25/9/11

LA ORDEN DE SANTIAGO


El embrión de esta Orden castellano-leonesa hay que buscarlo en el año 1170, aunque existen determinados documentos que pretenden unir la fundación de la Orden de Santiago a la victoria de la batalla de Clavijo (La Rioja) en el año 849 d.C. No obstante y aún cuando el rey Ramiro I fundara una hermandad bajo la advocación del Patrón de España, mal podía tener por objeto defender a los peregrinos, ya que está datado que los primeros freires eran tan sólo eran treces, en memoria de Jesucristo y sus Apóstoles.


Podemos decir que de todas las Órdenes Militares que se establecieron en la península en defensa de la fe, la más rica e importante fue sin duda la de Santiago. En sus comienzos, las semejanzas entre ésta y las Órdenes de Malta y Temple, son notables. Es durante el reinado de Fernando II de León (1137-1188), tras la conquista de Cáceres, en 1170, donde hay que buscar los verdaderos inicios fundacionales de la Orden. El monarca concede la ciudad a D. Pedro Fernández, y éste junto con un grupo de trece caballeros, entre los que destacan: D. Pedro Arias, el Conde D. Rodrigo Álvarez de Sarriá, D. Rodrigo Suárez, D. Pedro Muñiz, D. Fernando Odoarez, Señor de la Varra y Arias Fumaz, Señor de Letanzo, se hacen llamar “Freires de Cáceres”, teniendo como principal misión la defensa de la zona encomendada contra la amenaza almohade.

“Y los dichos compañeros viendo el gran peligro que estaba aparejado a los cristianos, inspirados por la gracia del Espíritu Santo, para reprimir a los amigos de Cristo y para defender su Santa Iglesia, hicieron de sí muro para quebrantar la soberbia de aquellos que eran sin fe y pusieron la cruz a sus pechos a manera de espada, con la señal e invocación del bienaventurado Apóstol Santiago y ordenaron que adelante no peleasen contra cristianos, ni hiciesen mal ni daño a sus cosas y renunciaron y desampararon todas las pompas mundanas, y dejaron las vestiduras preciosas y la largura de los cabellos y todas las otras cosas en las que hay mucha vanidad y poca utilidad y prometieron no ir contra aquellas cosas que las Santas Escrituras defienden y de lidiar siempre contra los paganos por tener a Dios aplacado cerca de sí y de vivir ordenadamente por la Ley Divina.”

Posteriormente se escogió el patronazgo de Santiago, en honor de Santiago El Mayor, a quien toda España considera el primero que vino a predicar el evangelio a los habitantes de Hispania. El apóstol tras predicar por la península vuelve a Jerusalén, donde fue el primero de los apóstoles en derramar su sangre por mandato de Herodes Agripa, y según la tradición, sus discípulos trasladaron su cuerpo a España y lo depositaron en Iria-Flavia (Galicia) a principios del siglo IX. Durante el reinado de Alfonso II “el Casto”, de León, fueron descubiertas estas reliquias y trasladadas a Compostela, cuyo primitivo nombre fue Brigantiun, tomando posteriormente el de Compostela, de la abreviación según parece de “Campus Stellae”, aludiendo a las prodigiosas estrellas que descubrieron el sitio donde se encontraban las reliquias del apóstol. Algunos autores dicen, que desde ese momento se hizo de Compostela un lugar célebre por la afluencia de peregrinos procedentes de todos los países cristianos de Europa, que acudían a visitar las reliquias del Santo Apóstol; para protegerlos en los caminos, argumentan, que se estableció la Orden de Santiago.


En el 1170, los primeros que, parece, tuvieron la idea de acudir al socorro de los numerosos peregrinos que se dirigían a Compostela, fueron los canónigos regulares de San Agustín, que vivían bajo la obediencia de un prior elegido y confirmado por ellos, en el convento llamado de San Loyo o de San Eloy, cerca de Compostela, fundado a ejemplo de los caballeros de Calatrava (otro instituto destinado a proteger la seguridad de los caminos). Con los años se fueron erigiendo, de trecho en trecho, desde los Pirineos hasta la citada ciudad de Compostela muchos hospitales para albergar a los peregrinos. Para la eficaz defensa, los Freires de Cáceres determinaron asociarse a aquellos religiosos y se obligaron por voto solemne a guardar y defender aquellos caminos. Los canónigos aceptando el ofrecimiento de los caballeros, convinieron en recibirlos en su Orden, vivir con ellos en comunidad y ser sus capellanes para dirigirlos espiritualmente y administrarles lo sacramentos. Así parece que los Freires de Cáceres trocaron en freires de Santiago, organizándose asó la Orden. Organizadores de la misma fueron: Don Cerebruno y Don Pedro, arzobispos de Toledo y Santiago; Don Juan, Don Fernando y Don Esteban, obispos de León, Astorga y Zamora respectivamente. El día 29 de julio de 1170, quedó fundada, organizada y establecida la Orden de Santiago. En 1172 se había extendido a Castilla. Caballeros de Ávila se agregaron a su Regla. La aprobación pontificia fue del Papa Alejandro III, con el fin de que fueron criados en temor a Dios “y para remedios de la flaqueza humana, se permite el matrimonio a los que no pudieran ser continentes; guardando a la mujer la fe no corrompida y la mujer al marido, porque no se quebrante la continencia del tálamo conyugal, según la institución de Dios y la permisión del Apóstol San Pablo”. La confirmó bajo la regla de San Agustín con bula de 8 de julio de 1175, aprobó sus constituciones y la hizo exenta de la jurisdicción de los ordinarios, cuya gracia ratificaron más adelante los papas Lucio III, Urbano III e Inocencio III por diferentes bulas que arreglaron igualmente el estado de los caballeros y el de los religiosos. Comprendió la Orden desde el principio las tres clases de caballeros, religiosos y religiosas, teniendo los primeros por jefe directo al Gran Maestre y viviendo los otros bajo la inmediata dirección de sus superiores eclesiásticos y de los priores de Uclés y de San Marcos de León, y bajo la autoridad del Gran Maestre de la Orden. En honor de esos treces primeros hermanos, se establecería el trecenazgo de la Orden, trece freires electores que junto con los obispos priores de Uclés y San Marcos de León, los comendadores mayores de Castilla, León y Montalbán (Aragón), el Prior de Santiago de la Espada de Sevilla, el Secretario y el Tesorero integrarían, ya en su época de esplendor, las dignidades principales que participarían en la elección del Maestre.


Si consultamos las gloriosas páginas de nuestra historia en todo aquella larga y porfiada lucha contra el poder musulmán, que dio por resultado la reorganización de la nación española; ni una sola batalla, ni un hecho de armas se hallará, en que no veamos combatir en primera fila a los caballeros de Santiago. Pero observaremos de paso que una buena parte de la gloria que se granjearon con aquellas proezas quedó en cierto modo eclipsada por las divisiones y bandos a que se vio con frecuencia entregada después esta Orden. Es cierto que los bienes inmensos que estos caballeros poseían en los reinos de Castilla y León, les obligaron muchas veces a sostener las encontradas pretensiones de sus soberanos, hasta el punto de tener que derramar la sangre de sus compañeros de religión; pero tampoco admite duda que con mucha frecuencia se vio arder la discordia en el seno de la Orden a impulsos de la ambición de los mismos caballeros que se lanzaban a sostener con encarnizamiento a los diferentes competidores que se disputaban el gran maestrazgo de la religión.

Hasta tal punto habían desacreditado a la Orden los escándalos y escisiones, que a la muerte del gran Maestre D. Alonso de Cárdenas en 1499, se creyeron los Reyes Católicos obligados a impetrar de la Santa Sede una providencia capaz deponerles término, fundados en una serie de hechos de la mayor gravedad y exponiendo por otra parte las inmensas fatigas y las cuantiosas riquezas que les había constado la larga guerra que tuvieron que sostener para libertar sus estados del poder de los infieles; suplicaron a Alejandro VI les concediese la administración del Gran Maestrazgo de la Orden, medida que podía considerarse como de necesidad y al mismo tiempo como una especie de recompensa de sus grandes sacrificios por la fe católica. Accedió desde luego Su Santidad a la demanda, y con bula del mismo año dio a aquellos príncipes la administración de la suprema dignidad de la Orden de Santiago.

