30/7/09

EL TALLER MUNICIPAL DE CONSERVACIÓN Y RESTAURACIÓN DE BIENES CULTURALES


En todos existe un sentimiento de “identidad” con el bien cultural que hace que, a pesar de la época de prisas y cambios rápidos en que vivimos, el patrimonio esté ocupando cada vez más un lugar importante y demandado por la sociedad, si entendemos al patrimonio histórico como los bienes culturales ya sean materiales o inmateriales, sobre los que la población se contempla para reconocerse, donde busca explicación a su entorno y algo que ofrece al visitante para hacerse entender y respetar.

Así las intervenciones llevadas a cabo por el Ayuntamiento de Estepa sobre obras de arte, atraen la atención no sólo de especialistas en el tema sino también de un amplio público, y podemos observar como la sociedad participa en debates y polémicas en torno a las restauraciones de los bienes que integran su patrimonio. Pero no por ello las decisiones prácticas en materia de conservación y restauración dejan de constituir un problema complejo y exigen una rigurosa reflexión en torno a los métodos a emplear o las diferentes opciones posibles entre los tratamientos.

En su labor de salvaguarda del patrimonio, el Ayuntamiento dispone de un taller de restauración, que actualmente tiene su sede en la sacristía de la Iglesia de Santa María, aunque muchos de los trabajos se vienen realizando en el lugar original de la obra.

Si bien es verdad que desde la inauguración del Museo de Arte Sacro de Santa María en mayo de 2007, la preservación y el cuidado material de las obras que custodia ha sido una de las tareas fundamentales del taller, también podemos decir que se han llevado a cabo otras muchas actuaciones y no sólo sobre bienes de esta parroquia.

En Santa María se ha intervenido a lo largo de varios años (2003 a 2008) en: tratamientos de conservación y restauración (Retablos de: el Bautismo, Cristo de la Humildad, Virgen del Rosario, Virgen de la Inmaculada; coro; pinturas murales; objetos de piedra: restos de mezquita, sillares, pila de bautismo, pilas de agua, pie de cruz; lápidas; tratamiento suelos; tratamientos de conservación y restauración de cancel, puertas, bancos, ventanas), en restauración de los lienzos (Virgen Dolorosa, La Santa Faz, Serie del Apostolado, Inmaculada, La trinidad y La Sagrada Familia, Serie de la Vida de La Virgen, San Rafael y San Miguel), y en restauración de las esculturas (San Pedro, San Juan Bautista, Virgen del Rosario, Ángeles del retablo mayor, Virgen del Calvario del retablo mayor).

También se han ejecutado intervenciones de restauración y conservación en otros lugares, como el retablo y pintura de San Pedro de Alcántara en el Convento Franciscano (2003), trabajos de refuerzo de anclajes del retablo de San Juan Bautista del Convento de Santa Clara (2006), el montaje del ático del retablo de San Antonio de la Asunción (2007), la escultura Jesús Cautivo de los Remedios (2007), la recomposición del retablo de la Iglesia de la Salada (2005), el tratamiento de conservación y restauración de la urna del Santo Entierro de San Sebastián (2007-2008), y los trabajos de conservación y restauración de piezas arqueológicas de la excavación en la calle Mirasierra (2007).

Las obras del escultor Luis Salvador Carmona que se conservan en Estepa fueron restauradas para el Taller Municipal de Conservación y Restauración de Bienes Culturales con motivo de la exposición por el III centenario de su nacimiento en septiembre de 2008: La Sagrada Familia de la Iglesia de San Sebastián, San Francisco de Paula de la Iglesia de San Sebastián, San José de la Iglesia del Carmen, Crucificado del convento de Santa Clara, San Joaquín con la Virgen Niña del convento de Santa Clara.

Los tratamientos realizados en el taller, encaminados a la conservación del patrimonio cultural estepeño, se realizan bajo los criterios actuales de intervención asumidos internacionalmente: reversibilidad y legibilidad.

Todas las obras que son tratadas van acompañadas de un correspondiente informe explicativo de su proceso de restauración, junto con fotografías e imágenes de los estudios previos realizados y de la documentación gráfica necesaria para ayudar a la comprensión y visualización de las intervenciones.

Entre las demás actividades del taller cabe destacar la colaboración mediante la redacción de informes del estado de conservación, propuestas de restauración y asesoramiento para otros proyectos de restauración del patrimonio de Estepa que lo soliciten, o la realización de inventarios de bienes muebles que constituye por sí misma una medida necesaria para la protección del patrimonio.

Revista de Feria 2008

26/7/09

JAZMINES PARA LA ABUELA


Una tradición antigua del barrio de Santa Ana se renueva cada 26 de julio en la tarde de la procesión de Santa Ana por las calles estepeñas. Son numerosos los vecinos y las vecinas que por la tarde recogen las flores de los jazmines de los patios de sus casas y hacen guirnaldas con ellos para adornar el trono de la Santa en la salida procesional. El jazmín se recoge cuando está todavía cerrado y así es más fácil manipularlo para realizar la guirnalda. Después se inserta con una aguja en un hilo perforándolo en el tallo de la flor. Cuando está acabada la guirnalda de jazmines se coloca en el paso de la Santa y es en ese momento cuando ya se empiezan a abrir ofreciendole su hermoso perfume. Es una bella tradición del barrio que no debería caer en el olvido y, sobre todo, un bello detalle que el barrio tiene con la Señora Santa Ana.

El jazmín es de origen árabe, aunque pronto fue extendido por Europa. Sin duda, sus valores más apreciados son la belleza de su flor y su aroma, por lo que es utilizado para la fabricación de múltiples perfumes. Los especialistas definen el aroma del jazmín como floral, cálido, animal, especiado, frutal o licorado.


Fotografía J. Vázquez

JUEGOS EN LA VELÁ DE SANTA ANA

De manera paralela a la celebración de los actos religioso y el culto a Santa Ana, la hermandad organiza una serie de actividades para celebrar la Velá en el Barrio de la Coracha. Entre estas actividades están las cucañas, los pirulos, el torneo de fútbol o la carrera de cintas.

Cucañas: Quizás sea unos de los eventos que tenga mas tradición dentro de la Velá de Santa Ana. Consiste en colocar un muñeco al final de una rampa y una sillita al principio. El muñeco lleva un sombrero que se llena de agua y tiene un orificio en su traje. El participante se sienta en la silla y con una vara tiene que acertar en el orificio. En el caso contrario el muñeco se vuelca hacia delante y se cae el agua del sombrero sobre el participante.

Fotografía de El zoom de Gar, el Poeta

Pirulos. Se cuelgan pirulos rellenos de pequeñas sorpresas como caramelos o pequeñas monedas y también harina, arena o agua que dificulten la búsqueda de las sorpresas; el participante con los ojos vendados y un palo en sus manos debe romper un pirulo mientras los espectadores esperan para recoger las sorpresas que pueda haber en este pirulo.

Fotografía de El zoom de Gar, el Poeta

Fútbol. Se organiza la liga de fútbol Vela de Santa Ana.

Cintas a Caballo. Con la colaboración de la asociación de caballistas de la localidad, en una finca cercana al barrio de la coracha, los caballistas con la ayuda de una lanza intentan atrapar unos pequeños aros que están atados a unas cintas.
Artículos relacionados:
-Cucañas Velá de Santa Ana 2013. El zoom de Gar, el Poeta

25/7/09

CALLE “CARDENAL CARLOS AMIGO VALLEJO” EN ESTEPA

El Ilustrísimo Ayuntamiento de Estepa aprobó el 20 de Junio de 2008 una propuesta para dar nombre a un tramo de la calle Humilladero, cercano a la coqueta placita del Llanete, como “Cardenal Carlos Amigo Vallejo”. La iniciativa fue presentada por la Archicofradía Sacramental de Paz y Caridad de la Pura y Limpia Concepción de María y Real Hermandad de Nazarenos del Santísimo Cristo Amarrado a la Columna y María Santísima de la Esperanza Coronada. Hay que recordar que el Cardenal Amigo coronó canónicamente a María Stma. de la Esperanza el 7 de septiembre de 2002.

Aprovechando una visita del Arzobispo de Sevilla a Estepa, y enmarcado dentro de la celebración de sus veinticinco años al frente de la archidiócesis sevillana, se procedió al acto de inauguración de la calle por parte del propio cardenal y de las Autoridades locales encabezadas por el alcalde Juan García Baena. El 7 de septiembre de 2008 tuvo lugar este acto, en el que se inauguró la nueva calle aprovechando la estancia de Fray Carlos Amigo Vallejo en Estepa, con ocasión de la celebración de las confirmaciones de la parroquia de Santa María la Mayor y Matriz de Estepa.

Don Carlos, que comenzó sus estudios de medicina, los dejó para ingresar en la Orden Franciscana (OFM), y tras una brillante carrera eclesiástica pasando por diversos lugares y cargos, fue nombrado Arzobispo de Sevilla el día 22 de mayo de 1982. es un magnífico orador en el templo, y excelente comunicador en los medios. Hombre muy culto con gran cantidad de libros y artículos publicados en diversos medios de comunicación, amable y querido en la ciudad Hispalense y en toda la archidiócesis; persona cercana al pueblo, que siempre mostró simpatía y cariño hacia su cardenal. Muy preocupado por la preservación del Patrimonio Cultural, bastante vinculado con nuestro pueblo, siempre ha demostrado gran interés por la restauración de los edificios religiosos de Estepa, con cuyo ayuntamiento ha colaborado estrechamente en muchos e importantes proyectos de rehabilitación de nuestras monumentales iglesias.

La Corporación Municipal estepeña, con este homenaje, ha querido así demostrar su agradecimiento, simpatía y cariño hacia el Arzobispo de Sevilla, Cardenal Fray Carlos Amigo Vallejo, haciéndose eco del mucho aprecio que hacia su persona muestran la vieja ciudad de Estepa y sus habitantes.

