículos como las fotografías publicados en estos medios no habían sido realizados para el blog.
Desde el blog se ha trabajado también por la investigación propia y de esta forma se han publicado artículos nuevos de información, a los que se le han dedicado un gran esfuerzo. Siguiendo la misma idea, se han realizados también fotografías propias que no se han firmado, pero que han aparecido tanto en el blog como en nuestra página de Cofrades. La idea del blog siempre ha sido compartir y dar a conocer, por lo que siempre se ha permitido la utilización de estas imágenes y de estos artículos. Sólo los que han llevado a cabo la aventura de crear un blog, pueden reconocer las numerosas horas, esfuerzo e ilusión que se le dedica a un proyecto de estas características, y es por ello por lo que conocemos de primera mano la importancia que para un creador de blog tienen los contenidos propios que ha realizado. Por eso, queremos disculparnos con aquellas personas que se hayan sentido ofendidas por la publicación de sus trabajos y retiraremos aquellos trabajos que no quieran que aparezcan en este blog. Sólo indicar que el blog no llega a asumir la autoría de estas fotografías y artículos, y que por lo tanto se expresa su autor o autores al final de cada artículo.
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HORARIO DE VISITAS
Iglesia de San Sebastián, de 11 de la mañana a 1 de la tarde.
Iglesia de los Remedios, de 11 de la mañana a 1 de la tarde.
Iglesias de La Asunción, El Carmen y Santa Ana, de 11 de la mañana a 1 de la tarde, y de 7 a 9 de la tarde.
Iglesia de los Remedios, de 11 de la mañana a 1 de la tarde.
Iglesias de La Asunción, El Carmen y Santa Ana, de 11 de la mañana a 1 de la tarde, y de 7 a 9 de la tarde.
HORARIO DE MISAS
INFORMACIÓN TURÍSTICA
Torre Ochavada-Cerro de San Cristóbal:
-Lunes a Viernes: 9:30 h a 14:00 h; 16:00 a 18:30 h
-Festivos y fines de semana: Abre a las 10:00 h
Tlf: 955 914 704; turismo@estepa.es; turismoestepa1@gmail.com
Oficina Municipal de Turismo-Ayto de Estepa:
-Lunes a Viernes: 7:30 h a 15:00 h
Tlf: 955 912 717, extensión 526
Punto de la Estación de Autobuses:
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Proyecto de Cáritas Estepa:
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CAPILLA MUSICAL
MÚSICA PROCESIONAL (BM 1)
MÚSICA PROCESIONAL (BM 2)
MÚSICA PROCESIONAL (BCT)
MÚSICA PROCESIONAL (AM)
EQUIPO DE PRIOSTÍA
devocionesdeestepa@gmail.com
“La Cultura debe considerarse como el bien común de cada pueblo, la expedición de su dignidad, libertad y creatividad, el testimonio de un camino histórico. En concreto, sólo desde dentro y a través de la cultura, la fe cristiana llega a hacerse histórica y creadora de historia.”
Juan Pablo II Exhortación Apostólica, “Christifidelis laici”
Juan Pablo II Exhortación Apostólica, “Christifidelis laici”
"Chiflados de Dios: Así seguramente les llaman muchos que los ven, pensando que no tiene sentido tal esfuerzo. Pero son locos de amor por Dios, tanto de tocar el corazón de su pueblo, para llevarles a Dios."
Papa Francisco,
II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, Sevilla 2024












