Después de la muerte del rey D. Fernando, sucedió en la administración el Emperador Carlos V, en cuyo tiempo el Papa Adriano VI unió para siempre a la corona de España los maestrazgos de Santiago, Calatrava y Alcántara, siendo aún en nuestros días el príncipe reinante la persona investida con aquella elevada dignidad. Antes de esta anexión era elegido el gran Maestre de Santiago por el consejo de los trece, así llamado, porque lo componían trece caballeros designados de entre los Gobernantes y Comendadores de la Orden. Este cuerpo además de la elección, tenía en caso necesario la facultad de deponer el gran maestre y desempeñaba las atribuciones de consultivo y judicial cerca de aquel jefe; pues no solo era indispensable su acuerdo para la determinación de los negocios de interés de la Orden, sino que todas las cuestiones y diferencias que se promovían entre el Maestre y los caballeros habían de ser decididas por los trece. Fue fijado este número a dicho consejo, según algunos escritores, porque habían sido trece los caballeros que fundaron la Orden, y según otros en representación de Cristo y de los doce apóstoles.


Cuando fallecía el Maestre, se encargaba desde luego del Gobierno de la Orden el Prior de Uclés, quién cuidaba igualmente de convocar a los treces para la elección. Pero muchas de sus atribuciones las perdieron estos dignatarios, cuando la creación del consejo de Ordenes en 1489, después de haber sido incorporadas a la corona con autorización de Adriano IV, las órdenes de Calatrava y Alcántara. Carlos V y Felipe II le dieron más adelante la forma que tiene en la actualidad, que se compone de un presidente, ocho ministros togados, un fiscal, un secretario, un contador general, un alguacil mayor, y un tesorero, con cuatro procuradores generales y cuatro fiscales, correspondientes a cada una de las cuatro órdenes militares de España. En el consejo de las órdenes se trataba de todo lo relativo al gobierno de las mismas, de las causas civiles y criminales de los caballeros, frailes y demás dependientes, tan solo en los casos privilegiados y en los territorios de la jurisdicción de las órdenes. Examinaba las informaciones para los hábitos y las visitas de conventos y encomiendas, casas fuertes, hospitales y colegios; consultaba al rey sobre las dignidades, prioratos, beneficios, gobiernos, alcaldías, alcaidías, regimientos y guardas mayores de dehesas; y además le pertenecía todo lo gubernativo y contencioso de los colegios y monasterios, pero únicamente en la segunda instancia, pues la primera correspondía a los gobernantes del respectivo distrito. Según bulas de Clemente VIII de 1524 y 1525 tenía el conocimiento de los diezmos, beneficios y de todo lo demás perteneciente a los obispos, como ordinarios. La jurisdicción de este consejo así se extendía a lo espiritual como a lo temporal, y no solo sobre los caballeros, canónigos, capellanes y religiosas de las órdenes, sino también sobre todos los presbíteros que tenían beneficios y sobre las monjas que residían en monasterios situados en territorio de aquellas.

En la jerarquía de la Orden de Santiago las dignidades inmediatas al gran maestre, eran los priores de los dos conventos de Santiago de Uclés y San Marcos de León, de duración trienal al principio y elegidos por los frailes de la respectiva prinvincia por darles alternativas, a saber: el de Uclés en Castilla un trienio por la parte llamada de La Mancha, el otro por la llamada de Montiel, y el de San Marcos de León alternando la provincia de León y la de Extremadura; despuñes eran perpetuos y de nombramiento de la corona como los demás obispos. Estos priores, en virtud de concesiones de la silla apostólica, usaban roquete, mitra y demás insignias pontificales. A principio no había más prior que el de San Marcos; pero habiéndose partido el reino de León, los caballeros de Santiago fueron acogidos en sus estados por Alfonso X de Castilla, quien entre otras les diera en 1174 la villa y el castillo de Uclés, y allí pusieron la cabeza de la Orden. La villa de Uclés alberga todavía el complejo defensivo formado por el castillo y el monasterio que constituía la casa madre de los caballeros de la Orden de Santiago.

-Monasterio de Uclés:

-San Marcos de León:

Restablecida más adelante la casa de San Marcos de León, se suscitaron serias contestaciones sobre antigüedad y preeminencia entre este convento y el de Uclés en cuyo convento debían pasar el año de prueba y hacer la profesión todos los novicios de la Orden. Los superiores de los demás conventos religiosos tenían igualmente el título de priores pero estaban bajo la dependencia de aquellos prelados. A los priores de Uclés y de León siguen los Treces, luego las Grandes Cruces de Castilla, León y Montalbán, después están los Comendadores y por último los Caballeros y Frailes, Clérigos y Religiosos. De las encomiendas de la Orden dependían hasta doscientos prioratos curatos y beneficios simples que con dispensa de Su Santidad podían darse a personas que no fuesen de la religión; había también trece vicarías con jurisdicción espiritual. Y por último para visitar las cuatro provincias de Castilla la Nueva, León, Castilla la Vieja y Aragón, se nombraban cuatro caballeros, cuyas facultades se extendían no solo a los demás caballeros sino a cuantos poseían beneficios en territorio de la Orden. Para ser admitido caballero, era indispensable hacer constar por medio de una oportuna información, la nobleza paterna y materna de cuatro costados, exigiéndose las pruebas de la última desde el año 1653. El aspirante tenía que pasar después a servir tres meses en las galeras y residir un mes en el monasterio a fin de aprender la regla; posteriormente el rey y el consejo de órdenes abolieron cierta cantidad de estos requisitos.

En los primeros años de la Orden los Caballeros estaban obligados a guardar el celibato; pero el papa Pablo III les permitió, en 1540, casarse y profesar únicamente la castidad conyugal. Desde entonces, para contraer enlace, solo necesitaron licencia del gran maestre, siendo esta necesaria en razón a que las mujeres de los caballeros estaban obligadas a hacer las mismas pruebas que estos, en presencia de comisarios nombrados al efecto. Al que había dejado de solicitar este permiso, se le condenaba a un año de penitencia y a la privación de la dignidad, si era uno de los “Trece”. Las obligaciones de los caballeros eran antiguamente muy estrechas; más habiendo Inocencio VIII declarado en 1486 que la regla no les obligaba bajo pecado mortal, dejaron de cumplirse con la rigidez primitiva los deberes que esta imponía. Los tres votos ordinarios que hacían los caballeros, eran de obediencia a sus superiores, de no tener nada propio sino con licencia del gran maestre, y de castidad conyugal, a los cuales añadieron después, en 1655, el cuarto voto de defender la Concepción Inmaculada de María, como las otras tres órdenes militares. Los caballeros, cuando otorgaban testamento, estaban obligados de dejar su taza y mula al maestre y su caballo y armas al comendador mayor.

Los frailes conventuales o canónigos, que según hemos visto, tenían a su cargo dirigir en todo lo espiritual a los caballeros, para ser admitidos debían hacer también información de nobleza; pero esta calidad solía suplirse en Uclés por la del grado, con tal que acreditasen que sus antepasados, por parte paterna ni materna habían sido factores, comisionistas, curtidores, cambistas ni ejercido arte alguna mecánica o vil, ni haber sido judíos, herejes, ni castigados por la Inquisición. Usaban por divisa la mima cruz de gules que los caballeros en sus hábitos clericales y eran gobernados por los priores de Uclés y de San Marcos de León.


Las religiosas o monjas para ser admitidas en los monasterios de la Orden debían hacer información de nobleza y traer una dote cuyas dos terceras partes por los menos habían de emplearse en rentas para la casa. Con estos requisitos y con el permiso del consejo se les daba el hábito. El primitivo instituto de los conventos de las religiosas de esta Orden era hospedar a los peregrinos que iban a Santiago de Compostela, y remediar sus diversas necesidades. Antiguamente podían salir libremente de sus monasterios, pero después se las obligó a guardar clausura. Podían igualmente casarse, pero en 1480 se dispuso que no pudieran en lo sucesivo, y se les precisó a hacer los tres votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia. A pesar de estos piadosos y sabios reglamentos, las religiosas del monasterio de Barcelona conservaron su antigua libertad, pues podían casarse y no estaban sujetas a estrecha clausura. Según la regla de la Orden, las mujeres e hijas de los caballeros y comendadores, mientras estos se hallaban en la guerra contra los moros y aún después que habían muerto, podían vivir por cierto tiempo en los conventos de monjas; pero después del año 1600 se les prohibió admitir mujeres seglares, debiendo guardar en este parte la más rigurosa clausura. Cada monasterio tenía fijado el número de religiosas y sergentas o legas que podía admitir, de suerte que las que excediesen de dicho número, habían de ser echadas, y castigadas las que las admitieron. Para la administración de los sacramentos y dirección espiritual de cada convento de religiosas el Gran Maestre nombraba a un monje o fraile de la Orden, asimismo había un prior para el cuidado de la hacienda. Las superioras de los monasterios, llamadas prioras o comendadoras, eran trienales. Para ser elegidas, a más de ser profesas, habían de tener cuarenta años de edad y diez de hábito; y solo tenían voto en la elección las monjas profesas, de veinte años de edad y tres de hábito. Después de elegidas, debían ser confirmadas por el consejo de órdenes.