DE CORRIENTES A ESTEPA Y LAS CRUCES DE MAYO



Milagro o leyenda, la fe secular de un pueblo es lo que importa.

Fecha Publicación: Sábado, 03 de Mayo de 2008

"Desde Estepa, el pago chico de Don Juan Torres de Vera, el escritor Antonio Rodríguez Crujera escribió especialmente para El Litoral sobre la festividad de la Cruz. Las celebraciones de mayo en Andalucía y su paralelismo con Corrientes. La fe de la gente, más allá de la verdad o el mito".

Por Antonio Rodríguez Crujera desde Estepa (Sevilla)

Hoy es el día que concluyen los actos del llamado ‘Mes de Corrientes‘ que se inició el pasado 3 de abril, aniversario de la fundación de la ciudad. Y en este 3 de mayo, los correntinos, de manera muy especial sacan a la calle en procesión y rinden devoción, culto y honor a la Cruz del Milagro y al hecho real -o leyenda-, impreso en la memoria colectiva de todo un pueblo, y latente en su corazón desde pocos días después de la fundación de la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. También en este día tres de mayo, se celebra en España el día de la Cruz.

En casi toda Andalucía se halla arraigada la festividad de la exaltación de la Cruz. Aunque vienen a ser muy parecidos, nada tiene en común un evento con el otro; el de ahí, está íntimamente ligado a un hecho histórico; y el de aquí, se debe a una tradición que se pierde en los intrincados vericuetos de la Historia y las tradiciones del pueblo español. Pero pareciera como si realmente ambas celebraciones tuvieran un lejano nexo que las une en el tiempo y quizás en la memoria, pues parece como si se hallaran adheridas en los sentimientos de los primeros pobladores que en 1588 la iniciaran ahí; y en las personas que siguen esas tradiciones aquí, tan lejos unos de otros, y separados por un océano inmenso.

La fiesta de las ‘Cruces de mayo‘ es celebrada como muy festiva en las ciudades y pueblos andaluces; en este mes de mayo, en los patios cordobeses o sevillanos ponen cruces que se adornan con las bellísimas flores que en ellos crecen. En las calles, plazas y rincones más típicos de Granada, se erigen altares hechos con adornos característicos de la ciudad, y en ellos se instala una gran cruz recubierta con las más hermosas flores de variados colores; claveles, rosas. Y en esas ocasiones los vecinos del entorno festejan el momento cantando, bailando, comiendo y bebiendo en un buen ambiente de amistad entre ellos. En la ciudad de Estepa, y en este día, los niños sacan pequeños pasos similares a los de la Semana Santa, y en ellos, suelen colocar sólo una cruz hecha de flores. Van con su procesión recorriendo las calles, y a su solicitud de: “Una limosnita para la Santa Cruz”, la gente les da unas monedas que ellos agradecen y guardan en sus bolsas.

¿Qué tiene de verdad o de mítica leyenda el milagro de la cruz de urunday que no ardió? Nadie lo sabe, pues nadie estuvo allí para verlo, y este capítulo de la historia correntina, parece ser que se ve envuelto por la controversia originada por quienes dudan de su autenticidad como fenómeno sobrenatural. Es un tema espinoso este, en cuanto en él, se implica la fe de todo un pueblo, mantenida por más de cuatro siglos. Existen sobre el tema escritos antiguos que cuentan lo que ocurrió, y de esas crónicas, los historiadores han sacado los testimonios que hoy conocemos. En muchas ocasiones, numerosos capítulos de la Historia que nos llega hasta hoy -y que damos por buenos o fidedignos-, están basados en hechos que se han transmitido oralmente de generación en generación.

¿Pueden o deben ser considerados como ‘leyendas‘ sin fundamento por el hecho de habernos sido transmitido verbalmente? En el caso de la Cruz del Milagro, todos hemos leído lo que sucedió, según nos cuentan. El pueblo correntino tiene depositada su buena fe en la certidumbre del hecho; y eso es lo que importa, y bien orgulloso ha de estar de sus tradiciones. Recordemos que la fe es creer en aquello que no vemos, o que no se puede explicar desde la óptica de la racionalidad o la lógica.

¿Quién por muy historiador que sea, puede asegurar con rigor que aquello fue verdad y ocurrió como se nos dice, o por el contrario afirmar que es falso? Nadie puede afirmarlo ni desmentirlo, pues nadie de los que vivimos hoy, estuvimos allí como testigos presenciales. Por tanto, hemos de conformarnos con lo nos cuentan las crónicas, y si somos creyentes y tenemos fe, daremos por hecho que lo ocurrido fue efectivamente una acción ‘milagrosa‘. Pero por el contrario, si no creemos -cada uno es libre-, podemos pensar que el acontecimiento fue debido a la eventualidad, o a la causalidad que originara que la cruz no ardiera porque el aire no avivó bastante las llamas, o la hoguera tuvo poca leña; que las flechas que se volvían contra los indios eran lanzadas por los españoles estratégicamente escondidos por allí; o que el trueno ‘divino‘ que se oyó y los asustó, fue simplemente un cañonazo disparado desde el interior del fuerte para espantarlos etc. etc. No, mire usted; la leyenda o lo verídico de lo ocurrido están ahí, van de la mano de la tradición que se nos ha legado de unos a otros y ha llegado hasta nuestros días.

¿En Méjico, desde el año 1531 en que ocurrió la aparición al indio Juan Diego, quién se atrevería a dudar de la veracidad de la tilma donde está pintada la enigmática imagen de la Virgen de Guadalupe?¿Quién duda en Portugal que la Virgen de Fátima se apareció a aquellos pastorcillos? La mayoría de los correntinos creen que la cruz de los días de la fundación; su Cruz del Milagro, es prodigiosa por haberse dado en ella el fenómeno que se le atribuye de su no ignición. Eso es lo que verdaderamente importa, y eso, debería bastar. La buena fe del pueblo, debe ser respetada, pues el pueblo sencillo confía y cree firmemente en aquello que sus antepasados y mayores le han transmitido a lo largo de esos cuatrocientos veinte años de historia, desde que sucediera el acontecimiento de la fundación de su ciudad, y pocos días después, el llamado milagro de la Cruz. A ti, Cruz de los Milagros; cuando la gente te viera arder para no quemarte, con tu llama que no quema prendiste en los corazones, y hoy Corrientes, te venera.¡Feliz día de la Cruz !
A vosotros, correntinos que os sentís tan orgullosos de vuestras tradiciones, desde Estepa, la tierra del fundador, quiero desearos lo mejor: prosperidad, bienestar y mucha paz.

A la vez que felicitaros por los cuatrocientos veinte años que lleva vuestra ciudad avanzando en el arduo caminar del devenir de la Historia.

Artículo publicado en el periódico correntino “EL Litoral”

Blog de Antonio Rosdríguez Crujera

LA CRUZ DE LOS MILAGROS


Hay en la Iglesia del Milagro, en Corrientes, una rústica cruz que es venerada con el nombre de "Cruz de los Milagros". Una curiosa leyenda justifica ese nombre. Cuenta la tradición que los españoles, cuando fundaron San Juan de Vera de las Siete Corrientes, llamado hoy Corrientes, después de elegir el lugar y antes de levantar el fuerte, decidieron erigir una gran cruz, símbolo de su fe cristiana.

La construyeron con una rama seca del bosque vecino, la plantaron luego, y a su alrededor edificaron el fuerte, con ramas y troncos de la selva.

Construido el fuerte y encerrados en él, los españoles se defendían de los asaltos que, desde el día siguiente, les llevaban sin cesar las tribus de los guaraníes, a los cuales derrotaban diariamente, con tanta astucia como denuedo. Los indios, de un natural impresionable, atribuían sus desastres a la cruz, por lo que decidieron quemarla, para destruir su maleficio. Se retiraron a sus selvas, en espera de una ocasión favorable, la cual se les presentó un día en que los españoles, por exceso de confianza, dejaron el fuerte casi abandonado.

La indiada, en gran número, rodeó la población, en tanto que huían los pocos españoles de la guardia, escondiéndose entre los matorrales.

Con ramas de quebracho hicieron los indios una gran hoguera, al pie de la cruz que se levantaba en medio del fuerte. las llamas lamían la madera sin quemarla; un indio tomó una rama encendida y la acercó a los brazos del madero; entonces, en el cielo límpido, fue vista de pronto una nube, de la cual partió un rayo que dio muerte al salvaje.

Cuando los otros guaraníes lo vieron caer fulminado a los pies de la cruz, huyeron despavoridos a sus selvas, convencidos de que el mismo cielo protegía a los hombres blancos. Los españoles, que escondidos entre la maleza presenciaban tan asombrosa escena, divulgaron luego este suceso, que no cayó, por cierto en el olvido. En la Iglesia del Milagro, en Corrientes, se encuentra hoy la Cruz de los Milagros: se la guarda en una caja de cristal de roca, donada por la colectividad española.

Extraída de "Antología Folklórica Argentina", del Consejo Nacional de Educación, Guillermo Kraft Ltda., 1940

La ciudad de Corrientes en Argentina fue fundada el 3 de Abril de 1588 por el estepeño Juan de Torres de Vera y Aragón.

23/7/09

LA BORRIQUITA EN MUNARCO 2007



Durante la edición de Munarco celebrada en el año 2007 en el Estadio Olímpico de Sevilla, la organización se puso en contacto con la Hermandad de la Borriquita para exponer las imágenes secundarias de su paso de misterio. Para tal acontecimiento la Hermandad traslada a Sevilla todas sus imágenes así como la maqueta original para que se pueda observar con claridad la distribución del conjunto en torno de la imagen de Ntro. Padre Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén. El misterio realizado por D. Francisco Berlanga de Ávila está compuesto, además de la imagen de Ntro. Padre Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén, por San Juan Evangelista, San Pedro, Santiago, una madre hebrea con su hija, y dos niños que empujan a un asno pequeñito. En esta exposición también participó la Hermandad de Paz y Caridad con la corona de Mª Stma. de la Esperanza y sus enseres.


