La devoción al Stmo. Cristo de la Humildad y Paciencia tiene su inicio hacia 1618 cuando la Hermandad del Dulce Nombre de Jesús encarga al pintor Luis de Venegas la primera imagen del titular, y tal y como se describe en los inventarios del siglo XVII y XVIII era una imagen con cabellera natural y potencias de plata. En 1772 la Hermandad decide renovar su imagen titular y encarga al escultor antequerano Diego Márquez y Vega una nueva imagen del Santísimo Cristo para la Iglesia parroquial de Santa María, sede fundacional de la Hermandad.
La llegada de esta Imagen a la corporación vino a otorgarle un profundo sentido pasionista. La imagen sigue los modelos iconográficos imperantes en el centro de Europa, impulsada por la iconografía renacentista, especialmente a través de los grabados de Alberto Durero. La figura de Jesús meditando antes de su crucifixión se convirtió en un poderoso vehículo catequético. Todo ello se inscribe en el contexto espiritual de la Contrarreforma, que supo ver en esta imagen un elocuente mensaje de mansedumbre, aceptación del sufrimiento y abandono confiado en la voluntad divina.
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| Ecce Homo. Alberto Durero |
El Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia representa a Nuestro Señor Jesucristo después de ser azotado, sentado, en actitud de plena humildad. Es una talla de marcados rasgos realistas que muestran una terrible crudeza, resaltando su espalda, donde se pueden contemplar las tremendas secuelas de los azotes recibidos por Jesús antes de su crucifixión.
Durante los siglos posteriores a su hechura la venerada imagen formó parte activa de la vida cultual y penitencial de la hermandad, gozando de una gran devoción y popularidad. Dicha devoción llegó a competir con la que se le profesaba a la imagen de El Dulce Nombre de Jesús representado en su infancia, llegando a ocupar su retablo en el altar del sagrario de la Iglesia Matriz. Aún se puede observar en la Iglesia de Santa María algunos exvotos en agradecimiento que atestiguan la intervención del Santísimo Cristo ante las calamidades que los fieles padecían. En 1855, tras la epidemia de cólera morbo que asoló el país, el párroco D. Joaquín Téllez de la Torre permite la construcción de un retablo para el Stmo. Cristo en el trascoro de la Iglesia.
La imagen del Stmo. Cristo de la Humildad y Paciencia procesionaba junto a El Dulce Nombre de Jesús y la primitiva Virgen de la Paz en la mañana del Jueves Santo y posteriormente en la del Viernes Santo. En algunos años fueron acompañadas por otras imágenes ajenas a la titularidad de la cofradía, como el llamado “Señor de la Tarama” o varias vírgenes, una vinculada al convento de los Padres Mínimos o la dolorosa de Márquez y Vega que se conserva en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Aquellas procesiones, propias de una religiosidad ya histórica, fueron extinguiéndose con el paso del tiempo hasta desaparecer en las primeras décadas del siglo XX.
En la década de los años 70 la Hermandad se vio obligada a abandonar su sede fundacional ante el riesgo inminente de derrumbe. La imagen de El Dulce Nombre de Jesús fue trasladada a la capilla bautismal de la Iglesia de Ntra. Sra. de los Remedios, pero la imagen del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia fue privada de culto público al permanecer durante más de dos décadas en las dependencias de la Casa de Hermandad de la calle Gilena. Limitada entonces a un modesto oratorio habilitado en una sala del museo y sin un templo propio donde acoger dignamente a su titular cristífero, la corporación hubo de afrontar la negativa, tanto del párroco del momento como de su sucesor inmediato, a la reposición al culto de la sagrada imagen.
Los hermanos y devotos jamás dejaron de acudir a Él, mirándolo siempre como su Cristo y calando muy hondo, especialmente, en el corazón de los jóvenes del Dulce Nombre, quienes lo tomaron para presidir el Pregón o “Pregoncito” de la hermandad y lo llamaron con acierto “El Cristo del Pregonero”.
Estos jóvenes hermanos compartieron esta historia con el entonces cura párroco de Santa María, don Manuel Martínez Valdivieso. Conmovido por el relato y consciente del valor espiritual, histórico y devocional de la Imagen, don Manuel alentó decididamente a la recuperación del culto externo mediante la instauración del Vía Crucis cuaresmal, que se celebraría por primera vez en Estepa con la venerada talla el Miércoles de Ceniza. No fue casual que quién escuchara aquel testimonio profesara una gran devoción al Cristo de la Humildad y Paciencia de su pueblo natal, Cazalla de la Sierra.
La Hermandad se volcó en la preparación del primer Via Crucis de su Santísimo Cristo. Se realizaron unas andas para el Señor que llegaron a la casa de hermandad en la misma mañana del día señalado. Las andas fueron exornadas con claveles rojos, cuatro hachones color tiniebla y la sobriedad como mayor ornamento. Para conferir mayor solemnidad al acto, se contó con los motetes de la Capilla Musical Ntra. Sra. de la Victoria y la Hermandad del Calvario cedió su juego de ciriales y dalmáticas.
En la fría noche de aquel 28 de febrero de 2001, Miércoles de Ceniza, el Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia salió por primera vez en décadas a la calle, iniciando su Vía Crucis desde la Casa de Hermandad. El cortejó recorrió las calles Gilena, San Marcos, Roya, Virgen de la Esperanza, Amargura, Plaza del Llanete y Plaza de los Remedios. Tras un devotísimo besapié, la imagen fue entronizada en un altar dispuesto para los cultos cuaresmales. Finalizados dichos cultos, y como gesto de profunda sensibilidad pastoral, don Manuel Martínez Valdivieso dispuso que el Santísimo Cristo ocupara el retablo de la imagen desaparecida de San Vicente Ferrer y que hasta entonces presidía una pequeña imagen de María Auxiliadora.
(Fotografías del Primer Via Crucis del año 2001)
Con el paso del tiempo el Vía Crucis ha ido evolucionando, adaptando su recorrido y ampliando su significado. Desde la antigua bajada por la calle Vigornia, varias subidas al Cerro de San Cristóbal, hasta el itinerario actual, que incluye la visita a la parroquia de San Sebastián, el acto ha dejado de ser un simple ejercicio piadoso para convertirse en una auténtica manifestación de fe popular en la que todo el pueblo de Estepa se reconoce y se une en torno a su Cristo sedente.
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Composiciones musicales dedicadas al Stmo. Cristo de la Humildad y Paciencia:
-Cristo de la Humildad y Paciencia (2003), música de capilla, de Jesús Muñoz
-Humildad y Paciencia, música de capilla, de Jesús Joaquín Espinosa de los Monteros Pérez.
-Humilitatis et Patientiae Sanctissimus Christus, música de capilla, de Juan Antonio Carmona
-Christus Patientae, motete de Antonio Jesús Fernández González
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