La insignia de la Orden parece que al principio no fue sencillamente la cruz roja en forma de espada que usa hoy en día, pues según los escritores más antiguos, la acompañaba alguna que otra señal del Apóstol, que, aun cuando ignoremos cual sea, nos inclinamos a creer seria la venera, tenida siempre en España por insignia del Santo. En los sellos antiguos de los maestres así como los del convento, se ve una espada más bien determinada que la de ahora, y encima de la espada y bajo la guarnición se nota una venera; bien que a fin de distinguir el sello del maestre del que usaba el convento, tenía aquel sobre la espada a un lado, una estrella y al otro una media luna, y esta una cruz a cada lado. Hay además una bula de Alejandro IV, en que se confirma un estatuto de esta Orden hecho en capítulo, general, en el que se dispone, entre otras cosas, que no puedan traer la venera por insignia sino los caballeros y las religiosas que fueren nobles.

De España se propagó la Orden de Santiago al vecino reino de Portugal, cuyos caballeros dependieron del gran maestre de España hasta el reinado de Dionisio I, en que se separaron con autorización del papa Nicolás IV; pero no llegó a completarse esta separación hasta 1290 en que aquellos caballeros hicieron la elección de un gran maestre para la Orden en Portugal, a pesar de la viva resistencia que a esto portugueses, y el rey Dionisio los colmó de privilegios y riquezas que se acrecentaron más y más con el tiempo.

En Portugal tenía la Orden de Santiago los mismos estatutos, iguales pruebas de nobleza, divisa, hábito y profesión que en España, sin otra diferencia que la de traer allí la cruz orlada de una trencilla de oro. El rey D. Juan II se apoderó de la administración de esta Orden, que D. Juan III incorporó para siempre a la corona con autorización del pontífice Julio II. La cabeza de la Orden en Portugal estuvo al principio en la villa de Alcázar de la Sal, y después fue trasladada a Palmella, cuyo gran prior ocupaba el lugar inmediata al gran Maestre y ejercía jurisdicción episcopal. En dicho país la Orden de Santiago, a más de un crecido número de villas y lugares, tenía ciento cincuenta encomiendas, cuatro conventos de canónigos y uno de canonesas, que gozaban de la misma libertad que las del monasterio de Santa María de Junquera de Barcelona. No era por cierto menos floreciente el estado en que llegó hasta nuestros días la Orden de Santiago en España, porque a más de tener Jurisdicción sobre dos ciudades y 178 villas y lugares y presentar 200 prioratos, curatos y beneficios simples y 13 vicarias con jurisdicción espiritual, contaba varias dignidades, encomiendas y casas religiosas de ambos sexos.

LAS ÓRDENES MILITARES


Las Órdenes militares españolas son un conjunto de instituciones religioso-militares que surgieron en el contexto de la Reconquista, las más importantes surgidas en el siglo XII en la Corona de Castilla (Orden de Santiago, Alcántara y Calatrava) y en el siglo XIV en la Corona de Aragón (Orden de Montesa); precedidas por muchas otras que no han perdurado.

Durante la Edad Media, al igual que en otros lugares de la cristiandad, en la península ibérica aparecieron órdenes militares autóctonas, que, si bien compartían muchas similitudes con otras órdenes internacionales, también presentaban peculiaridades propias, debido a las especiales circunstancias históricas peninsulares marcadas por el enfrentamiento entre musulmanes y cristianos.

El nacimiento y expansión de estas órdenes autóctonas se produjo fundamentalmente en la fase de la Reconquista en que se ocuparon los territorios al sur del Ebro y Tajo, por lo que la presencia en las zonas de la Mancha Extremadura y el Sistema Ibérico vino a marcar la característica principal d la repoblación, en grandes extensiones en las que cada Orden, a través de sus encomiendas, ejercía un papel político y económico similar al del señorío feudal. Las órdenes llegaron a convertirse en una fuerza política y económica de primera magnitud, teniendo además gran protagonismo en las luchas nobiliarias habidas entre los siglos XIII a XV.

Tradicionalmente se admite que la primera en aparecer fuer la Orden de Calatrava, nacida en ese villa del reino castellano en 1158, seguida de la Orden de Santiago, surgida en Cáceres, en el reino leonés, en 1170. La Orden de Alcántara fue la siguiente en 1176. La última en aparecer fue la Orden de Montesa que lo hizo más tardíamente, durante el siglo XIV, en la Corona de Aragón.


-Orden de Calatrava

La Orden de Calatrava fue fundada en 1158 a instancia de Sancho III, y aprobada por el Papa Alejandro III en 1164, para defender esta plaza de los musulmanes, por su importancia estratégica como baluarte avanzado de Toledo. La Orden alcanzó su afianzamiento definitivo tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212), cuando fijó su sede en la nueva fortaleza de Calatrava la Nueva (1218). En poco tiempo, sus grandes recursos humanos y económicos dieron a la Orden un enorme poder político y militar, que duró hasta el final de la reconquista. Disponía de tierras y castillos a lo largo de toda la frontera de Castilla, ejerciendo un señorío feudal sobre miles de vasallos. Además, disfrutaba de gran autonomía. En 1477 Fernando el Católico logró ser elegido Maestre de la Orden, con lo que sus bienes se incorporaron a la Corona de Castilla.

-Orden de Santiago

La Congregación de los freires de Cáceres fue creada en 1170, y reconocida por el Papa como Orden de Santiago en 1175. Colaboró activamente en la reconquista y la repoblación de las comarcas de Teruel y Castellón. Alfonso VIII le cedió Uclés (1174) Moya y Mora (1211), a los que luego se sumaron Osa y Montiel. Combatieron en las Navas de Tolosa (1212) y obtuvieron de los sucesivos monarcas castellanos privilegios que les permitieron repoblar extensas regiones en Andalucía y Murcia. Ya en el siglo XV, trasladó su radio de acción a Sierra Morena, pasando a convertirse Llerena (Badajoz) en residencia habitual de sus maestres. Por otro lado, se vio con frecuencia implicada en las luchas internas del reino de Castilla, al mismo tiempo que sus inmensos bienes la obligaron a sostener las pretensiones de la monarquía. Finalmente los Reyes Católicos la unieron a la Corona en 1493.

-Orden de Alcántara

La Orden de Alcántara surgió en León a mediados del siglo XII (1177) con el nombre de San Julián de Pereiro, para oponerse al peligro almohade. En 1218 recibió los bienes que poseía en el reino de León la Orden de Calatrava, entre ellos la población de Alcántara. A raíz del establecimiento de su sede central en esta villa, el primitivo nombre de Orden de San Julián fue desapareciendo hasta que en 1253 sus maestres se titulaban "maestres de la orden de Alcántara". La Órden de Alcántara ejerció su actividad principalmente en la zona extremeña, donde se concentraban la mayor parte de sus posesiones: Navasfrías, Valencia de Alcántara, comarca de la Serena, Trujillo, Zalamea, etc. Participó en las campañas andaluzas de Fernando III, aunque apenas recibió donaciones en esta región. Participó también en la lucha entre Pedro I el Cruel y Enrique de Trastámara, aunque la potencia militar de la Orden fue menor que la de sus hermanas de Santiago y Calatrava debido a sus menores posesiones territoriales y, en consecuencia, su menor poder económico. Finalizó su actividad militar a comienzos del siglo XV, tras ser derrotada en Granada. Será en 1494 cuando los Reyes Católicos logren la administración de sus bienes.