Galerías de la exposición:
-Munarco 2007. Hnos. García Acevedo.
-Munarco 2007. Julio Domínguez
-Munarco 2007. Francisco Santiago
-Munarco 2007. Isla Pasión
-Visita a Munarco 2007. Hdad. Borriquita
-Borriquita en Munarco 2007. Cofrades

SEMANA SANTA DE ESTEPA EN LA REVISTA “MÁS PASIÓN 7”


La revista cofrade “MÁS PASIÓN 7” del periódico El Correo incluye cada mes una sección dedicada a la Semana Santa en la provincia de Sevilla titulada “La provincia cofrade”. En el mes de julio de 2009 está sección ha estado dedicada a la Semana Santa de Estepa bajo el título “Entre canela e incienso”. Auxiliadora Villar nos narra los detalles y características más importantes de cada día de nuestra Semana Santa en un bello texto en el que aparecen nuestras hermandades, horarios, peculiaridades, lugares emotivos para verlas, etc. Además se destaca elementos tan singulares como los pachones o los pediores, y los pasos del Niño Perdío y el Apóstol San Pedro en sus negaciones.


Pueden descargase la revista de “MÁS PASIÓN 7” del mes de julio y leer el artículo dedicado a la Semana Santa de Estepa aquí.

22/7/09

A SANTA ÁNGELA DE LA CRUZ Y A SUS HERMANAS


Enfilamos la calle Antonio Álvarez para pasar por la esquina de Torralba, donde desde abajo se puede admirar la belleza que ofrece a la vista de todos, la soberbia panorámica nocturna de la Torre de la Victoria, que impertérrita, desde la altura saluda nuestro silencioso andar, camino del convento de las Hermanas de la Cruz.

En ese claustro de caridad, oración y trabajo que hay en la calle de su nombre, mora el espíritu de la madre Angelita (ahora ya Santa Ángela de la Cruz); sí, aquella sevillana del crucifijo al pecho, la monja bajita y negrita -como a ella le gustaba definirse-, ha venido a esperarnos para vernos pasar acompañando a nuestra Señora.

Santa Ángela sabe muy bien que Jesús regresará del mundo de los muertos, al cual no pertenecía; ni ella tampoco.



Si bien su figura mortal ha quedado plasmada en el monumento inanimado que hay en su placita; su espíritu inmortal permanece muy vivo, inquieto en cada una de sus hijas, detrás, o en el interior da cada uno de esos hábitos de bayeta parda, que día a día -también con alpargatas, como nosotros-, recorren incansables nuestras calles y las de todos los pueblos y ciudades donde se hallan presentes; ayudando al Jesús que ven caminar por esas calles, hecho hombre en cada enfermo que sufre, en cada persona que pasa hambre o soledad, en ese hombre parado en cuya casa hace falta el jornal para el sustento de cada día, con el que poder mantener a su familia. En definitiva: ellas, las hermanas de la Compañía de la Cruz, hijas de Santa Ángela, ven en las personas más débiles y en las niñas más desprotegidas y necesitadas, al Jesús que predicó la verdadera caridad; aquella de la que el Maestro dijo: “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”. Esas hermanas, cumpliendo lo que enseñaba Jesús, toman gratis la misericordia, la compasión y la piedad que les han sido dadas, para darlas también gratis a aquellos que nada tienen. Y por eso, obedeciendo esas enseñanzas, les llevan consuelo y socorro al pobre, al enfermo, al moribundo, y a todas aquellas almas que lo necesiten.Mujeres tan nobles y entregadas en dar su vida para consolar la de los demás, esa noche nos esperan despiertas a horas tan inusuales para ellas. Quieren saludar a nuestra Señora, alabarla, honrarla y hacerle más llevadero su dolor, ofreciéndole sus cánticos que más parecen ser voces angelicales, que mantienen en mutismo a quienes las escuchan en el silencio de la alborada.

Y de las puertas del convento, todavía con los últimos ecos de los dulces salmos metidos en nuestros sentidos, nos vamos envueltos en ese silencio en el que no se oye más que los golpeteos que a cada paso del nazareno, dan los palos del farol contra el empedrado de las calles, haciendo vibrar los cristales de dichos candeleros, que apuran casi al final del recorrido, el corto pabilo de las ceras que con sus trémulas luces alumbran a María, que se acerca ya a la calle La Puente de don Gonzalo”.


Antonio Rodríguez Crujera
Pregón de la Hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias
26 de Marzo de 2008, Domingo de Ramos, Estepa
Blog Desde la Alcazaba

21/7/09

ROMERÍA DE SAN JOSÉ OBRERO


Desde sus orígenes se implantó como costumbre en la Hermandad de las Angustias que el día 1 de mayo, día de San José Obrero, se organizara una comida entre los hermanos. En la década de los 70 las dificultades económicas internas impedían el evento. Manuel González, Hermano Mayor por entonces, convocó una reunión de directiva para informarles de las complicaciones evidentes para seguir con la tradición y se decidió suspender el acto. No contento con aquello, continuó pensando en como compensar a los hermanos de tal perjuicio y propuso a sus compañeros de directiva organizar una romería. “A Roya, y organizaremos una rifa para recaudar fondos”, contestó muy taxativo. Rápidamente fue a ver a don Manuel Santos, párroco, para explicarle la noticia, a quien le pareció estupenda y ofreció la imagen de San José que estaba en San Sebastián para tal fin. Fue el 1 de mayo de 1977 cuando se organizó la primera Romería a Roya. La Hermandad de las Angustias contribuyó con 15 arrobas de vino para el acontecimiento, y se montó una cucaña y una rifa. El éxito de participación fue rotundo, “Recuerdo como veía a la gente, especialmente a los mayores, acercarse a Roya llenos de ilusión, y pensé que la idea había sido un acierto”, reconoce Manuel González.

Desde entonces se celebra cada 1 de mayo la Romería de San José Obrero desde la Ermita de Santa Ana hasta la capilla de San José Obrero en el manantial de Roya. La romería es organizada por la Hermandad de Las Angustias y en ella participan diferentes asociaciones, hermandades y grupos de amigos realizando carrozas que engalanan para la ocasión. La Hermandad premia a las carrozas con trofeos y paletillas de jamón para agradecerles su participación en la Romería. Además, todo el pueblo de Estepa y de los alrededores visita este día la capilla de San José Obrero y el manantial para pasar un buen día en compañía de sus amigos y de los seres queridos en plena naturaleza.

La Romería de San José Obrero está incluida en el Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía.




Con fotografías de Gar, El Poeta

Le recomendamos visitar las siguientes galerías fotográficas:
-Romería de San José Obrero (I), (II), (III) de Gar, El Poeta
-San José Obrero, de J. Vázquez

Artículos relacionados:
-Especial Romería de Estepa (Gar, El Poeta)

CORAZÓN BLANQUILLO

Manuel González Juárez
El hijo del mudo


Fiel a su cita, Manuel llegó puntual a la plaza de Santa Ana. De hecho, ya estaba allí cuando yo llegué con la intención de saber algo más sobre aquel personaje estepeño. De mediana estatura y piel rojiza, se mostró reservado, preguntándose del porqué de aquel encuentro. No es de extrañar que ya me esperara, porque la mayoría de los días acude diligentemente a cumplir con sus tareas de santero, cargo que tan bien ostenta desde que dejó de ser Hermano Mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias. Por cierto, la Hermandad, que es su casa, su vida, su gran pasión.

Manuel González Juárez (Estepa, 10 de marzo de 1930) nació en la Rinconá, otro de esos recovecos que se dibujan en nuestro pueblo, situado al final de la calle Saladillo. Hijo de Manuel y Matilde, todos le llaman el mudo, aunque él puntualiza no sin insistencia que es el hijo del mudo. De familia de tradición panadera, humilde, “corriente” como le gusta calificarla, desde muy pequeño ayudaba a su abuelo en las tareas de Horno de la Cuesta. Además, acudía todas las mañanas al colegio. De hecho, admite que fueron sus abuelos quienes prácticamente le criaron. Por aquel entonces, lo que más le gustaba era jugar a la patineta, al aro, o dar largos paseos con su tía más chica por el Cerro de San Cristóbal. Cumplidos 15 años, su abuelo cerró el horno. Sin trabajo, Manuel acudió al campo con su tío José. Algo circunstancial que duró apenas un par de años, cuando ya empezó a trabajar en la obra con don Luis Martín, otro de esos personajes de nuestra historia doméstica más reciente. En su empresa trabajó hasta los 60 como encargado, momento en que dio de quiebra. El hijo del mudo recuerda su ocupación diaria con cariño y agradecimiento, aunque reconoce lo duro que fue.
Y es que Manuel siempre estuvo entregado a su familia. Casado con Manuela, a quien sólo mencionar es motivo para que se le iluminen sus ojos, tiene seis hijos (Manuel, José Antonio, Francisco, Mª del Pilar, Lourdes y Margarita), y trece nietos. Trabajó siempre por y para ellos, y su orgullo impidió que también lo hiciera su mujer. Así tuvo que compaginar sus tareas en la obra con campañas de mantecados, chiringuitos de verano o casetas de feria. Todavía se recuerda en el pueblo aquellos puestecitos de bebidas que con Rafael ‘Manta al hombro’ puso en el Cerro, junto a los frailes y bajo los árboles.