-Orden de Montesa

En Aragón, Alfonso I el Batallador fundó tras la conquista de Zaragoza (1118) nuevas órdenes con fines defensivos como Monreal y Belchite, pero las grandes órdenes constituidas por monjes-caballeros bajo el mando de un maestre, no aparecerían hasta el siglo XII. Pedro II el Católico fundó en 1201, en agradecimiento por la asistencia de San Jorge a sus ejércitos, la Orden de San Jorge de Alfama. La Orden fue aprobada por el Papado en 1363 y tuvo una vida relativamente breve, ya que en 1399 se unió a la Orden de Montesa. Esta Orden fue instituida en 1317 por el Papa Juan XXII, a petición de Jaime II, para hacerse con los bienes de la disuelta Orden del Temple en el Reino de Valencia. Su primera residencia fue el Castillo de Montesa, próximo a Játiva, en la frontera del reino de Valencia con los musulmanes. Gozó de importantes gracias y privilegios y se convirtió en una de las principales fuerzas militares defensoras del trono. A finales del siglo XV tenía jurisdicción sobre 90.000 almas y poseía 13 encomiendas, pero su poder e independencia empezada a declinar por la cada vez mayor injerencia de la monarquía en sus asuntos. Finalmente fue incorporada a la Corona en 1587.

A finales del siglo XV Fernando El Católico consiguió neutralizarlas políticamente al obtener la concesión papal de la unificación en su persona de ese cargo para todas ellas, y su sucesión conjunta para sus herederos, que las administraba a través del Consejo de Órdenes. El Consejo se formalizaría en 1523 cuando Carlos I fue nombrado Gran Maestre de las órdenes militares españolas y sus consejeros fueron nombrados caballeros de hábito.


Durante el siglo XVI tendría una actividad continuada, si bien sus decisiones serán eminentemente técnicas. Desde el siglo XVII éste Consejo sería el depositario de la tradición nobiliaria, llegando a ser conocido como Consejo de la Nobleza con un carácter estamental. La riqueza territorial de las órdenes militares fue objeto de desamortización en el siglo XIX, quedando reducidas éstas a partir de entonces a la función social de representar, como cargos honoríficos, un aspecto de la condición nobiliaria. Ser miembro de la Orden de Santiago formaba parte de las aspiraciones más codiciadas por los hombres del siglo XVII, pero no era un camino sencillo. Los miembros tenían que certificar paso a paso el limpio origen de cristiano viejo de sus antecesores o que sus ingresos económicos no procedían del trabajo de sus manos. Algunos de los miembros de la Orden de Santiago en este siglo fueron Diego Velázquez o Francisco de Quevedo.


En 1931 las Órdenes militares fueron disueltas por mandato del gobierno republicano. En 1980 la Orden de Santiago, junto con las de Calatrava, Alcántara y Montesa, fueron reinstauradas como asociaciones civiles con el carácter de organización nobiliaria honorífica y religiosa, y como tal permanecen en la actualidad. En 1981 Juan Carlos I nombra a su padre Juan de Borbón presidente del Real consejo de las Órdenes Militares. Tras su fallecimiento su hijo comenzó a utilizar el hábito y ordenó bordar las cuatro órdenes militares en sus trajes militares. Actualmente está presidido por don Carlos de Borbón-Dos Sicilias, duque de Calabria e infante de España.

LA RECONQUISTA


Se denomina Reconquista al proceso histórico en que los reinos cristianos de la Península Ibérica buscaron el control peninsular en poder del dominio musulmán. Este proceso tuvo lugar entre los años 722, fecha de la rebelión de Pelayo, y 1492, final del Reino nazarí de Granada.

En 711 se produjo en la Península Ibérica la primera invasión de los musulmanes procedentes de Damasco, entonces capital del califato, a través de Gibraltar para tomar después Cádiz y Algeciras. Los reinos visigodos les hacen frente en la batalla de Guadalete, y tras rematar al resto del ejército visigodo en Écija y aprovechando las debilidades de los reinos, se extendieron rápidamente por el resto de la península, tomando ciudades tan importantes como Toledo y Zaragoza. La península fue dirigida desde Córdoba por un gobernador nombrado por el califa de Damasco. En 716, los árabes comenzaron a dirigir sus fuerzas hacia los Pirineos para tratar de entrar en el Reino Carolingio.


Los hispano-godos que no quisieron someterse a la dominación musulmana se refugiaron en las montañas de Asturias y en los altos valles de los Pirineos. Desde estos lugares se inició la Reconquista, una rebelión contra el invasor que se mantuvo durante más de siete siglos. Al frente de la rebelión de los astures se puso Don Pelayo, noble godo y primer rey (718-737) de Asturias y León, que obtuvo su primera victoria sobre el Islam en Covadonga (722). Años después, su sucesor, Alfonso I (739-757), recorrió el Valle del Duero y trasladó, hasta Asturias, a los cristianos que por allí estaban desperdigados. De esta forma, consolidó su pequeño reino y la meseta septentrional se convirtió en un territorio de nadie entre los dominios musulmán y cristiano.


La dinastía Omeya de Damasco fue derrocada y subió al poder la dinastía Abassí de Bagdad. Uno de los supervivientes, Abderramán ben Omeya, se trasladó a Córdoba y se proclamó emir independiente (756-788), separándose del poder de Bagdad. Las luchas internas en la Península propiciaron que Carlomagno, rey de los francos, penetrara hasta el sur de los Pirineos, en una zona donde los pamploneses habían logrado mantener cierta independencia apoyándose, según les convenía, en astures, musulmanes o francos.


Con Abderramán III (912-961) se consolida el califato de Córdoba, que se extendía hasta el valle del Duero y más allá del Ebro. El califato independiente se convirtió, durante más de un siglo, en el centro cultural y comercial más activo de occidente. Allí acudían filósofos, médicos, geógrafos, historiadores y artistas de todo el mundo musulmán. El califa Al-Hakam II (961-976) llegó a reunir una biblioteca de 400.000 volúmenes. Pero el califato tuvo una vida muy corta. Tras la muerte, en el año 1002, del general árabe Almanzor que había conseguido, mediante el despliegue de una gran actividad bélica, que los cristianos, se replegaran a los mismos territorios en los que se habían refugiado cuando se inició la reconquista, la autoridad de los sucesivos califas, diez entre los años 1009 y 1031, se resquebrajó de tal forma que la España musulmana se disgregó en numerosos y pequeños reinos de taifas entre los que sobresalieron los de Sevilla, Badajoz, Toledo, Zaragoza y Valencia por su gran actividad cultural y su nivel de vida.


Mientras el califato se disgregaba, el rey de Navarra Sancho el Mayor (Sancho Garcés III, 1000-1035) consiguió extender su influencia a toda la España cristiana, desde los condados catalanes hacia el reino de León. Pero, en su testamento, repartió sus dominios entre sus tres hijos. García de Nájera le sucedió en Navarra; Ramiro recibió el condado de Aragón y adoptó el título de rey, y Fernando recibió Castilla que había sido convertida en reino, al que por herencia unió el reino de León, a la muerte sin sucesión de su cuñado, Bermudo III (primera unión).


A todo esto, los condados catalanes se enmarcaban en la denominada Marca Hispánica. Francos o gente de Barcelona, les llamaban en los otros reinos peninsulares, pero los francos les llamaban hispanos. El sentimiento catalán se formó por la oposición a francos y musulmanes. El primero de los condes de Barcelona fue Wilfredo I (874-897). Inició una dinastía que consiguió independizarse de la monarquía carolingia con Borrell II (947-992), pues se negó a rendir vasallaje al monarca franco, Hugo Capeto; Ramón Berenguer I (1035-1076) consiguió crear Cataluña, ya que aglutinó bajo la autoridad del Conde de Barcelona todos los otros condados, configurando de esta manera el principado en ciernes. En lo referente a la legislación civil, mandó recopilar los usos y costumbres de Barcelona en un códice que regulaba las relaciones entre señores y vasallos.

Todos los nuevos reinos y condados continuaron su lucha por extender sus territorios y forzaron a muchos de los reinos de taifas a pagar tributo. Esto, unido a la mejoría económica por la entrada de peregrinos que recorrían el camino de Santiago, reforzó la situación de prosperidad de los reinos cristianos. El avance de la Reconquista, y especialmente la toma de Toledo (1085) por el rey Alfonso VI de Castilla (1065-1109), obligó a los reinos musulmanes a pedir ayuda a sus vecinos del norte de África, los almorávides, grupo de religiosidad intransigente. Yusuf ben Tasfin, tras reunir más tropas en Sevilla y en Granada, venció a Alfonso VI el Bravo en la batalla de Zalaca (1086). Con esta derrota se inicia para Alfonso, tras catorce años de sonados éxitos militares y políticos, un periodo de desgracias e infortunios a pesar del inestimable apoyo de su vasallo El Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar.