A su mujer la conoció ya de muy pequeño cuando la visitaba en el cortijo que sus padres regentaban en Puente Genil. “Era una niña, y me gustaba, digo que si me gustaba”. Pero su relación no fue formal hasta cumplir los 19, edad con la vino del servicio militar en la aviación, en Tablada (Sevilla). Ella tenía entonces 16 y mantuvieron un noviazgo a la antigua, “sin poder rozarse” como recuerda sonriendo. Largos paseos por la carretera, el Cerro, eso sí, casi siempre con ‘carabina’, por si las moscas. Manuel todavía se emociona cuando piensa en la primera vez que fue con su novia a tomarse una cervecita. Fue en Casa Lechuga, en la actual calle Padre Alfonso, bar donde por entonces empezaron los domingos a entrar las mujeres del pueblo, que lo hacían por la calle Antonio Álvarez directamente al piso de arriba y que siempre recordaremos por su alta barra y sus tapitas de calamares. Ay, que calamares aquellos… Manuel y Manuela se casaron con 25 y 22 años respectivamente, en la Iglesia de los Remedios.

Además de su familia, tiene una gran pasión: la Semana Santa. Churretero de nacimiento, mondonguero de adopción y blanquillo de corazón. Por encima de todo, blanquillo. Apelativo por el que se conoce a los miembros de la Hermandad de las Angustias, Manuel fue Hermano Mayor durante 20 años, desde 1962. Pese a no vivir en primera persona su fundación, el hijo del mudo recuerda perfectamente cómo se produjo. En 1955 un grupo de obreros estaba trabajando en uno de los muros de la Victoria y recibieron la visita de don Manuel Lassaleta y Muñoz Seca, párroco por aquel entonces de San Sebastián, personaje estepeño con pleno derecho, que le alentó a crear una nueva hermandad. Una cofradía de obreros que procesionarían ya en 1954 con la Virgen de las Angustias, imagen que se encontraba en San Sebastián pero que había permanecido a la Iglesia de la Victoria. Cuando su amigo Juan Borrego fue nombrado Hermano Mayor en 1957 le convenció para que se hiciera miembro. Y así lo hizo. Cinco años más tarde Manuel se convirtió en Hermano Mayor. Él ya era encargado de obra con don Luis Martín, “su jefe”, quien ayudaba económicamente a la Hermandad. Al ser pocos miembros se encargó de ir reclutando más. Las normas de aquella incipiente cofradía fueron rígidas, por otro lado algo muy propio de la época. Los candidatos debían ser mayores de edad, hombres, que no fueran empresarios o no tuvieran carrera. Existieron excepciones aunque éstas en un principio para hermanos sin voz ni voto. Años más tarde, sin ningún tipo de exclusión o restricción.

Manuel renunció a su cargo de Hermano Mayor en 1982, ya muy cansado. Designio del destino, su hijo José Antonio le relevó tras unas elecciones internas y ocuparía el puesto otros 18 años. Tras su desistimiento, el hijo del mudo no consintió que de la iglesia se hiciera cargo nadie más. La ermita de Sta. Ana se había recuperado durante los años de su mandato y ya había calado hondo en su corazón y en el de su familia. “Aquí estaré de santero hasta que me muera”, pese a que en un par de ocasiones intentó sin éxito delegar su ocupación. Una de ellas y “el peor momento de mi vida” fue con las desavenencias entre la Hermandad de Santa Ana y la de las Angustias por la llave del templo. De nuevo, y años después también agotado, fue a ver a don Manuel Santos Ortega, párroco de San Sebastián, a quien le pidió que le relevara en el cargo. El cura, muy acertado entonces, le pidió que siguiera allí mientras él viviera. Y así será.


Manuel González, quien fue también concejal del Ayuntamiento de Estepa justo antes de la llegada de la democracia a nuestro país y que todavía recuerda aquella primera excursión que se organizó en el pueblo a Granada en la década de los 60, humildemente afirma que le hubiera gustado hacer más cosas por Estepa. Ahora, un día normal, se levanta pronto y acude a su ermita, a “darle una vueltecita”, a pasear por las calles, a charlar con la gente. Y regresa a casa como siempre, a estar con los suyos, con su mujer, con sus hijos, y en su huerto, otra de sus aficiones actuales. Él, a quien le gustaría que le recordaran por lo poquito o mucho que hizo por sus Angustias ha recibido ya tres merecidos homenajes. Uno de su hermandad, otro del Coro de Sta. Ana y el último de la Hermandad de Santa Ana. “De verdad que no sé por qué me los han dado”.

Manuel vive desde hace ya casi cuarenta años en la carretera del Saucejo. Allí se siente feliz, especialmente el día de año nuevo, cuando su familia se reúne para celebrar su onomástica y la de su mujer. “Y es que no falta ninguno”, se emociona con ternura. Hombre cabal, desprendido, bueno, humilde, honrado, de fe y entrega, sin ningún afán de protagonismo. Manuel González Juárez, el hijo del mudo, es eso y algunas cosas más. Una gran persona con la que Estepa y su historia tiene una deuda, aunque él poco se lo crea.


German Rodríguez
Revista de Feria de Estepa, Agosto 2004

LA HISTORIA DE 50 AÑOS DE NIÑOS NAZARENOS

Es una de esas historias que no caben en un puñado de palabras porque pertenecen al patrimonio de nuestra memoria, de nuestro sentir. Cada Domingo de Ramos volvemos a ser niños, con el olor de la ilusión al filo de la ansiedad, delante de los puestos de baratijas multicolor de los Mesones, con la ropa de estreno que siempre se mancha del primer helado de la temporada, el ochío en el bolsillo y la luz espesa de las tardes de primavera. Cincuenta años que han pasado como un soplo, desde que Don Manuel Lassaletta y mi padre, promovieron esta hermandad para que los niños tuvieran un sitio propio en nuestra Semana Santa.

Han sido cincuenta Domingos que cabalgamos a lomo de una borriquita, que pisó los toscos adoquines en hombros y costales de estepeños, mientras crecia y se consolidaba una cofradía que hoy se escribe con todas las letras mayúsculas, por el sentido real de la relación entre los hermanos que en este cincuentenario han sabido honrar a sus predecesores, a los niños y a su pueblo.

A los primeros con gratitud y honores, a los niños con una Cruz de Mayo al más puro estilo cofrade, y al pueblo con varios actos conmemorativos que van desde el pregón del Cincuentenario Fundacional de la hermandad a cargo del primer Pregonero estepeño, Juan Luis Machuca Fernández, hasta dos ponencias poéticas de Antonio García Barbeito, Un Cuento de Navidad y Las Otras Figuras de la Pasión; pasando por la edición de un cartel y una medalla conmemorativa de tan importante efeméride.

Pero sin ninguna duda, el acto más relevante de toda esta celebración ha sido la bendición del Señor el pasado mes de febrero, que forma parte del conjunto escultórico que Francisco Berlanga está realizando para la cofradía y que vemos finalizando en los próximos años.

Cada Domingo de Ramos ese misterio saldrá a iluminar la mirada de los niños, algunos de los cuales ya son mucho más mayores que la hermandad. Será como la primera vez que vino a Estepa y ese es nuestro misterio que nos gusta encontrarnos con la magia de la ilusión, con la ansiedad de las vísperas, con la borriquita que va dentro de cada nuestro sentir cofrade y estepeño.

Ahora, estamos en las fiestas de nuestro pueblo, y es momento de honrar y agradecer ese trabajo bien hecho durante cincuenta años, por tantos estepeños, felicitar a la Hermandad de los niños por este aniversario y por ser hoy parte inseparable de nuestra historia, nuestra memoria y nuestra tradición.

Antonio Caballero Toro
Hermano de la Borriquita y pregonero de Estepa
Revista de Feria de Estepa, Agosto de 2004
Detalle de los niños en el misterio de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén:
-Un niño empuja a una borriquita pequeña para que continúe tras el Señor
-Una madre arrodillada acompaña a su hija delante del Señor
- En la trasera del misterio, tras el olivo, un niño nos anima a todos a que sigamos al Señor

RESTAURACIÓN DE LA IMAGEN DE SAN JUAN EVANGELISTA POR EL IAPH (2003)


La primavera del 2003 nos ha devuelto uno de los inquilinos más ilustres y singulares que tiene nuestro patrimonio local: la talla de San Juan Evangelista perteneciente a la parroquia de Santa María la Mayor. El pasado 5 de mayo se efectuó el acto de entrega dicha pieza al Ayuntamiento de Estepa, después del laborioso proceso de restauración al que ha sido sometida por los técnicos del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, dependiente de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

La imagen es una escultura de madera tallada, policromada y estofada que representa al Evangelista sentado en actitud de escribir el Apocalipsis con el águila a su derecha. Siguiendo las recomendaciones del tratadista Pacheco, viste túnica de color blanco, símbolo de pureza, y el manto rojo y muestra el aspecto de un hombre de avanzada edad.

Se ha venido atribuyendo a la producción del escultor Juan Martínez Montañés; sin embargo, presenta una serie de grafismos más cercanos a las obras de su discípulo Juan de Mesa. Fue ejecutada probablemente en el primer tercio del siglo XVII para una iglesia sevillana desaparecida durante el siglo XIX, siendo posteriormente donada en 1894 a la Iglesia de Santa María de Estepa, donde permanece actualmente.

A lo largo de su historia, la imagen no ha sido objeto de intervenciones que hayan modificado significativamente su aspecto y por ello conserva la policromía original de excelente calidad.

La intervención de conservación restauración realizada en el San Juan Evangelista se ha llevado a cabo en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico durante el periodo de junio de 2002 a marzo de 2003. la metodología de la intervención ha consistido en una primera fase de estudios analíticos e históricos que ayudan a concretar los datos técnicos y el estado de conservación de la escultura. Basándose en estos estudios se elaboró la propuesta de intervención para realizar el tratamiento de conservación y restauración. Este ha tenido como finalidad la consolidación de los diferentes elementos constitutivos de la obra y la recuperación de su aspecto formal y estético.

Los problemas que la imagen presentaba eran principalmente la separación entre algunas de las piezas que forman la talla, la pérdida de algunos fragmentos de soporte o el deterioro producido por insectos xilófagos. Hay que destacar, en el estado de conservación, las deformaciones irreversibles que han experimentado algunos de los elementos que constituyen la escultura. En cuanto a la policromía, la problemática principal se centraba en la falta de adhesión al soporte y la acumulación de suciedad, así como los repintes y barnices alterados que impedían apreciarla.

En cuanto al soporte, se volvieron a ensamblar algunas piezas de la talla que se encontraban separadas entre sí. También se restituyeron los fragmentos que se habían perdido siempre que se encontrara información suficiente para su reintegración – como los dedos de las manos, el pico del águila y algunos otros repartidos por el resto de la escultura.

El tratamiento en la policromía consistió en la consolidación de la misma y la limpieza de depósitos superficiales, barnices y repintes que pretendían ocultar diversos deterioros. Las lagunas de policromía se estucaron para la posterior reintegración cromática, aplicando finalmente una capa de barniz protector.

Este proceso de restauración tan exhaustivo llevado a cabo desde el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, ha tenido como protagonistas a la restauradora de bienes culturales Mª Teresa Real Palma y a la historiadora de Arte Eva Villanueva Romero, responsables de la magnífica labor que nos ha devuelto en su mayor esplendor la talla de San Juan Evangelista y que desde estas páginas debemos de reconocer todos los estepeños.

Revista de Feria de Estepa, Agosto 2003


Fotografías anteriores a la restauración:




Fotografías de la imagen ya restaurada:
 

Artículos relacionados:
-A propósito de una escultura de San Juan Evangelista atribuida a Juan de Mesa en Estepa. Jordán Fernández, JA. Anuario de Historia de la Iglesia andaluza, 2012.
 -Juan de Mesa en el Convento de Santa Clara de Estepa. Propuesta de atribución de una imagen de San Juan Evangelista. Díaz Fernández, EA. III Jornadas de Historia de Arte. Córdoba-La Rambla. 2002





TRASLADO DEL RETABLO MAYOR DE LA VICTORIA


HACIENDO MEMORIA…

Días pasados y rememorando mi infancia, me vino el recuerdo de la Iglesia de la Victoria, una de las Iglesias más hermosas de Estepa, muy cercana a la casa en la que nací y a espaldas de los patios de la misma.

De mis once años de entonces, recuerdo que ya se estaba abandonando el edificio en sí. En el año 1938, y concretamente el día 3 de Febrero, día de San Blas, mi hermana Asunción, actualmente hermana de la Cruz (ese mismo año ingresaría en el convento), nos llevó a mi hermano Antonio (d.e.p.) y a mi a la tradicional ceremonia de la bendición de las roscas y sus correspondientes cintas. La imagen de San Blas se venera actualmente en la iglesia de San Sebastián y, si no me equivoco, ese año fue el último en que se celebraron cultos en la Iglesia de La Victoria.

En 1.939, a mi padre, Joaquín Borrego Rodas, al frente de una carpintería, le dieron el encargo de desmontar los retablos de dicha iglesia con el personal que tenía a su cargo, entre otros: Benjamín y Moisés Ruiz Domínguez, hermanos, Manuel Mairén, Antonio Ríos, Joaquín Fernández y Juan Borrego Castillo.

Los retablos que estaban bajo los arcos laterales fueron llevados a los pueblos cercanos de El Rubio, Casariche, Puente Genil, Badolatosa, y fueron recolocados rápidamente, sin mayor complicación. Aunque todos los retablos eran de la misma época y del mismo estilo y caridad, el retablo estrella era el del Altar Mayor y el que mejor recuerdo.

Se empezó a desmontar, primero el medio punto en varios bloques que se trasladaron en un camión a la Iglesia de Santiago el Mayor de Herrera y, seguidamente, todo el retablo.

Una vez en la iglesia, se montó como un puzzle en el suelo para comprobar que estuvieran todas las piezas, y una vez todo conforme, se procedió a la sujeción entre retablo y pared. Cuando se llegó a la cornisa y en el arranque del medio punto se comprobó que la bóveda no le daba paso al último bloque. La única solución fue cortarle entre 50 o 55 cm. en la parte baja.

En 2.006 se restaura el retablo de la Iglesia de Santiago el Mayor, antiguo de la Victoria. Un compañero de oficio, Feliciano, carpintero de Herrera, me llamó para que informara al restaurador de Bellas Artes sobre las mutilaciones que había sufrido en la parte final. Se lo expliqué, y así entendió por qué la hornacina se había quedado más baja, no teniendo cabida las alas del ángel. A este ángel le hizo el restaurador un trabajo fantástico.

Como recuerdo, nos fotografiamos en todo lo alto del retablo con el restaurador, Benjamín, Feliciano, A. Machuca y yo.

Al restaurador Benjamín Domínguez, le felicito por el magnífico trabajo que ha conseguido con este hermoso retablo.

Tengo también un especial recuerdo para aquellos que trabajaron bajo la dirección de mi padre, a los cuales no olvido, aunque sólo contaba entonces con doce años de edad.

A los ciudadanos de Herrera los felicito por conservar y disfrutar de esta magnífica joya del siglo XVII.

A los estepeños les invito a que lo visiten, con nostalgia sí, pero con cariño, no en balde el pueblo de Estepa lo disfrutó durante dos siglos.

Me pregunto… y con las dudas de siempre, ¿qué pasó para que esta iglesia emblemática de nuestro pueblo se abandonara, así como la Iglesia vecina de la Concepción…? Nadie me lo ha explicado aún. Para consuelo nos queda la Torre de la Victoria.

(Nota: en mi poder obran nóminas de los trabajadores, algunos datos más y algunas fotos)

Baldomero Borrego
Revista La Voz de Estepa Nº 57


Retablo Mayor de la Victoria en la Iglesia de la Victoria de Estepa (Años 30)


Retablo Mayor de la Victoria en la Iglesia de Santiago de Herrera (Años 50)

LA MARMETA


El 3 de Junio de 2001 nos dejaba Asunción Manzano Cruz, conocida en Estepa como “la niña de la Marmeta”. Sus 92 años de vida estuvieron marcados por una profundísima y sincera devoción por Nuestra Señora de los Remedios. Precisamente será así, cerca de Ella, vitoreándola y expresándole con su inconfundible “¡Bendita la Virgen de los Remedios!” como la mayoría de los estepeños la recordarán siempre.

Le llamaban “La Marmeta” por una tía de su madre, a la que le decían Dolores “La Marmeta”. Dolores crió a la madre de Asunción y a ella empezaron a llamarla igual. Los padres de la “la niña de la Marmeta”, Natividad Cruz y Joquín Manzano, eran los sacristanes – santeros, como se le dice en Estepa – de la Iglesia de los Remedios. Esto hizo que ella se criara junto a la Virgen de los Remedios. El amor de la familia Manzano por Ella se trocó en dolor un 27 de mayo de 1918, cuando el padre de “la Marmeta” murió durante una procesión de la Virgen. Joaquín evito con su cuerpo que la imagen de Nuestra Señora de los Remedios cayera al suelo en un accidente que se produjo durante la salida procesional, pero esto le costó la vida. Lejos de enfriar la devoción de Asunción por la Virgen, este suceso sirvió, sin embargo, para acrecentar el amor de “la Marmeta” por su Señora.

Asunción Manzano pasará a la historia de nuestro pueblo por este amor tan grande que tenía hacia la Virgen de los Remedios, gritándole su inconfundible “¡Bendita la Virgen de los Remedios! ¡Bendita Madre Mía!” en la novena, salida procesional y “el Lunes de la Subía”. Muchos recordamos aún a aquella anciana que esperaba a la Virgen en la primera casa de la Calle Roya, y que al ver a la Señora se emocionaba y le gritaba su “¡Bendita!”, conmoviendo al resto del pueblo que se reunía allí para acompañar a la Señora por las calles.

Asunción Manzano vio recompensado este amor inconmensurable por Nuestra Señora de los Remedios al término de sus días. Asunción siempre había deseado, y así se lo rogaba a Ella, que, llegada su hora, pudiera morir lo más cerca posible de su Virgen de los Remedios. Casualidad o milagro, Asunción enfermó en 2001 después de haber hecho la octava de los Remedios, el último día de la novena a Santa Rita (30 de mayo), que también se celebra en este templo. Comenzó a sentirse indispuesta, pues, en presencia de la Virgen, y una vez hubo fallecido, su capilla ardiente fue instalada en la iglesia entre cuyas paredes “La Marmeta” rezó durante tantas horas a lo largo de su vida.

Su entierro, multitudinario, confirmó que era persona querida y conocida por todo el pueblo. Su familia recibió numerosas muestras de cariño por los vecinos, sacerdotes, hermandades y por todo el pueblo de Estepa en general durante el velatorio y entierro

Sirvan estas líneas de homenaje póstumo a la que ya hoy forma parte de la historia y la memoria colectiva de Estepa: Asunción Manzano, “la niña de la Marmeta”. Descanse en paz.

16/7/09

NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO: UNA DEVOCIÓN. UN SENTIMIENTO

Viernes Santo, 5 de la tarde, mediados de los 90:

Son las 5 de la tarde, la portentosa imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno se dispone para atravesar el dintel de la portada que antaño daba la bienvenida a la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria y que por avatares de la historia hoy en día abre y cierra las puertas de nuestra Semana Santa en San Sebastián, dicha puerta guarda lo que para mí es el sentimiento más grande que se puede tener, una devoción incapaz de ser explicada.