Yusuf consiguió unificar la España musulmana bajo su poder y expulsó a los soberanos de los diferentes reinos de taifas; con ello puso fin a la brillante cultura hispano musulmana. Frente a la carencia de una arte almorávide, el arte cristiano se materializó, entre otras manifestaciones, en una gran expansión de iglesias y monasterios de estilo románico.


A mediados del siglo XII, la Reconquista había experimentado un notable avance, tanto en Castilla, como en Aragón. Pero Alfonso VII (1126-1157) dividió el reino entre sus dos hijos, Sancho III de Castilla y Fernando II de León, con lo que se inicia un periodo de rivalidad entre los dos reinos.

Mientras Portugal y Navarra afianzaban su independencia, Aragón y Cataluña se había unido (1137) por el compromiso de matrimonio entre la heredera del reino de Aragón, Petronila, y el conde catalán Ramón Berenguer IV (1131-1162) que había heredado los condados catalanes, a excepción de Provenza y las tierras del otro lado de los Pirineos que correspondieron a su hermano.

Ramón Berenguer prometió respetar los fueros, usos y costumbres aragoneses, y solo detentó el título de Príncipe de Aragón, nunca el de rey. Ramón Berenguer fue un excelente diplomático que además de consolidar la unión definitiva entre el reino de Aragón y el condado de Cataluña obtuvo notables triunfos en la guerra contra los musulmanes. A cambio de su alianza con Alfonso VII de Castilla contra Sacho VI de Navarra, consiguió que se le reconocieran los derechos de conquista que los catalano-aragoneses tenían sobre las tierras de Valencia y Murcia y no pagar tributo, ni rendir vasallaje al rey castellano.

Petronila quedó viuda y abdicó en su hijo Alfonso II, que contó con la protección del monarca británico Enrique II.

La intervención de los almohades representó una grave amenaza para los reinos cristianos, donde se creó como medio de defensa y protección las órdenes militares. En 1195, Alfonso VIII de Castilla es derrotado en Alarcos. La reacción cristiana llegó en el año 1212 y en la batalla de las Navas de Tolosa los reyes de Castilla, Aragón y Navarra, al frente de sus respectivas tropas, derrotaron al ejército almohade, lo que significó el fin de su poder. La expansión de los reinos cristianos seguía avanzando.


Después de las Navas de Tolosa, la España musulmana fue cayendo en poder de los cristianos. Tras la conquista de Mallorca (1229) y Valencia (1238) por Jaime I de Aragón; de Córdoba (1236) y Sevilla (1248) por Fernando III de Castilla y León, y de Cádiz y el reino de Murcia por Alfonso X; solo quedó en manos musulmanas el reino de Granada, que subsistió dos siglos como vasallo y tributario de la corona de Castilla. Esta demora en completar la reconquista fue debido a las frecuentes luchas internas en este reino.


La rápida extensión de esta última fase de la Reconquista y la escasez de población de los reinos cristianos hicieron que parte de la población musulmana permaneciera en sus tierras, tributando a los nobles o a las órdenes militares que habían apoyado a la corona en la conquista. Así se formaron los latifundios del sur de España y Portugal. La nobleza, con una clara falta de visión que respondía al desprecio por el trabajo manual que tan graves consecuencias tuvo para España en los siglos siguientes, dedicó con preferencia sus tierras a la ganadería en perjuicio de la agricultura que tan sabiamente se había desarrollado en la España musulmana, esto supuso convertir Castilla en una potencia lanera.

Frente al creciente poder de la nobleza, la monarquía buscó el apoyo de los municipios, que habían adquirido conciencia de su carácter y de su fuerza, de forma que en las Cortes comienzan a participar, además del clero y de la nobleza, representantes de este nuevo y pujante poder. Con las nuevas formas de vida y de economía, surgen nuevas órdenes religiosas, como los franciscanos, que se mantienen en estrecho contacto con el pueblo y está siempre de su parte en las ocasiones de conflicto con la nobleza.

Durante el siglo XIII, el reino de Castilla, por su situación económica desahogada, conoció un importante desarrollo de la arquitectura. Se levantaron iglesias con diferentes estilos. De puro estilo gótico, continuación del románico, son las catedrales de Cuenca, Sigüenza, Toledo, Burgos y León, algunas de las cuales son completadas o rematadas en siglos posteriores. A finales del siglo XIII y principios del XIV, se inicia la construcción de las grandes catedrales de la corona de Aragón: Palma de Mallorca, Gerona y Barcelona.


La numerosa población musulmana de Aragón justifica la existencia de varias torres mudéjares, de las cuales, Teruel, posee un conjunto excepcional.


A mediados del siglo XIV, se abre un largo periodo de crisis que afecta a todos los aspectos de la vida. La peste negra azota la península en 1348, con distinta intensidad de unas regiones a otras; se calcula que algunas de ellas perdieron dos tercios de la población. A consecuencia de ello escaseó la mano de obra, subieron los jornales y se encareció muy considerablemente la vida.

A la muerte de Alfonso XI de Castilla (1312-1350), su hijo Pedro I el Cruel (1350-1369) se vio envuelto en una larga lucha dinástica en la que se vieron implicados los demás reinos cristianos, y que adquirió dimensión internacional al interferir con la guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra. Con la muerte del rey Pedro I, terminó la crisis por la lucha de sucesión abierta en el reino de Castilla, pero se inició un periodo de gran decadencia del reino castellano.

Alfonso V de Aragón (1416-1418) ocupó el reino de Nápoles y Juan II de Aragón (1458-1479), por su matrimonio con Blanca de Navarra, se adueñó del reino de Navarra y representó a su padre en el gobierno de Sicilia. A Juan II le sucedió su hijo Fernando II de Aragón, que sería V de Castilla tras su matrimonio con Isabel. Fernando se convirtió en rey de Castilla, de Aragón y Cataluña, de Sicilia y de Nápoles, y su hermana Leonor, nacida del matrimonio de Juan II con Blanca de Navarra, heredó el reino de Navarra.

Los nobles contrarios a Isabel consiguieron que el rey de Portugal, Alfonso V, continuara la guerra de sucesión de Castilla aceptando la mano de Juana la Bertraneja, por su interés de unir Castilla a Portugal. Alfonso penetró en Castilla con un gran ejército, pero Isabel consiguió derrotarlo ante los muros de Toro en 1476.


Isabel y Fernando lograron la unidad dinástica de la mayoría de los reinos de la Península Ibérica. Cuando Isabel subió al trono Castilla estaba compuesta por los reinos de Asturias, Galicia, León, las provincias vascas y Valencia, Murcia y Andalucía, exceptuando el reino árabe de Granada. Fernando aportaba al matrimonio los reinos patrimoniales de Aragón y Cataluña que abarcaban desde los Pirineos hasta Valencia, además de Baleares, Cerdeña y Sicilia. Esta enorme extensión de tierras lo convertía en el reino más poderoso de la Península, pero la nefasta gobernación anterior había degradado el papel de la corona y la autoridad real, por lo que los reyes se entregaron a la tarea de restaurar el orden y la autoridad real. Fernando siempre se mostró solidario con la política de su esposa y apoyó con su sagacidad política y consejos las drásticas reformas introducidas en el reino de Castilla.

Las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava y Alcántara, que habían alcanzado un extraordinario poder político y económico durante la reconquista, recibían una renta que superaba en su conjunto el millón de ducados y podían movilizar miles de soldados. Poseían castillos y conventos fortificados por toda la geografía del reino y elegían a sus Maestres internamente. Isabel consiguió que los reyes de Castilla ostentaran la dignidad de Grandes Maestres de las Órdenes y que los papas, que detentaban, hasta entonces, ese privilegio lo perdieran.

Ambos monarcas estaban de acuerdo en destruir el poder islámico, en España, y en unificarla bajo la religión católica. Esto suponía la guerra total contra el reino de Granada, una larga lucha de once años, iniciada en 1481, en la que vencieron gracias a su tesón y coordinada actuación.


En 1476, el rey granadino Muley Hacén se negó a pagar su tributo a los reyes cristianos y en 1481, los musulmanes asaltaron la fortificación castellana de Zahara de los Atunes y ocuparon la zona. Ante esta provocación, los Reyes Católicos declararon la guerra a los granadinos, iniciándose una penosa y larga contienda que necesitó una estudiada estrategia debido a la situación de la capital del reino, Granada. La capital estaba rodeada de fortificaciones, por lo que fue necesario primero ir conquistando otras plazas de menor importancia y también los distintos puertos, para evitar las ayudas procedentes del norte de África. De esta forma, una vez establecido el bloqueo, la ciudad sitiada se rendiría, perdida la esperanza de cualquier ayuda exterior.