Entre los muros de San Sebastián se percibe un diálogo que sólo se es capaz de intuir, la mirada del hijo con la madre, donde él le dice a ella que no se preocupe ni tenga pena, que ya está todo cumplido, que el pueblo de Estepa los espera con el corazón encogido por verlos pasar entre azahares y aromas de olivo, que no llore ni tenga pena, que esa pesada carga no tiene comparación con el llanto de una madre.

Y mientras tanto un pequeño de 8 años espera en la puerta para ver lo que aún su prematura edad no le dejaba entender, sólo contemplar y deleitarse con lo que allí ocurría.

Sólo el paso entre vítores y el anhelo de que un año más Jesús se pasea por Estepa, aquel pequeño no lograba entender muy bien lo que allí ocurría:

-¿La abuela donde está?- le pregunta el chavalín a su abuelo con incertidumbre

No terminó de hablar cuando él y su abuela se cruzaron las miradas, el pequeño se extrañó al verla:

-Abuelo ¿qué hace ella hay al “laito” del Señor?

-Está alumbrando – le respondió con una sonrisa pues sabía que el pequeño no entendería lo que quería decir aquella palabra nueva para él, “alumbrando”.

El chaval si querer hacer más preguntas no se conformó con aquella respuesta pues esperó que arriaran el paso para ir directamente a preguntárselo a ella.

El paso cae a tierra, la banda termina de tocar, se apresura y le pregunta:

-¿Abuela por qué estás aquí y no vienes a ver la procesión, que la Virgen ya va a salir? – le preguntó el pequeño. Mas no tuvo la respuesta que él quería tan sólo obtuvo silencio y una mirada, él ya intuyó que aquello que estaba haciendo su abuela seguía sin entenderlo pero que la situación era seria y tenía un sentido que no conseguía comprender.

Pues sí, tuvo que pasar un tiempo hasta que comprendí lo que aquella palabra “alumbrar” quería decir, con el tiempo me dí cuenta de que es la forma más hermosa y solemne de demostrar la devoción, el fervor y el amor que se le profesa a la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, es tal la devoción y el compromiso que se le tiene a dicha imagen que ni los achaques de la edad le impiden a mi abuela que cada Viernes Santo coja su sitio al lado del paso y acompañe a Nuestro Padre Jesús hasta donde sus cansadas piernas le dejen haciendo algunos años el recorrido completo. Aquel pequeño tiene ya 20 años, veinte años de profunda devoción hacia Jesús Nazareno, sintiendo a Jesús como un ejemplo a seguir y una forma de vida.

Dedicado a Carmen González Yerlas (la comina) – mi abuela-


Escrito por Juan Fernández Robles
Boletín “Cruces y Luces” 2009

DOSCIENTOS CINCUENTA AÑOS ENTRE NOSOTROS


Poco importan las creencias, religiosas o políticas, ante su presencia. No existe estepeño, hombre o mujer, que en estos doscientos años no haya bajado la mirada ante su paso musitando un deseo, una esperanza o tan siquiera un anhelo. Ni el más rico de los hombres ni el más mísero entre ellos han dudado en este tiempo que no existe nadie mejor en este pueblo a quien dirigir sus plegarias para encontrar un consuelo, un aliento o un desahogo con el que aliviar su pena.

Desde el niño que juega a mayor hasta el anciano que todo lo ha visto y vivido; desde la niña en su primera comunión hasta la abuela que a EL todo lo encomienda: desde la madre que reza por su familia hasta el padre que nunca va a la iglesia; desde el joven desquiciado por su juventud hasta la chica casadera, que no sabe si será este año o el que viene, pero que seguro que EL intercede para que suceda; desde tantos y tantos hogares estepeños esparcidos por el mundo donde nunca falta su grabado y con él su presencia; desde tantas cabeceras de enfermos donde el médico y su medicina pasan a un segundo plano ante la estampa de su figura; donde tantas carteras donde su fotografía, ajada por el tiempo, acompaña a la esposa, los hijos o los padres que ya se fueron; desde todos estos lugares, y desde muchos más que la imaginación no abarca, el pueblo de Estepa lleva doscientos cincuenta años amparado en ÉL, creciendo y transformándose bajo su inhiesta figura, rezándole a diario en las iglesias y en las casas, en las obras y en las oficinas, orgulloso de su prestancia y protegido por su presencia.

Y todo este tiempo no ha servido más que para aumentar el lazo de unión entre el Señor y sus hijos. Para convertirlo en alguien completamente imprescindible en nuestras vidas, en la de todos y cada uno de los estepeños, en nuestra razón de ser y de sentir, en algo sin lo que sería más difícil vivir. Resulta completamente impensable imagina a Estepa sin EL. Llegada esta efemérides deberíamos preguntarnos como habría sido estos últimos doscientos cincuenta años en Estepa sino hubiera estado EL entre nosotros. ¿Hubiera sido Estepa la misma ciudad que es hoy?, y sobre todo ¿Cómo seríamos y cómo se habrían criado las distintas generaciones de estepeños sin su estancia entre nosotros? Sin duda alguna no seríamos los mismos, y seguramente nuestro carácter e idiosincrasia, de la que tanto nos gusta presumir, tampoco sería la misma.

Pero no todo está hecho. Pese a los tiempos que corren en los que a todas palabras relacionadas con el cristianismo se les pone un “a” por delante como signo de modernidad y progresismo, los estepeños debemos seguir confiando en EL, y debemos criar a nuestros hijos, para que ellos hagan lo mismo con los suyos y así otros doscientos cincuenta años más, en la fe y en la creencia de que nuestras vidas serán mucho más fructíferas si a EL nos encomendamos; y con la confianza de que las generaciones venideras gozarán, como ya lo hicieron sus ancestros, de vivir bajo la eterna protección que su figura inspira.

Doscientos cincuenta años. Dos siglos y medio. Doscientos cincuenta Viernes Santo. Más de noventa y un mil días con nosotros. Diez u once generaciones de familias estepeñas. Nueve reyes, una reina, dos repúblicas y un dictador de España. Una guerra de independencia y otra entre hermanos. De la iglesia como poder de estado a un estado aconfesional. De luces y cruces a saetas y sevillanas. Cuanto ha cambiado el mundo, cuanto ha cambiado Estepa, y que poco, gracias a Dios, ha cambiado EL.


Un hermano
3 de Diciembre de 2008

Boletín “Cruces y Luces” 2009

250 AÑOS DE VIDA

250 años de vida han pasado desde que el imaginero Luis Salvador Carmona, diera vida a los estepeños, creando una magistral talla esculpida rasgo a rasgo para llenarnos de fe y colmarnos de alegría.

Son muchos los hogares estepeños y muchas las personas que marcan su día a día, impulsados por su gran pasión hacia Él. Conmovidos por su figura, caminamos, afrontando nuestras propias batallas, las que Dios nos tiene organizadas bien con la familia, con los amigos, en nuestro negocio o trabajo, mientras tanto a veces nos sentimos azorados, desdichados, enfermos, abatidos, tristes, gozosos, alegres, orgullosos, …; pero siempre, convencidos de que podemos afrontar las vicisitudes que se nos presentan cogidos de la mano de Nuestro Padre Jesús.
Durante estos dos siglos y medio, son muchas las personas que con su entrega y generosidad han hecho posible la existencia de nuestra Hermandad. Transcurrir éste, lleno de devoción y cariño hacia nuestros Titulares, con la vocación de darles culto y procesionar junto a Ellos en la estación de penitencia de cada Viernes Santo, siempre profesando nuestra fe y dándoles la solemnidad y el respeto que se merecen.
Creo que debemos conservar siempre la integridad de la Hermandad, con la humildad y el esplendor que se merece, pues debemos de ser conscientes del valor que hemos heredado y sentirnos dichosos y capaces de mantener viva nuestra pasión y devoción para transmitirla a nuestros hijos.
Espero con la ayuda de Nuestro Padre Jesús y al amparo de su Madre María Santísima de los Dolores, ser merecedores de Ellos y nos den la suficiente firmeza y dignidad para pertenecer a esta Hermandad y contribuir de esta manera para mantenerla siempre viva con todo el pueblo de Estepa.


José María Alfaro Márquez
Hermano Mayor de la Hermandad de Jesús Nazareno de Estepa
Boletín “Cruces y Luces” 2009

RESTAURACIÓN DE LA IMAGEN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS POR EL IAPH (2004)

Se han realizado una serie de actuaciones de cara a la conservación restauración de la imagen de San Francisco de Asís, de acuerdo con la propuesta de intervención previa redactada por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. El pasado 1 de marzo de 2004, la escultura ingresó en el taller del instituto, y desde entonces se ha procedido a la ejecución de los estudios previos que se consideraron necesarios para obtener un mejor conocimiento de la materialidad de la obra, establecer el diagnóstico definitivo del estado de conservación y proceder al tratamiento. Así, se ha realizado el estudio radiológico, el examen de la obra con iluminación ultravioleta y el estudio de la superficie polícroma con lupa binocular. Del mismo modo, en el departamento de Análisis del Centro de Intervención, se han analizado las muestras tomadas de policromía y madera, para conocer tanto la secuencia estratigráfica como los materiales constitutivos.

Una vez concluida la fase de estudios y análisis previos, dio comienzo la intervención de conservación restauración en la que se han realizado las siguientes actuaciones: la eliminación del sistema de encaje del crucifijo en la mano del Santo, que se sustituirá por otro más adecuado; la limpieza superficial de la imagen; la fijación de los levantamientos de policromía con la aplicación de adhesivos afines al original; la realización del test de limpieza para la remoción de depósitos superficiales; y la limpieza del estrato polícromo, remoción de barnices y repintes, fase en la que se encuentra en estos momentos la obra. Paralelamente a la ejecución de los tratamientos de conservación, se está procediendo a documentar fotográficamente todos los datos que se consideran importantes, y a documentar gráficamente todas las alteraciones detectadas en la pieza como los tratamientos que se están efectuando.