La desunión y las luchas internas de los granadinos, enfrentados en una guerra civil, facilitaron las conquistas cristianas. Boabdil se impuso a su padre Muley Hacén en 1483 y a su tío Al Zagal en 1487, pactando el reparto del reino entre los tres. En 1487 caen las tierras de Málaga en manos de Muley Hacén y en 1489 Al Zagal entregó Guadix y Almería. Con esto, Granada y sus doscientos mil habitantes quedaban aislados y sitiados.

En 1491, tras largas negociaciones con los granadinos, se llegó a un acuerdo de rendición de la ciudad. A Boabdil se le reconocía el gobierno independiente de un pequeño territorio en las Alpujarras, mientras que los habitantes de Granada quedaban en libertad de emigrar a África o de quedarse en España, siéndoles respetadas sus propiedades, idioma y religión. El 2 de enero de 1492, Isabel y Fernando, acompañados de un nutrido séquito entran en La Alhambra, donde les esperaba Boabdil para hacerles entrega de las llaves de la ciudad.

22/9/11

ESTEPA, CAMINO DE SANTIAGO


Los caminos que se dirigen a Santiago de Compostela se han ido forjando desde el siglo IX en episodios históricos, culturales y comerciales que se han desarrollado. Pero se trata además de un camino vivo al que van sumándose otras rutas que los nuevos y modernos peregrinos van forjando cada año, aprovechando los trazados históricos a los que añaden nuevas rutas de singular encanto.

La ciudad de Estepa se encuentra integrada dentro de la Ruta jacobea que parte desde Antequera y converge en la ciudad de Sevilla, desde donde parte la Vía de la Plata. La Ruta de Antequera trascurre por las ciudades de Antequera, Fuente de Piedra, Estepa, Osuna y Alcalá de Guadaira con unos aproximadamente 159 km. Actualmente la ruta antequerana conecta el Camino Mozárabe que parte desde Málaga a su paso por Antequera en dirección a Córdoba con el inicio de la Vía de la Plata en la ciudad de Sevilla.

Esta ruta se enlaza dentro de las rutas mozárabes que seguían los cristianos para llegar a Santiago a través de los territorios musulmanes de la península, partiendo desde la ciudad musulmana de Antequera para atravesar los territorios fronterizos y llegar hasta la cristianizada Sevilla. En esta ruta se comunican la Andalucía oriental (Granada, Almería, Málaga), con su histórica influencia islámica, y la Andalucía occidental, que fue reconquistada para el cristianismo con anterioridad, convirtiéndose en un enlace de culturas.


La realidad fronteriza que tuvieron estos territorios durante casi tres siglos hizo que se crearan rutas comerciales y de intercambio entre los territorios musulmanes y los cristianos, aunque el peligro estaba siempre presente y en numerosas ocasiones estos negocios se convertían en emboscadas preparadas por ambos lados. También era cierta la inestabilidad existente en los territorios que hacía que una misma fortaleza pudiera pasar de un lado a otro en varias ocasiones según los resultados que se obtenían en las batallas. A pesar de la conflictividad entre los bandos, no se impidió que se mantuvieran relaciones comerciales y que se establecieran rutas propicias para tal comercio entre los reinos musulmanes y las ciudades de Córdoba o Sevilla. Estas rutas se convirtieron también en el acceso que tenía los mozárabes, es decir, los cristianos que vivían en tierras musulmanas, para llegar a las regiones cristianas, y así poder manifestar sus sentimientos religiosos, como por ejemplo buscar la ciudad de Sevilla para iniciar la peregrinación hacia la tumba del apóstol Santiago en la ciudad de Compostela.


Estepa se ve desde muchos kilómetros de distancia, destacando por su espectacular escenografía arquitectónica, derramándose la ciudad perezosamente por las faldas del Cerro de San Cristóbal. Hay impresiones únicas que el viajero graba inexorablemente en su retina, como cuando el sol estalla arrancando un bello contraste cromático ente el color del terreno en que se asienta la ciudad, con su caserío, y el firmamento, con tonalidades cambiantes a lo largo de las distintas estaciones del año.

El carácter de acrópolis convierte a la ciudad en un excepcional observatorio natural de la campiña del Guadalquivir, con el Sierra Morena dibujándose a lo lejos. No en vano, en la ciudad vieja se asienta el llamado Balcón de Andalucía, auténtico mirador de tierras andaluzas, justo en su centro geográfico.


Al Cerro de San Cristóbal se puede acceder desde distintos puntos de la ciudad, bien por la Avenida de Los Centurión, por la carretera del Saucejo, o desde el interior de la ciudad tomando los carriles de San Francisco, Santa Clara o los antiguos carriles del castillo. Son varios los itinerarios o las áreas temáticas que nos ofrece el Cerro: el monumental-religioso, el civil castrense, el arqueológico y el paisajístico, aunque todos ellos se encuentran entrelazados entre sí, y es la posición estratégica de este promontorio lo que da cohesión y la razón de ser a todos ellos.


El itinerario militar se ha de iniciar por la visita al resto de muralla correspondiente a época tartésica. Son lienzos de muralla de 2 metros de altura y una anchura entre 1,50 y 2,20 metros en la base. Esta parte se encuentra ubicada en el interior del antiguo alcázar. Los restos de muralla musulmana se puede rastrear en los torreones de planta cuadrada, en la puerta de acceso a la ciudad en la cara este. Los almohades dejaron su impronta en la torre ochavada, usada como mausoleo-familiar, que actualmente se encuentra cerca de la iglesia de Santa María. Las torres de planta circular o ultrasemicircular corresponden al periodo cristiano, exactamente a la época de dominio santiaguista. La construcción cumbre de la arquitectura militar es, sin duda, la Torre del Homenaje, correspondiente al gótico tardío.

-El Castillo de Estepa: El Castillo de Estepa era conocido en el periodo islámico como Hisn Istabba. Fue tomado por las huestes de Fernando III el Santo, según la tradición, el 15 de agosto de 1241 día de la Asunción de la Virgen motivo por el que fue elegida como patrona de la ciudad. Una vez tomada la fortaleza pasó a la Corona, en concreto al Infante D. Alfonso de Molina, tío de Alfonso X el Sabio y hermano de Rey Santo. Al parecer participó de manera activa en dicha toma la Orden de Santiago, lo que hizo que en 1267 le fuese entregada por parte de Alfonso X el Sabio la ciudad de Estepa y sus anexos. La pervivencia de la Encomienda Santiaguista duró casi tres siglos en concreto hasta 1559, año en el que la villa y su término fueron vendidos a la casa nobiliaria de los Centuriones, procedente de Génova, creándose así el Marquesado de Estepa.


-El recinto amurallado: Los restos de la fortaleza y de la villa medieval amurallada erizan la meseta superior del cerro de San Cristóbal. El conjunto defensivo fue levantado básicamente por los musulmanes en torno al siglo X. Fue reconstruida en el siglo XII por los almohades y nuevamente retocada en época de la Orden de Santiago, recubriendo los muros de piedra y añadiendo torres. Durante el periodo de la “Reconquista” cristiana en la baja Andalucía este enclave fortificado fue uno de los más importantes de la banda morisca, delimitando la frontera entre musulmanes y cristianos hasta la conquista de Antequera en 1410. Esta fortaleza conoció numerosos asedios de una y otra parte, como la de Yussef, Rey de Granada, la de Enrique IV hacia 1456 o la de Muley Albohacen (h. 1460) durante la batalla del Madroño.


-La Torre del Homenaje: Se trata de una torre albarrana dispuesta para defender el flanco más débil y accesible del otero fortificado que custodia. Fue erigida por el Maestre de la Orden de Santiago D. Lorenzo Suárez de Figueroa en el siglo XIV. Poseía una inscripción que decía: Esta Torre mando facer Lorenzo Suárez de Figueroa Maestre de Santiago, quien quisiere saber lo que costo, faga otra como ella y saberlo ha. Es una gran mole arquitectónica de 26 metros de altura que tiene en su interior una sala octogonal con bóveda gótica nervada en cuya clave aparece el escudo de la Encomienda Santiaguista. Cada pinjante que soporta los nervios de la bóveda se decora con hojas de higuera, emblema de los Suárez de Figueroa.