Su origen histórico

La imagen de San Francisco ha estado atribuida a las escuelas granadina y sevillana siendo el franciscano Martín Recio quien la relacionó con la producción del escultor Luis Salvador Carmona. Este investigador localizó en los libros de la Orden Tercera Franciscana unos pagos fechados entre 1743 y 1746 para la adquisición de una talla del seráfico padre y su correspondiente retablo por medio del VII Marqués de Estepa D. Juan Bautista Centurión de Ayala. Al ser ministro y benefactor de la Orden Tercera Franciscana en Estepa y tener su residencia en Madrid pudo conocer al escultor castellano. Este hecho explicaría la presencia en nuestra ciudad de la citada obra. Según consta en el acta de 1743 la imagen se hizo este año y se entregaron noventa y cinco reales de vellón al escultor como pago.

Antes de la restauración


Después de la restauración:


Fotografía J. Vázquez
Revista de Feria de Estepa, 2004
Conservación y Restauración del San Francisco de Asís de Estepa (IAPH)

15/7/09

BIOGRAFÍA HUMANA DE LUIS SALVADOR CARMONA (1708-1767)

El que llegaría a ser famoso escultor, nació en la localidad vallisoletana de Nava del Rey el 15 de noviembre del año 1708. Diez días después, sus padres Luis Salvador, natural del lugar, y Josefa Carmona, de Medina del Campo, le bautizaron en la iglesia parroquial de los Santos Juanes, imponiéndole por abogado a San Francisco Javier. El matrimonio tuvo otros tres hijos, Pedro, Andrés y Tomás y todos formaban una humilde familia cuyos únicos ingresos económicos procedían del modesto trabajo que desempeñaba el marido y del fruto de un par de pequeñas viñas que, con el paso del tiempo, tuvieron que vender para atender a su manutención y hogar. El abuelo paterno era ermitaño de Nuestra Señora de la Concepción y su tío, Francisco Rodríguez, músico bajón en la iglesia parroquial.


Durante su infancia Luis sintió inclinación por las manualidades artísticas entreteniéndose en recortar estampas y en tallar figurillas con ayuda de una pequeña navaja y una cuchilla de cocina, ofreciendo al parecer rasgos de precocidad. La tan manida historieta puede que tenga cierta verosimilitud dado el interés y belleza de las obras de arte que la iglesia parroquial de su pueblo natal podía brindar como modelos a un joven despierto.

Además Nava vivía un momento de auge económico que le permitía proseguir con dignidad el amueblamiento de su templo principal, el cual recientemente había sufrido las consecuencias de un hundimiento parcial de su torre. La presencia de ensambladores procedentes de Medina del Campo y de Valladolid, tales como Francisco Martínez de Arce y Juan Correas, de obras escultóricas originales de Juan y de Pedro de Ávila que seguían la estela de Gregorio Fernández o de Bernardo Rincón, así como la llegada de otros artífices salmantinos, como el ensamblador Pedro de Gamboa o el escultor José de Lara, responsables de la sillería coral de la iglesia, justifican sobradamente que se suscitara la emulación en sus inclinaciones estéticas.
Obtuvo en Segovia el espaldarazo para iniciar la adecuada formación artística, ante un canónigo al que demostró los principios y habilidades de su ingenio quien convencido de la capacidad del muchacho avaló desinteresadamente su formación artística y, con el consentimiento paterno, logró enviarle a Madrid para que estudiase en el taller del asturiano Juan Alonso Villabrille y Ron, el escultor más acreditado que había en aquel momento en la Corte.

El contrato de aprendizaje de Luis Salvador fue suscrito por José Martínez de Arce, que se ha supuesto fuese el ensamblador medinés de este nombre hijo de Francisco Martínez de Arce, lo cual resulta algo problemático ya que el 24 de junio de 1723, cuando se firma la referida obligación, éste contaba cinco años más que Carmona, siendo extraño que actuara como tutor y responsable del futuro escultor alguien que tampoco había cumplido la mayoría de edad. Es más probable que fuese el licenciado José Martínez de Arce, tío del ensamblador, quien representó legalmente al padre del aprendiz, y cuya biografía habrá que conocer para justificar su relación con Villabrille.

La estancia de Carmona en casa de este último superó los límites establecidos por la vigencia del contrato (hasta el 24-VI-1729), tiempo durante el cual colaboró directamente en obras personales de éste. Sus excelentes condiciones hicieron que el yerno de Villabrille, el escultor segoviano José Galván, le propusiera asociarse con él para seguir beneficiándose de los encargos que recibía el taller. Su vinculación tuvo que finalizar al morir el maestro de ambos, momento en que Carmona decidió establecerse por su cuenta, primero en la calle de Hortaleza, después en la de Santa Isabel y hacia 1740 en la denominada Fúcares o de Jesús (de Medinaceli), esquina a Gobernador, en Madrid.

En 1731, con casi 23 años, contrajo matrimonio en la iglesia de San Lorenzo, ayuda de parroquia de la de San Sebastián, con la madrileña Custodia Fernández de Paredes, que apenas contaba 16 años. Ella aportó una sustanciosa dote valorada en 16.830 reales, entre pinturas, ropa blanca, vestidos, muebles, joyas y dinero en efectivo a lo que se sumó Carmona «por vía de arras», en atención «a las muchas y buenas prendas y virtudes» que concurrían en la novia, otros 1.683 reales que confiesa cabían en la décima parte de los bienes que poseía el artista en ese momento. Con ella tuvo cinco hijos de los que tan sólo le sobrevivieron dos: Andrea y Bruno.

Como sus facultades artísticas y seguramente organizativas le permitían afrontar encargos de volumen considerable, tanto en número como en tamaño, su prestigio comenzó a afianzarse sobre todo a partir de 1739 en que tuvo que responder como «artífice de toda satisfacción» a la importante colaboración que le solicitó el ensamblador vasco Miguel de Irazusta con destino a la iglesia de Santa Marina de Vergara. Tal conjunto le abrió las puertas del País Vasco y le facilitó relacionarse con una poderosa clientela que iba a reclamar insistentemente sus creaciones siempre dotadas de una calidad y belleza altísimas.

En la década de los años 40 empezó a trabajar, con otros muchos artistas, en la decoración del nuevo Palacio Real a las órdenes del escultor carrarés Gian Domenico Olivieri. Labor tan dura como la talla en piedra la simultaneó con numerosas peticiones de obras en madera, escalonadas en el tiempo, destinadas a iglesias guipuzcoanas o navarras, realizadas asombrosamente mientras se ocupaba en otras para La Granja de San Ildefonso o para particulares, parroquias y congregaciones religiosas de Madrid.

Los activos protagonistas de la denominada «hora navarra» residentes en la Corte encontraron en él al mejor traductor de sus sentimientos estéticos. Para la iglesia nacional de San Fermín de los navarros, situada entonces en el Prado de San Jerónimo, trabajó a partir de 1743 un amplio muestrario escultórico capaz de satisfacer las aspiraciones espirituales, emotivas o artísticas de sus clientes los Indaburu, Aldecoa, Gastón de Iriarte, Lavaqui o Goyeneche.

Establecida la Junta preparatoria para la creación de una Academia de Bellas Artes, presentó en 1746 a la consideración de ésta varios modelos de barro o yeso en bajo relieve (Hércules recostado y arrimado a su clava y «el modelo vivo de la Escuela en una de sus posturas más especiales») con el fin de conseguir un asiento en la sala en que se impartían enseñanzas de pintura y escultura. Se atendió a su petición, sin mayor dificultad, «por su habilidad, nacimiento, buenas costumbres y maduro juicio» y pudo asistir a las sesiones académicas a partir de ese momento colocándose después de los maestros y delante de los discípulos. Siempre dejó claro su interés por la enseñanza hasta tal punto «que no sólo quería aprovechasen los demás» sino que contribuyó a fomentar la junta y las sesiones de estudios que se celebraban en casa del maestro Olivieri.

Animado por ello y tratando de alcanzar lo que algún otro había logrado, con 40 años aspiró a recibir nombramiento y sueldo de escultor del Rey Fernando VI pero sus pretensiones no fueron bien vistas por otros artistas y hubo de esperar cuatro años más a que, oficialmente, sus cualidades artísticas y pedagógicas se reconocieran por la recién creada Academia de San Fernando en la que fue designado Teniente de Escultura junto con sus compañeros Juan Pascual de Mena y Robert Michel, bajo las órdenes del puntilloso Director Felipe de Castro. En su empleo cobraba la exigua cantidad de 1.500 reales al año pero, a cambio, gozaba de la condición de nobleza.


Quien le conoció aseguraba que era «hombre serio, de aspecto grave y aunque de pocas palabras… tuvo tan bellas prendas que demás de su notoria habilidad, por su persona y trato era sumamente recomendable». Conocedor y orgulloso de sus propios méritos y de la calidad de su obra, no admitía correcciones y sentía gran autoestima y hasta cierto engreimiento al no valorar ni respetar a quien no merecía semejante desconsideración, como le recuerda en una ocasión el mencionado Castro, lo que no le favorecía en nada para conseguir sus aspiraciones profesionales. De acreditada religiosidad, devoto, infatigable trabajador, prolífico tanto para la invención como para la ejecución, en su vida privada como en la profesional fue también cuidadoso, detallista y minucioso.