El itinerario religioso se ha de iniciar en la actual iglesia de Santa María, donde primitivamente se ubicó la mezquita musulmana, y posteriormente la iglesia mudéjar; de ambas se conservan algunos restos condicionando la estructura de la planta actual. Adosada a ellos se levantó Santa María la Mayor (s. XV-XVI), de estilo gótico tardío. La actual torre de Santa María corresponde al estilo neogótico, y se erigió a finales del XIX, sustituyendo a la primitiva torre. Santa María es un claro ejemplo de la superposición y de la mezcla de estilos artísticos, y debido a su largo proceso de construcción y reformas nos permiten reconstruir y datar parte de los acontecimientos del Cerro de San Cristóbal. El Convento de Santa Clara de Jesús y el Convento de San Francisco forman parte de este itinerario religioso. Ambos de época barroca completan el recorrido y son de obligada visita. La escultura de San Francisco de Luis Salvador Carmona en la iglesia del convento de los franciscanos, bien merece ella sola una visita a Estepa.


-La Iglesia de Santa María: Cerca del torreón, en medio de lápidas y vestigios de la villa vieja, se alza la iglesia mayor y matriz consagrada sobre una mezquita y dedicada a la Asunción por Fernando III, al haber ganado Estepa, según la leyenda, el 15 de agosto, día de la Virgen. El aspecto de fortaleza de este templo encaja bien con sus constructores, los monjes-guerreros de la orden de Santiago. El sector de la entrada corresponde a la obra más primitiva, del siglo XIV, un área por donde se han rastreado indicios de la mezquita anterior y de la iglesia mudéjar en la que se transformó tras la conquista; sigue a éste otro cuerpo gótico de mayor amplitud, de tres naves con bóvedas estrelladas, ejecutado a comienzos del XVI. La Iglesia de Santa María acoge el Museo de Arte Sacro que guarda obras de gran importancia como por ejemplo un Lignum Crucis bizantino del siglo XII donado por el Marqués de Almunia en 1640, la reliquia del cráneo de Santa Inés de estilo plateresco realizado hacia 1590 o el San Juan Evangelista de Juan de Mesa.


La topografía, el solano, la insolación, la búsqueda del líquido elemento y de la llanura que no acaba de encontrar la ciudad, da origen a una trama urbana singular. La panorámica nos obliga a adentrarnos para descubrir las distintas secuencias visuales que nos reservan sus plazas y rincones. La vista nos invita a adentrarnos en la ciudad antigua, y nos iniciamos en el desarrollo de los sentidos al impregnarnos por las distintas sensaciones que el entorno emite. El tacto al deambular por las calles empedradas, o al posar las manos en las piedras milenarias, huellas del pasado. Pasear por la ciudad dormida, el silencio rasgado por el teñir de las campanas de San Sebastián o de Los Remedios, cuyo eco te hace volver a épocas pasadas, o el revoloteo de las palomas en torno a la esbelta y coqueta Torre de la Victoria, señalando siempre, siempre el firmamento. En su casco urbano buscaremos las huellas que los caballeros de la Orden dejaron en sus ermitas.


-Las Ermitas Santiaguistas: Cuando la población comienza a sentarse en las faldas del cerro, a pesar de la seguridad precaria que suponía vivir fuera de la muralla y la proximidad aún de la frontera con el territorio bajo control musulmán, comenzaron a consolidarse los distintos arrabales de la ciudad nueva, mientras la Villa intramuros se iba despoblando. Los arrabales estepeños tenían en común que se encontraban en una encrucijada de caminos, proximidad de agua (manantiales, pozos, etc.) y la existencia de un lugar de culto.


La consolidación de los arrabales llegaría con la conquista de Archidona (1468) y de Granada (1492), alejándose definitivamente el peligro de la zona fronteriza de Estepa. La población comenzó a asentarse en el Arrabal de la calle Ancha, cerca de las murallas de la villa, donde surgieron las ermitas de San Sebastián, Concepción y del Cristo de la Sangre. Al oeste de la ciudad la población se asentó en torno a la ermita del Cristo de la Vera-Cruz, arrabal que contaba con un manantial y del que algunos historiadores afirman que en la época musulmana existía una población, baños e incluso una mezquita. Al este la ermita de Santa Ana y su manantial aglutinó a la población que se asentó a espaldas de las murallas. La otra ermita extramuros se situó en el cerro cercana al camino que dirigía a Gilena para recibir a los viajeros bajo la advocación de San Cristóbal. La villa intramuros contaba desde la conquista cristiana con ermitas dedicadas a los patronos de la villa, Santa María de la Asunción y Santiago Apóstol. Las ermitas fueron reedificadas a mediados del siglo XVII y redecoradas en el siglo XVIII, desplegando en su interior todo un alarde de recursos ornamentales: fastuosos camarines, sacristías de deslumbrante y abigarrada decoración, yeserías, pinturas, relieves, jaspes, retablos e imágenes de arraigada devoción en la ciudad.


El paisaje es, sin duda, otro de los atractivos del Cerro de San Cristóbal junto con el itinerario arqueológico. Recordemos que nos encontramos en la cota de los 600 metros de altura y no en vano a la parte norte se le conoce como el Balcón de Andalucía. El promontorio es un mirador natural que domina la campiña del Genil, teniendo como límites la cuenca visual de Sierra Morena y la Subbética cordobesa. La situación privilegiada nos permite estudiar la evolución y las transformaciones que se están produciendo en el paisaje y las aceleradas intervenciones del ser humano. La presencia de los Canterones al norte, cantera de época romana y refugio de bandoleros, nos permite comparar esta cantera con las actuales donde la intervención de la tecnología humana no deja respiro a la naturaleza. El entorno paisajístico, que podemos contemplar está lleno de nombres sugerentes y evocadores que hacen referencia a un pago o a un cortijo. Balcón de Pilatos, El Indiano, El Apretao, Cerro Mingo, La Senda… Al sur se levanta el Becerrero, alcanzando la cota de 800 metros de altura.


Cuando se atraviesa la Comarca de Estepa, la imagen que percibe el viajero es la de una zona monopaisaje, un mar de olivos. El olivar da origen a un paisaje rico en colorido, condicionado por las variedades de la planta, por el tipo de marco, y por las condiciones topográficas del terreno. Matices cromáticos, que a lo largo de las distintas estaciones anuales, van modificando sus tonalidades.


Pero frente a esta primera percepción la realidad es bien distinta. El paisaje estepeño reserva agradables sorpresas para el amante de la naturaleza y es una oportunidad para perderse y descubrir la riqueza natural de este territorio. La localización de Estepa en una zona de transición entre la sierra y la vega del Genil da origen a una gran diversidad de paisajes. La sierra; el piedemonte y ojos, las herrizas y olivar; la campiña; y el río Genil son distintas unidades paisajísticas, con personalidad propia, donde a pesar de la intervención humana se configuran espacios de enorme interés y de gran calidad ambiental. Perderse y descubrir los parajes de una Estepa Natural es romper con la rutina del lugar habitual de residencia y convertir el paisaje en uno de los elementos primordiales de atracción.


Las herrizas son un conjunto de cerros que rodean la Sierra de Estepa, que conservan restos de una importante vegetación natural del bosque bajo mediterráneo. Por su situación han jugado un importante papel de atalaya visual y control del territorio, por lo cual han sido utilizadas como zona de refugio y control por los bandoleros estepeños.

Los “ojos” (sugerencias de agua) que se encuentran diseminados a lo largo del piedemonte de la sierra, son espacios que han condicionado el asentamiento humano y en algunos casos ha posibilitado la presencia de molinos y de huerta en algunos cortijos o cortijadas. El Manantial de Roya es un bello ejemplo de arquitectura del agua, con sus caños y pilas que cumplían la función de abastecimiento a los habitantes de la ciudad, y calmar la sed del ganado. Por otro lado, en su comarca, el río Genil ha dado origen a un rico paisaje formado por meandros, madres viejas, y bosques de galería con una rica fauna vinculada a estos paisajes.


Todos los ingredientes sociales y culturales que ya hemos comentado dan como resultado, sin que pueda ser de otra forma, una cocina sencilla, sobria pero sabia y excelente. En los restaurantes de la ciudad se pueden paladear platos típicos de la zona que tienen como base el aceite de oliva virgen con Denominación de Origen, sin olvidar la cocina de creación de nuestros cocineros.


Saborear la gastronomía estepeña es una forma inteligente de culminar un día de visitas monumentales. Una cocina que está a la altura de una ciudad declarada Conjunto Histórico Monumental en 1965. Estepa ha sido y es cruce de caminos, y secularmente parada y fonda obligada donde el viajero reponía fuerzas. La fama de nuestra cocina no es fama de un día, sino algo que viene de lejos.

Si tuviéramos que destacar algunos de los platos más característicos de Estepa, sin duda estarían representados por los cocidos, los potajes, las cazuelas, los espárragos de campo y, sobre todo, por el salmorejo. Aunque eso sí, Estepa es ante todo muy repostera. Destaca una extensa variedad de dulces caseros que se elaboran periódicamente en muchas de las casas de esta ciudad para las celebraciones y para las fiestas. Los más representativos son las magdalenas de huevo o leche, los rosquitos de almendra trenzados, galletas, cocochas, flores de miel, pestiños o torrijas de miel o azúcar, tirabuzones o los típicos estepeños ochíos. Pero principalmente Estepa es conocida por sus dulces navideños, los afamados mantecados, polvorones, roscos de vino, alfajores, delicias y diversas especialidades que salen de sus fábricas y obradores artesanos. Su fórmula incluye harina, manteca de cerdo, azúcar, canela, ajonjolí, anís y otras especias, entre sus ingredientes, y grandes dosis de destreza e ingenio en su elaboración, bajo una Indicación Geográfica Protegida.


Estepa, integrada en la Ruta jacobea de Antequera y en la Ruta jacobea de la Frontera, invita al peregrino a adentrarse en las tierras que la Orden de Santiago estuvo defendiendo durante la Reconquista. Tierras que han estado bajo el patronazgo de Santiago Apóstol desde 1267 cuando Alfonso X el Sabio entregó la custodia de la villa a los caballeros de la Orden. Su fortaleza y murallas, su torre defensiva, la religiosidad en su iglesia medieval, las huellas en sus antiguas ermitas, y los templos dedicados al apóstol en su comarca así lo atestiguan. La milenaria Estepa ofrece al peregrino un emplazamiento mágico y único donde historia, tradición, naturaleza, gastronomía y religiosidad convergen para retomar fuerzas en su caminar hacia Santiago.

CARTA DE EDICIÓN

El blog Devociones de Estepa nació en la cuaresma de 2009 y tuvo como motivo de inspiración la oportunidad de dar a conocer la Semana Santa de Estepa a través de los nuevos medios de comunicación. El objetivo principal era recopilar información de las Hermandades y Cofradías de Estepa así como mostrar nuestras tradiciones y costumbres. El blog se definió con carácter divulgativo, y por lo tanto, al carecer de carácter lucrativo, se ha rechazado sistemáticamente toda propuesta económica que hemos recibido. Sólo se ha permitido artículos relacionados con la información cofrade o que tuvieran carácter benéfico.

Para llevar a cabo este trabajo, se inició en el blog la recopilación de artículos que procedían principalmente de los boletines y libros de las Hermandades estepeñas, el
Ayuntamiento de Estepa en sus diversas publicaciones, blogs dedicados a la Historia y Semana Santa de Estepa y por último la información que se daba en las redes sociales. Para acompañar a estos artículos se escogían fotografías que se encontraban en los diferentes medios ya mencionados. Tanto los artículos como las fotografías publicados en estos medios no habían sido realizados para el blog.

Desde el blog se ha trabajado también por la investigación propia y de esta forma se han publicado artículos nuevos de información, a los que se le han dedicado un gran esfuerzo. Siguiendo la misma idea, se han realizados también fotografías propias que no se han firmado, pero que han aparecido tanto en el blog como en nuestra página de Cofrades. La idea del blog siempre ha sido compartir y dar a conocer, por lo que siempre se ha permitido la utilización de estas imágenes y de estos artículos. Sólo los que han llevado a cabo la aventura de crear un blog, pueden reconocer las numerosas horas, esfuerzo e ilusión que se le dedica a un proyecto de estas características, y es por ello por lo que conocemos de primera mano la importancia que para un creador de blog tienen los contenidos propios que ha realizado. Por eso, queremos disculparnos con aquellas personas que se hayan sentido ofendidas por la publicación de sus trabajos y retiraremos aquellos trabajos que no quieran que aparezcan en este blog. Sólo indicar que el blog no llega a asumir la autoría de estas fotografías y artículos, y que por lo tanto se expresa su autor o autores al final de cada artículo.

De igual manera, queremos mostrar nuestra gratitud a todas las personas que se han puesto en contacto con el blog para publicar sus artículos y fotografías. Sabemos la ilusión y confianza que han depositado en el blog y se lo agradecemos enormemente.

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-Burguillos Viajero: Estepa (I) y (II). J. Velázquez. 2010

-La firma de Cervantes en Estepa. A. Mallado. ABCdeSevilla. 2014

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Nos gustaría saber:

-¿Quién hizo a Mª Stma. de la Amargura, San Juan Evangelista y María Magdalena de la Hermandad del Calvario tras la Guerra Civil?

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-Cartel conmemorativo del 50 aniversario de la Hermandad de las Angustias.

-Cartel conmemorativo del 50 aniversario de la Hermandad de los Estudiantes

-Cartel conmemorativo del 350 aniversario del Juramento a la Inmaculada Concepción de María (Hdad. San Pedro)

-Carteles de la Semana Santa de Estepa editados por el Consejo y por el Ayuntamiento

-Carteles de la Semana Santa de Estepa editados por la Caja San Fernando.

-Fotografías e información de la exposición "Las devociones populares en las colecciones privadas estepeñas"

-Fotografías de los retablos de la Iglesia de la Victoria que se encuentran en:

-Retablo Mayor (Iglesia de Santiago-Herrera)
-Retablo de San Francisco de Paula (Iglesia de la Encarnación-Casariche)
-Retablo de Ntra. Sra. de los Dolores (Iglesia de Santiago- Puente Genil)
-Retablo Virgen de las Angustias (Iglesia de Santiago – Puente Genil)
-Retablo de San Francisco de Sales (Iglesia de Santiago – Puente Genil)
-Retablo de Jesús Nazareno (Iglesia de Omnium Sanctorum – Sevilla)
-Retablo Ntra. Sra. de la Candelaria (Puebla de Cazalla)
-Retablo de Santa Lucía (Iglesia del Socorro – Badolatosa)
-Retablo de San Blas (Iglesia del Rosario – El Rubio)
-Púlpito de la Iglesia (Iglesia del Corpus Christi – Sevilla)

HORARIO DE VISITAS

Iglesia de San Sebastián, de 11 de la mañana a 1 de la tarde.

Iglesia de los Remedios, de 11 de la mañana a 1 de la tarde.

Iglesias de La Asunción, El Carmen y Santa Ana, de 11 de la mañana a 1 de la tarde, y de 7 a 9 de la tarde.

HORARIO DE MISAS

HORARIO DE MISAS

INFORMACIÓN TURÍSTICA

Torre Ochavada-Cerro de San Cristóbal:
-Lunes a Viernes: 9:30 h a 14:00 h; 16:00 a 18:30 h
-Festivos y fines de semana: Abre a las 10:00 h
Tlf: 955 914 704; turismo@estepa.es; turismoestepa1@gmail.com

Oficina Municipal de Turismo-Ayto de Estepa:
-Lunes a Viernes: 7:30 h a 15:00 h
Tlf: 955 912 717, extensión 526

Punto de la Estación de Autobuses:
-Festivos y fines de semana: 10:00 h a 14:30 h y de 16:30 h a 18:30 h.

Proyecto de Cáritas Estepa:
-Horario de apertura de las iglesias a los fieles

CAPILLA MUSICAL

MÚSICA PROCESIONAL (BM 1)

MÚSICA PROCESIONAL (BM 2)

MÚSICA PROCESIONAL (BCT)

MÚSICA PROCESIONAL (AM)

EQUIPO DE PRIOSTÍA

EQUIPO DE PRIOSTÍA
devocionesdeestepa@gmail.com
“La Cultura debe considerarse como el bien común de cada pueblo, la expedición de su dignidad, libertad y creatividad, el testimonio de un camino histórico. En concreto, sólo desde dentro y a través de la cultura, la fe cristiana llega a hacerse histórica y creadora de historia.”

Juan Pablo II Exhortación Apostólica, “Christifidelis laici”
"Chiflados de Dios: Así seguramente les llaman muchos que los ven, pensando que no tiene sentido tal esfuerzo. Pero son locos de amor por Dios, tanto de tocar el corazón de su pueblo, para llevarles a Dios." Papa Francisco, II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, Sevilla 2024

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