El núcleo familiar, aparte de su esposa, lo integraba su hija mayor, Andrea, que a los 17 años casó en 1751 con José Manuel Moreno, por entonces Fiel registrador de sisas reales y municipales en la Puerta de Atocha y diez años después Oficial de la Contaduría de valores; Bruno que, tras un periplo americano (1754-1761) como dibujante de botánica en la Expedición de Límites, se estableció en Madrid; y sus sobrinos, el también escultor José, los grabadores Manuel y Juan Antonio y Jacinta, hijos todos de su hermano mayor Pedro. Asimismo disponían de una criada (María de las Heras) y de varias lavanderas a su servicio.

Según parece contó con la protección de Don Baltasar de Elgueta, Intendente de la obra del nuevo Palacio Real, y en el círculo de sus amistades más próximas se encontraban su «primo», como le llama en alguna ocasión, Don Agustín González Pisador, administrador de la parroquia de San Sebastián, nombrado en 1754 obispo de Tricomia «in partibus infidelium» y auxiliar de la diócesis toledana, que en 1760 tomó posesión del obispado de Oviedo, y el ensamblador Diego Martínez de Arce, que continuaba colaborando con el escultor todavía en aquel último año. Además tuvo estrecho trato con los pintores italianos que residían en La Granja, Domenico Maria Sani, cuyas hijas pasaban temporadas en su casa, y Sempronio Subisati.


No hay constancia de que volviera alguna vez por su tierra natal pero, sin duda, estaría al corriente de todas las novedades que sucedían en ella tales como la construcción del nuevo edificio del Ayuntamiento (1732) o la magnífica sacristía (1733) de la parroquial trazada por Alberto Churriguera; la fundación del convento de madres capuchinas (1741); la ampliación del de agustinos recoletos; el trágico destino del dominico fray Mateo de Leciniana (1702-1745), martirizado en el Extremo Oriente, o la promoción a las sedes episcopales de Teruel y Oviedo de D. Francisco José Rodríguez Chico (1757) y D. Agustín González Pisador (1760) respectivamente, todos ellos compañeros de juegos infantiles; la muerte del hermano Antonio Alonso Bermejo en olor de venerable (1758); las obras de arte que llegaban a los establecimientos religiosos, como la escultura titular del Hospital de San Miguel, original de Alejandro Carnicero, u otras en cuyo encargo seguramente él intervendría destinadas al convento de los frailes, a la parroquia o a las madres capuchinas.


Por su parte, en los primeros años de ausencia, daría cuenta a sus familiares de la marcha de su aprendizaje y, más tarde, del inagotable éxito profesional que cosechaba en la Corte, de sus cargos y comisiones, y de sus relaciones sociales, constituyendo la mejor demostración de su buena posición, afecto e interés hacia los suyos el envío de cantidades de dinero y la asignación de 3 reales diarios a su padre además de velar por el futuro de sus sobrinos, por los tres que seguían sus pasos artísticos y por el que había decidido abrazar la carrera sacerdotal.

En su taller y en distintos momentos, aparte del hijo y de sus tres sobrinos, se formó también Francisco Gutiérrez que en 1747 marchó a Roma a continuar su carrera como pensionado y del que se sentía muy orgulloso; Alfonso Chaves que se empleó, años después, en la Real Fábrica de la China del Buen Retiro, y el santanderino Manuel de Acebo que acabó instalándose en el País Vasco. Pero, sin duda, tuvo que contar a su servicio con numerosos aprendices, oficiales de escultura y pintores para poder cumplir puntualmente con los encargos que recibía. Falta por averiguar si alguno de los escultores vascos que acusan estrecha relación con su obra -Juan Bautista Mendizábal, Francisco de Echeverría, Francisco de Asurmendi- estudiaron directamente con él o aprendieron en el estudio de la extensa producción que Carmona dejó en territorio vasco-navarro.

En 1755 falleció a los 40 años la esposa del escultor y tres años después murió en Nava su padre. Carmona decidió en 1759 volverse a casar, esta vez con Antonia Ros Zúcaro, huérfana sevillana muy bien dotada económicamente, a la que casi doblaba en edad; incluso tuvo humor en hacerse para tal ocasión un traje nuevo. La felicidad familiar duró poco pues su joven esposa falleció, de sobreparto, en 1761 sin dejar descendencia. Fue por entonces cuando el artista comenzó a manifestar desánimo y cierta inclinación hipocondríaca.

En julio de 1764 Carmona gozaba ya de un precario estado de salud. Según opinión de quien le visitó en ese momento, se hallaba tan «poseído de melancolía que apenas puede dar golpe». Su estado depresivo se agravó con otras enfermedades y la progresiva falta de vista terminó de minar su espíritu y toda capacidad para el trabajo. Jubilado de sus funciones docentes en 1765 por estar imposibilitado para continuar sirviendo el cargo, la única satisfacción que tuvo fue ver casar a su hijo Bruno, no enterándose, quizás de la muerte en 1766 de su hermano Andrés en Toledo.

Enfermo en cama, y no pudiendo recibir más sacramentos que el de la unción por haberle sobre-venido «un accidente», falleció el 3 de enero de 1767 después de haber vivido exactamente 57 años y 49 días. Su cadáver, amortajado con el hábito franciscano, se enterró en la madrileña iglesia de San Sebastián, seguramente en la misma sepultura de su segunda esposa, frente al púlpito e inmediata al altar de Santa Catalina de Ricci cuya escultura había tallado él mismo. En ese mismo mes sus testamentarios y herederos formalizaron las últimas disposiciones que el artista les había confiado. Las numerosas mandas y encargos piadosos confirman su religiosidad y la ausencia de deudas el buen estado económico en que se hallaba Carmona pese a que su actividad, por motivos de salud, se había detenido; la cordialidad familiar entre sus dos hijos facilitó el reparto de la herencia sin intromisión de la justicia ni desavenencias fraternas.
El compendio que de su vida y obra se escribió en 1775 por mandato de la Real Academia de San Fernando, y en el que se reconocía su desvelo, aplicación, puntualidad, afición, observancia y magisterio, aseguraba que eran «muy pocos los templos de esta Corte en que deje de haber muestras de la eminente habilidad» de Carmona. Enumera muchas de las que hizo para conventos mercedarios, oratorianos, dominicos, trinitarios, jesuitas, etc. Sus trabajos en piedra y en madera tanto para Madrid como para fuera se llegaron a calcular en más de quinientas efigies, anotadas todas en «un cuaderno que por su orden las sentaba», y en cuyo cómputo no entraban los pequeños crucifijos, los Niños de Pasión o las figuras de estuco.

Empleado en diferentes ocasiones al servicio de la Corona en el Palacio Real de Madrid, en el ornato del Panteón de Felipe V de La Granja dejó una de las mejores realizaciones artísticas de aquel siglo. La reina madre Dª Isabel de Farnesio, su hijo el infante D. Luis y su círculo más íntimo de servidores sintieron también una especial devoción por Carmona; su arte satisfacía plenamente el gusto de la Corte y su exquisita sensibilidad resultaba convincente de igual modo para aquellos que buscaban identificarse con una ternura impresionable repleta de sentimiento. Fue escultor de todos y para todos, el más completo de los españoles de su tiempo, y casi resulta increíble cómo pudo responder a la demanda de tantos como se encontraban interesados en conseguir los productos artísticos más actuales y de mayor prestigio.

Su temprana muerte nos privó de conocer el rumbo que habría seguido su arte al contacto con la nueva corriente estética que se venía gestando y cómo hubiese aceptado su genio el academicismo más riguroso que superó la fresca espontaneidad de sus creaciones más personales.

JESÚS URREA
Director honorario Museo Nacional de Escultura
Artículo publicado en el libro “Luis Salvador Carmona (1708-1767)” por el Ayuntamiento de Navas del Rey y la Diputación de Valladolid.

CARTA DE EDICIÓN

El blog Devociones de Estepa nació en la cuaresma de 2009 y tuvo como motivo de inspiración la oportunidad de dar a conocer la Semana Santa de Estepa a través de los nuevos medios de comunicación. El objetivo principal era recopilar información de las Hermandades y Cofradías de Estepa así como mostrar nuestras tradiciones y costumbres. El blog se definió con carácter divulgativo, y por lo tanto, al carecer de carácter lucrativo, se ha rechazado sistemáticamente toda propuesta económica que hemos recibido. Sólo se ha permitido artículos relacionados con la información cofrade o que tuvieran carácter benéfico.

Para llevar a cabo este trabajo, se inició en el blog la recopilación de artículos que procedían principalmente de los boletines y libros de las Hermandades estepeñas, el
Ayuntamiento de Estepa en sus diversas publicaciones, blogs dedicados a la Historia y Semana Santa de Estepa y por último la información que se daba en las redes sociales. Para acompañar a estos artículos se escogían fotografías que se encontraban en los diferentes medios ya mencionados. Tanto los artículos como las fotografías publicados en estos medios no habían sido realizados para el blog.

Desde el blog se ha trabajado también por la investigación propia y de esta forma se han publicado artículos nuevos de información, a los que se le han dedicado un gran esfuerzo. Siguiendo la misma idea, se han realizados también fotografías propias que no se han firmado, pero que han aparecido tanto en el blog como en nuestra página de Cofrades. La idea del blog siempre ha sido compartir y dar a conocer, por lo que siempre se ha permitido la utilización de estas imágenes y de estos artículos. Sólo los que han llevado a cabo la aventura de crear un blog, pueden reconocer las numerosas horas, esfuerzo e ilusión que se le dedica a un proyecto de estas características, y es por ello por lo que conocemos de primera mano la importancia que para un creador de blog tienen los contenidos propios que ha realizado. Por eso, queremos disculparnos con aquellas personas que se hayan sentido ofendidas por la publicación de sus trabajos y retiraremos aquellos trabajos que no quieran que aparezcan en este blog. Sólo indicar que el blog no llega a asumir la autoría de estas fotografías y artículos, y que por lo tanto se expresa su autor o autores al final de cada artículo.

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